Descubren en Marte un vasto arsenal de moléculas orgánicas antiquísimas que reavivan la búsqueda de rastros de vida

Descubren en Marte un vasto arsenal de moléculas orgánicas antiquísimas que reavivan la búsqueda de rastros de vida

Una colaboración científica internacional, mediante una metodología jamás aplicada en el planeta rojo, logró extraer más de veinte compuestos carbonados de rocas de 3.500 millones de años. El hallazgo, publicado en Nature Communications, demuestra que la materia orgánica puede perdurar durante eones en el entorno marciano y abre una ventana inédita hacia la exploración de posibles señales de vida pretérita.

En las áridas y polvorientas extensiones del cráter Gale, donde el viento levanta dunas de un tono bermellón característico, un pequeño vehículo robótico de la NASA llamado Curiosity ha logrado un hito que sacude los cimientos de la astrobiología. No se trata de encontrar agua líquida ni de capturar una imagen espectacular del atardecer marciano, sino de algo mucho más sutil y profundo: un auténtico tesoro químico enterrado en rocas que nacieron cuando en la Tierra apenas comenzaban a proliferar los primeros microorganismos.

Marte, el cuarto planeta del sistema solar y uno de los cuerpos celestes que más fascinación despierta por su pasado potencialmente habitable, volvió a demostrar que su superficie actúa como una cápsula del tiempo geológica. Investigadores provenientes de Estados Unidos, México y Francia, en un esfuerzo sin precedentes, lograron identificar más de veinte moléculas orgánicas diferentes en muestras de piedra de 3.500 millones de años de antigüedad. El factor revolucionario del trabajo radica en la técnica empleada: por primera vez se utilizó en Marte un método de química húmeda con un reactivo especial llamado tetrametilamonio hidróxido (TMAH). Este compuesto, inyectado directamente dentro del laboratorio de a bordo del rover, fue capaz de romper los enlaces que atrapaban los fragmentos orgánicos en la matriz rocosa, liberándolos para que los instrumentos pudieran detectarlos.

Antes de este avance, los estudios previos solo habían conseguido identificar compuestos simples, lo que generaba dudas sobre la verdadera capacidad de los minerales marcianos para proteger moléculas complejas durante miles de millones de años. El equipo científico, liderado por el Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de la Florida, el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, la Universidad París-Saclay, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Tecnológico de Georgia, entre otras instituciones, decidió enfocar su atención en una zona arcillosa dentro del cráter Gale. Allí, las condiciones de formación de las rocas ofrecen un refugio ideal para la conservación de sustancias químicas delicadas.

El procedimiento fue meticuloso. Curiosity perforó una formación denominada Mary Anning 3, ubicada en Knockfarrill Hill, y recolectó el polvo resultante. Dentro del instrumento SAM (Análisis de Muestras en Marte), la muestra se calentó mientras se añadía el reactivo TMAH. Dos técnicas analíticas trabajaron en paralelo: una identificaba los gases liberados por el calor; la otra, una cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, separaba y reconocía cada molécula individual. El resultado fue una lista sorprendente que incluye compuestos cíclicos y aromáticos como benceno, tolueno, naftaleno, metilnaftaleno y trimetilbenceno.

Pero lo que encendió todas las alarmas entre los investigadores fue la confirmación de una molécula nunca antes detectada en el planeta rojo: el benzotiofeno, cuya presencia representa un avance conceptual de gran calado. También apareció metilbenzoato, una evidencia inequívoca de que el reactivo TMAH había funcionado correctamente en condiciones marcianas. Las abundancias de estos compuestos resultaron similares a las halladas en otras zonas del cráter Gale, lo que sugiere que estos restos orgánicos podrían distribuirse por distintas regiones del planeta, no ser una rareza local.

Uno de los aspectos más destacados del trabajo es que algunas de esas moléculas solo pudieron ser liberadas mediante el método de química húmeda, lo que demuestra la importancia de diversificar las técnicas analíticas en futuras misiones. Sin esa estrategia innovadora, esos fragmentos habrían permanecido ocultos, atrapados para siempre en la red de minerales arcillosos.

A pesar del entusiasmo, los propios autores del estudio señalaron limitaciones importantes. El instrumento SAM, por su diseño, no permite visualizar cómo se distribuyen las moléculas dentro de la roca, y existe la posibilidad de que algunos compuestos volátiles se pierdan durante el proceso de calentamiento. No obstante, el equipo recomienda ya optimizar las condiciones experimentales para intentar detectar concentraciones aún más bajas de materia orgánica en el futuro.

“Creemos que estamos observando materia orgánica que se ha conservado en Marte durante 3.500 millones de años”, declaró Amy Williams, una de las coautoras del trabajo, quien participó en el desarrollo de este experimento químico. “Es muy útil contar con evidencia de que la materia orgánica antigua se preserva, porque eso permite evaluar la habitabilidad de un entorno. Y si queremos buscar pruebas de vida en forma de carbono orgánico preservado, esto demuestra que es posible”, enfatizó.

El hallazgo no solo amplía de manera sustancial la biblioteca de moléculas orgánicas identificadas en Marte, sino que confirma la presencia de carbono macromolecular en su superficie. La técnica probada abre ahora el camino para futuras exploraciones en busca de huellas químicas más complejas, y tal vez, de señales inequívocas de una vida antigua que alguna vez pudo habitar los lagos y ríos que surcaban el cráter Gale. Mientras el Curiosity continúa su lento avance sobre las rocas teñidas de óxido, cada grano de polvo analizado acerca un poco más la respuesta a la pregunta que la humanidad lleva siglos formulándose: ¿estuvimos alguna vez acompañados en el vecindario cósmico?

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