Analistas advierten que el anclaje cambiario beneficia a sectores privilegiados mientras el salario real se desploma y la pobreza aumenta. El consumo básico queda relegado frente al auge de importaciones y viajes al exterior.
La administración de Javier Milei está consolidando un modelo económico que amplía la brecha entre los sectores más favorecidos y aquellos que dependen del salario local. Según especialistas, mientras el poder adquisitivo para adquirir bienes importados o viajar al exterior alcanza niveles históricos, la capacidad de compra vinculada a productos de primera necesidad se ubica entre un 10% y un 15% por debajo de los registros previos.
El doble efecto del dólar barato
Federico Pastrana, director de C-P Consultora, explicó que la estrategia de retrasar el tipo de cambio genera una distorsión: aunque los salarios medidos en dólares parecen elevados, el poder adquisitivo real —determinante para el bienestar cotidiano— sigue en declive. «Esta dinámica desacopla el ingreso nominal de su impacto concreto en la economía doméstica», señaló.
Un reciente informe de la consultora detalla que la apreciación cambiaria produce dos efectos inmediatos: por un lado, un alivio transitorio en la inflación, y por otro, un aumento del riesgo de desequilibrios macroeconómicos. Pero el resultado más preocupante, según los expertos, es la consolidación de una distribución regresiva del ingreso, donde los sectores de mayores recursos acceden a beneficios cambiarios, mientras los trabajadores enfrentan una pérdida sostenida de su capacidad de compra.
Turismo y consumo: la otra cara de la crisis
Los datos del INDEC reflejan esta disparidad. En abril, la balanza turística arrojó un déficit récord, con 726.300 visitantes extranjeros menos que argentinos viajando al exterior. Además, la estadía promedio de los turistas locales supera las dos semanas, llegando a casi 25 noches en destinos lejanos, un indicador que no solo revela acceso a dólares subsidiados, sino también una disponibilidad de tiempo incompatible con empleos formales.
En paralelo, la balanza comercial mostró un deterioro alarmante: las importaciones crecieron un 37,3% interanual, reduciendo el superávit a apenas 204 millones de dólares. «El ‘efecto dólar barato’ acelera el consumo de bienes externos, pero tensiona las reservas y aumenta la dependencia del endeudamiento», advirtió un economista del sector privado.
Conflictividad social y descontento
Shila Vilker, analista de @trespuntozero, destacó que existe un «abismo entre el relato oficial y la experiencia cotidiana», evidenciado en encuestas donde el 74,5% de los consultados cree que los precios suben más que la inflación reportada. Pastrana agregó que la política salarial actual —centrada en contener nominalmente los ingresos— está exacerbando la conflictividad laboral, como muestran los reclamos del transporte y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).
«El Gobierno adoptó una postura que, en los hechos, promueve la caída del poder adquisitivo. Esto no solo genera malestar social, sino que debilita su capacidad política para sostener el ajuste», afirmó. Con una inflación en aceleración y herramientas limitadas para revertir la tendencia, los analistas anticipan que las tensiones se agudizarán en los próximos meses, profundizando el desafío para la administración Milei.
