
Por el Ing. Agustín Borthiry
Violencia, agresión, desprecio por lo nuestro, mentiras, amenazas, entrega de nuestro patrimonio. Algunas de las características del gobierno de Milei y de su programa de cambios estructurales. ¿Puede un gobierno con estos rasgos, claramente antiargentinos, gobernar con equilibrio y en beneficio del pueblo?
Situación inédita
Nuestro país está viviendo una situación inédita en cuanto al gobierno que ha elegido en las elecciones presidenciales del año pasado.
Creo que nunca nuestra Patria conoció un gobierno con las características del actual. Observen que me refiero al gobierno y no al Presidente Javier Milei, ya que entiendo que los que conforman el gobierno nacional y los que acompañan, comparten totalmente las políticas y las acciones que ejecuta el Presidente, y por lo tanto no sería correcto atribuir toda la responsabilidad a una sola persona, el primer mandatario, sino a todo el conjunto que lo acompaña y avala los procederes.
Cualquiera que observe medianamente la realidad de nuestro país, se podrá encontrar con algunas de las siguientes características del gobierno nacional. Veamos.
Un gobierno violento y agresivo
Desde que comenzó el mandato del actual gobierno nacional, se han sucedido una serie de hechos violentos protagonizados por el Presidente y sus funcionarios, como ser, ataque a los que piensan distinto utilizando calificativos como “ratas miserables”, “degenerados fiscales”, “manga de delincuentes, ladrones, mentirosos”, “casta putrefacta”, “Kukas”, “traidores”, “zurderío inmundo”, “culo sucio”, “ensobrados”, “les cerramos el orto”, “pedazo de soretes”, “parásitos de la política”, “Les dejamos el culo como un mandril”, y otras linduras por el estilo.
Además, en numerosas ocasiones ha utilizado la violencia institucional, reprimiendo manifestaciones de distinto tipo y condicionando el derecho a la protesta. Lo ha hecho con trabajadores de distintos gremios, con organizaciones sociales, con los jubilados en repetidas oportunidades, con la utilización de grupos de choque fanatizados, con acusaciones infundadas de terrorismo, con lo que ello significa, estigmatizando a parcialidades políticas, como fue el video que lanzó comparando al kirchnerismo con zombies y mostrando una Argentina contaminada por el virus “KU-K 12” y llamando a su exterminio, siendo esta una manera de naturalizar una determinada situación y habilitando, de esa forma, que cualquiera pueda tomar represalias.
También ha utilizado la agresión contra muchos periodistas, en reiteradas ocasiones, cuando se han publicado críticas que molestan al gobierno, ya que, demostrando un grado supino de autoritarismo, no acepta que se pueda cuestionar su gestión.
Y se ha llegado a niveles insoportables de violencia por parte de las fuerzas de seguridad y de ¿grupos parapoliciales?, como cuando gasearon a una niña, a una menor de edad, en una marcha de jubilados o el grupo que pateó en el piso a un jubilado diciéndole a los gritos “andá a laburar”. Y hablo de grupos parapoliciales, pues han aparecido personas que bajo la autodefinición de “policía voluntario”, se ponen al servicio de las fuerzas de seguridad con la excusa de que “estoy al servicio de ustedes”, o también grupos de choque como los que fueron a interrumpir las asambleas en la Universidad de Quilmes tirando gas pimienta a la multitud allí reunida. Si no son grupos de las fuerzas de seguridad regulares, las posibilidades son que sean policías infiltrados o grupos parapoliciales que alguien o algunos deben pagar.
Cuando se contabiliza la infinidad de actitudes autoritarias, de intimidación y de insultos proferidos por el gobierno, no deja lugar a dudas de la violencia que cotidianamente se ejerce desde el Poder Ejecutivo Nacional.
Un gobierno que miente
La mentira es otra de las características de este gobierno y la utilizó desde el primer minuto de su gestión.
Todos recordamos el primer mensaje desde las escalinatas del Congreso Nacional cuando habló de un inflación del 17000% que dejaba el gobierno anterior, número imposible de corroborar, o que la economía no crece desde el año 2011, o que podemos llegar a una pobreza del 90%, o que llevamos una década de estanflación, o que el 84% de nuestros chicos no terminan la escuela, o “Si en la pandemia hubiéramos hecho las cosas como la media del mundo, hubiéramos tenido 30 mil muertos y no 130 mil”, o que sólo el 16% de nuestras rutas están asfaltadas, o que mueren 1500 argentinos por accidentes de tránsito, o que en las universidades argentinas hay 8 docentes por cada alumno, o que las universidades inventan estudiantes para cobrar más fondos, o que las universidades se niegan a ser auditadas, o que no interviene en el mercado de cambios, o que los sueldos le ganan a la inflación, o que los salarios de los jubilados han aumentado exponencialmente, etc., etc., etc.
Y la mentira mayor sobre que el ajuste lo iba a pagar la “casta”, cuando la realidad se impone al relato con un brutal ajuste que cae en los jubilados, en los sectores más vulnerables, en la clase media que está liquidando sus ahorros para tratar de sobrevivir, lo que demuestra cabalmente que este, es un gobierno que cotidianamente utiliza la mentira para justificar sus acciones gubernamentales.
Un gobierno que desprecia
A través de diversas manifestaciones agresivas y violentas de parte del gobierno nacional referidas a nuestras expresiones artísticas, culturales, científicas, a nuestros trabajadores, a nuestros empresarios pymes, y a diversos colectivos de nuestra sociedad, que sería redundante mencionar en esta nota, este gobierno deja en claro el desprecio absoluto que siente por todo lo nuestro, por nuestras costumbres y por todo lo que nos representa como pueblo. Desprecia a los estudiantes, desprecia a los trabajadores, desprecia a los jubilados, a los científicos, a los representantes del pueblo, a los que llamó “las putitas del peronismo”, a los gobernadores, etc. En fin, no hay colectivo a los que Milei no desprecie poniendo en evidencia su prédica discriminatoria, y haciendo saber que para él los “únicos héroes” son los empresarios “exitosos”, y que gracias a ellos se pueden lograr los objetivos que plantea su gobierno, y que está dispuesto a otorgarle todos los beneficios que necesiten.
Un gobierno que no ejerce la soberanía
También, el intencional olvido del gobierno nacional, tanto en foros nacionales como internacionales, de nuestros históricos reclamos sobre nuestra Islas Malvinas, lo ha llevado a firmar vergonzosos acuerdos con la potencia ocupante de parte de nuestro territorio nacional, Gran Bretaña, que rememoran y reproducen el también vergonzoso “Acuerdo Foradori Duncan” firmado durante el gobierno de Mauricio Macri. Acuerdos que sólo benefician a los usurpadores perjudicando ostensiblemente a nuestro país y haciendo que tengamos que solicitar el permiso para visitar a nuestras islas, como si fuéramos extranjeros.
Si a todo esto le sumamos el público reconocimiento que, en repetidas oportunidades, ha hecho sobre la ex-primer ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, brindándole elogios de todo tipo y tomándola como ejemplo a seguir, o la invitación a la Casa Rosada al inglés Boris Johnson, también ex-primer ministro, con balcón incluido, podemos concluir los verdaderos intereses que representa este presidente.
La entrega, lisa y llama, de nuestros recursos naturales, a través del RIGI, votado en el Congreso de la Nación y apoyado por varios gobernadores provinciales, o la internacionalización de nuestro río más importante, el Paraná, pone en blanco y negro que el interés de este gobierno no es precisamente la defensa de nuestra soberanía, sino su transnacionalización y puesta al servicio de empresas globales que seguramente no defenderán nuestros intereses nacionales.
A ello debemos agregar los proyectos del gobierno de venta a precio vil de muchas de nuestras empresas emblemáticas, como Aerolíneas Argentina y ARSAT, entre otras, desestimando el esfuerzo y el trabajo hecho por generaciones de argentinos para tener un patrimonio y empresas que defiendan nuestros intereses y nuestra soberanía.

Un gobierno que amenaza
Las recientes declaraciones del Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, sobre que las manifestaciones estudiantiles por el reclamo por el financiamiento universitario, podrían provocar situaciones de violencia como ocurrió en los años 70, y que ello podría llevar a la recreación de “grupos subversivos”, y la posible represión de tales organizaciones, recomendando, entonces, cesar con esas manifestaciones para evitar sus consecuencias, son una clara demostración de que este gobierno no tiene ningún problema de amenazar a la sociedad con situaciones hipotéticas imposibles de comprobar.
También la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, hace uso cotidiano de la amenaza, inventando situaciones, como que los estudiantes pueden llevar bombas molotov, y entonces, las fuerzas de seguridad no tendrán otra alternativa que intervenir en tales casos.
La amenaza constante a toda manifestación o expresión popular no respeta nada, ni instituciones, ni personas, ni colectivos, y se está comenzando a naturalizar, como si fuera algo cotidiano de este gobierno.
Evidentemente, todas estas, no son metodologías democráticas que permitan el libre disenso y el respeto de las personas, sino, demuestran cabalmente, al progresivo avance autoritario de todo el gobierno nacional.
Y la prueba más cabal de las amenazas de este gobierno nacional, la dio el mismo Presidente, cuando este fin de semana en una entrevista televisiva, directamente amenazó de muerte a la ex-Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con esa famosa frase de “que me gustaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo, con Cristina adentro”, frase inconcebible, y sobre todo para un Jefe de Estado, que ha sido repudiada por casi todo el arco político de nuestro país, salvo los seguidores de Milei.
Es muy evidente que situaciones como estas, de violencia, agresiones y amenazas, no son compatibles con el estado de derecho y con la sana convivencia democrática que los argentinos habíamos logrado consolidar desde la restauración democrática de 1983.
Un gobierno antiagentino
Cuando se muestran, en conjunto, toda esta serie de hechos, parecería imposible pensar que estén ocurriendo, simultáneamente, en el transcurso de estos primeros diez meses de gobierno. Podría seguir enumerando otras características de este gobierno, pero entiendo que para muestra, basta un botón.
Pero ese listado de hechos y de barbaridades que cotidianamente protagoniza el gobierno nacional, en muchos casos está sirviendo de distractivo y de entretenimiento, para el espectáculo televisivo y de las redes antisociales, con el objetivo de desviar la discusión de los problemas reales que afectan a nuestra sociedad, como que hay un millón de niños que se van a dormir sin cenar, como la caída estruendosa de los salarios de los trabajadores y de los jubilados, el cierre de infinidad de pequeñas y medianas empresas, la caída en picada del consumo de los sectores medios y populares de nuestra sociedad, el cierre de las cuentas públicas a cualquier costo y sin importar los que caigan, la venta de nuestro patrimonio, la quita de los recursos a las provincias, la paralización total de la obra pública, el desfinanciamiento de la educación, de la cultura, y el cambio estructural que pretende hacer el gobierno en nuestras instituciones, ejecutando en forma quirúrgica su plan económico y de saqueo, utilizando para ello el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 70/2023, que todavía sigue vigente y esperando que la Cámara de Diputados se decida a derogarlo, y la Ley de Bases aprobada por el Congreso Nacional.
El presidente ya lo ha declarado. “¡Amo ser el topo dentro del Estado! ¡Soy el que destruye el Estado desde adentro! Es como estar infiltrado en las filas enemigas. La reforma del Estado la tiene que hacer alguien que odie el Estado. Y yo odio tanto al Estado, que estoy dispuesto a soportar este tipo de mentiras, calumnias e injurias, con tal de destruir al Estado.”
A confesión de partes, relevo de pruebas.
Un gobierno que insulta, que provoca, que miente, que desprecia, que amenaza, que entrega la soberanía, y que reconoce explícitamente que viene a destruir el Estado, no hay ninguna duda de que es UN GOBIERNO ANTIARGENTINO y que pone en peligro nuestra libertad y nuestra independencia como Nación soberana.
Pero ni el Presidente, ni el gobierno nacional están solos, ya que son acompañados por un grupo importante de gobernadores, de diputados, de senadores, de una parte significativa de la sociedad, de los medios hegemónicos de comunicación que se encargan de ocultar las verdaderas consecuencias del modelo económico implementado, pero, sobre todo, de otro grupo social del que se habla poco y nada, como lo son los grandes empresarios, dueños de las empresas más importantes de nuestro país y también responsables de nuestra economía, que en estos momentos están teniendo descomunales ganancias a costa del hambre y sufrimiento de nuestro pueblo. Y no ocultan su ambición y su codicia, sin importar lo que le ocurre a nuestra Patria.

En el reciente coloquio de IDEA, donde se agrupan y participan los empresarios más importantes del país, y a través de la consigna que guió dicho encuentro, “Si no es ahora, cuándo”, dejaron traslucir claramente su vocación de ir por todo y quedarse con todo, sin interesar los caídos. Notoriamente, ese es el ideario de este empresariado, que históricamente ha crecido utilizando las prebendas que otorga el Estado y hoy pretenden quedarse con el mismo, y con todos los recursos a su disposición. Una Argentina preindustrial y proveedora de materias primas. Es la Argentina que tanto añora el Presidente Milei, y que era la Argentina de principios del siglo veinte, y a la cual, este gobierno antiargentino pretende volver.
¿Tenemos alguna salida?
Esta gran coalición de gobierno, como la detallada, tal vez una de las más poderosas de la historia de la derecha conservadora argentina, pretende hacer cambios estructurales en la economía y en la distribución del ingreso en nuestro país, creando condiciones que sean muy difíciles de revertir por gobiernos populares que pudieran venir en el futuro. Pretenden la fragmentación de los partidos políticos de origen popular, de manera que cada parcialidad tenga la imposibilidad real de gobernar y hacer los cambios que sean necesarios, en beneficio de los sectores populares. Algo parecido a lo que ocurre en Perú, o Chile, o Colombia, en donde los partidos gobernantes prácticamente, y al carecer de mayorías suficientes, se ven imposibilitados de llevar adelante sus propuestas de gobierno.
Y ante esto, vale entonces la pregunta, ¿tenemos alguna salida?
Entiendo que siempre hay una salida a este tipo de crisis, ya que a lo largo de nuestra historia hemos sufrido situaciones similares y el pueblo y sus representaciones políticas han estado a la altura de las circunstancias para poder llevar a cabo procesos de inclusión, de ascenso social, de industrialización, que han permitido que nuestra Argentina pueda imaginar un futuro mejor para todos sus habitantes.
La formación de grandes coaliciones de gobierno, como lo fueron en el pasado el radicalismo, de la mano de Hipólito Yrigoyen, o el peronismo conducido por Juan Domingo Perón, o más recientemente con el liderazgo de Néstor y Cristina Kirchner, han logrado esos objetivos llevando a nuestro país a avances nunca vistos, en lo económico, en lo social, en lo cultural, en lo educativo, en la defensa de su soberanía, que han marcado hitos que la derecha vernácula siempre soñó con liquidar. Hoy esta coalición está atacando muchas de esas conquistas, que han llevado años de lucha por parte de nuestro pueblo.
Nuestra dirigencia política debería dejar de lado sus disputas personales y sus peleas internas y tratar de confluir en programas y en propuestas que vuelvan a enamorar a nuestros conciudadanos. Necesitamos una dirigencia con gran generosidad que se ponga de acuerdo en las grandes líneas políticas, en una gran convocatoria, de manera de poner límites a este poder descontrolado del gobierno nacional, y elaborar una propuesta para poder gobernar los próximos años con el objetivo de reconstruir esos lineamentos históricos que han llevado a la grandeza de nuestra Patria.
No hay mucho para inventar, simplemente aprendiendo las lecciones de nuestra historia, la de nuestros grandes próceres, como San Martín, Belgrano, Rosas, Yrigoyen, Perón, o los más cercanos, como Alfonsín, Néstor y Cristina Kirchner, con sus errores y con sus aciertos, y poniendo los intereses de la Patria por encima de las disputas personales o de parcialidades, tengo para mi que podemos estar seguros de un futuro mejor para todas y todos.
El General Don José de San Martín en una carta dirigida a Tomás Godoy Cruz, refiriéndose a la futura declaración de nuestra Independencia Nacional, le dijo “¡Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas!”.
Hoy, la empresa es muy cuesta arriba, pero confío en que, como ocurrió en otras etapas de nuestra historia, los hombres y las mujeres de coraje están trabajando y creando las condiciones para convocar a nuestro pueblo, a frenar a este gobierno antiargentino, y para pensar un futuro en donde todas y todos estemos incluidos.
¡No perdamos la esperanza!
(*) Agustín Borthiry es Ing. Quimico (UNS) especializado en Gas (UBA) Jubilado, fue docente de la UTN, Participó en investigaciones en innovación educativa y ejerció la funcion pública dentro del Ministerio de Educación. Se define como Militante Peronista.
