La expresidenta reapareció en Retiro con un discurso que combinó duras críticas al gobierno de Milei con una convocatoria a reconstruir la identidad del peronismo. Alertó sobre el endeudamiento, cuestionó la falta de obras y pidió superar divisiones internas.
Bajo un cielo despejado y ante una multitud que colmó el Polo Cultural y Deportivo Saldías, cercano al Barrio 31, Cristina Fernández de Kirchner marcó su regreso a la escena pública en un acto cargado de simbolismo. En el marco del Encuentro de la Cultura Popular y a veintidós años de la asunción de Néstor Kirchner, la líder del peronismo desplegó un mensaje de doble filo: hacia el oficialismo, una advertencia sobre el rumbo económico; hacia su propio espacio, un llamado a recomponer lazos y repensar estrategias.
El fantasma del default y la crítica económica
Con tono firme, la expresidenta encendió las alarmas al señalar que la Argentina avanza hacia lo que sería su «décimo default», un escenario que atribuyó al endeudamiento acelerado y a las políticas de ajuste. «Este modelo ya lo conocemos: fracasó en la dictadura, en los noventa y volverá a fracasar», afirmó, en un guiño a la convertibilidad. Su discurso no dejó fuera las recientes medidas oficiales, como el blanqueo de dólares, que ironizó con sarcasmo: «¿Tus dólares, tu decisión? Un pastelito cuesta dos mil pesos, ¿en qué mundo viven?».
La exmandataria también apuntó contra Ricardo Arriazu, economista vinculado a la última dictadura, a quien responsabilizó por fórmulas que «arruinaron y desindustrializaron al país». Su diagnóstico fue contundente: «Rascan el fondo de la olla porque no hay pesos ni dólares. El consumo se derrumbó, y este sostenimiento artificial con deuda es insostenible».
Cultura como trinchera y la sombra de El Eternauta
El acto no solo fue una tribuna política, sino también un homenaje a la resistencia cultural. Fernández de Kirchner evocó El Eternauta, la icónica historieta de Héctor Oesterheld, como metáfora de soberanía. Destacó cómo la familia del autor, perseguida por el terrorismo de Estado, defendió por décadas que la adaptación se hiciera en Argentina y con identidad local. «Netflix finalmente lo entendió: se puede negociar con el capital global sin renunciar a lo nuestro», afirmó, trasladando el mensaje al plano geopolítico.
Desde el escenario, artistas y referentes culturales acompañaron su prédica. La rapera Shitstem emocionó a la expresidenta con una performance que recordó su encuentro en un acto de Abuelas de Plaza de Mayo. Teresa Parodi, exministra de Cultura, sentenció: «La cultura es la madre de las batallas», mientras Cristina enumeró logros de sus gestiones, como Tecnópolis o el CCK, y cargó contra el oficialismo: «No construyen nada, solo rebautizan lo que otros hicieron».
Autocrítica y unidad: el desafío peronista
El cierre del discurso fue un llamado a superar divisiones. Sin mencionar a Axel Kicillof, pero con alusiones claras a las tensiones internas, Fernández de Kirchner pidió dejar atrás «egos y mezquindades». «La fragmentación nace cuando no hay debate de ideas, no cuando hay diferencias», sostuvo, y abogó por un peronismo que trascienda el electoralismo: «Hay que volver a ser militantes políticos, no solo candidatos».
Reconoció, además, fallas en la gestión estatal: «Un Estado presente debe ser eficiente; si no resuelve, pierde sentido». La referencia a la «motosierra libertaria» como síntoma de descontento social fue un guiño a la necesidad de reconectar con las bases. «Debemos actualizar la agenda: derechos laborales, eficiencia y sobre todo unidad», concluyó, antes de cerrar con un abrazo simbólico a la fecha patria: «Este 25 de Mayo tenía que ser peronista».
El mensaje quedó flotando entre banderas y cantos, en un acto que mezcló memoria, advertencia y futuro. La pregunta ahora es si el peronismo escuchará el llamado.
