Gigi Iglesias, presidente de la Cámara de Comercio, analiza el impacto del consumo online, las compras en el exterior y la falta de rentabilidad en los negocios. Endeudamiento, stock que no se repone y un Estado ausente marcan un panorama desalentador.
Río Grande enfrenta una realidad comercial compleja, donde la combinación de inflación, caída del consumo y el avance de las compras por internet golpea a los comercios establecidos. Gigi Iglesias, presidente de la Cámara de Comercio local, no dudo en afirmar , en declaraciones a FM La Isla, en afirmar que el mercado está «a la baja», con un desempeño igual o peor que el año pasado, a pesar de una inflación que ronda el 50%.
El fantasma de las ventas online se cierne sobre la ciudad. Iglesias menciona las colas para retirar paquetes como un síntoma de este cambio de hábitos. «El consumo en negocios registrados es menor, y se nota», asegura. La falta de rentabilidad obliga a los comerciantes a reducir personal, ajustar stock y priorizar gastos urgentes. «El flujo de caja mata stock», explica, en referencia a cómo los negocios sobreviven liquidando mercadería sin poder reponerla.
Las compras en el exterior, especialmente en Chile, agravan el problema. Lo que comenzó como un viaje esporádico se transformó en una costumbre, afectando las ventas locales. «Vas una, dos, tres veces, y después te das cuenta de que podés traerlo sin viajar», señala Iglesias. Esta práctica, sumada a la disparidad de precios con países limítrofes, profundiza la crisis en sectores como calzado o neumáticos.
El endeudamiento es otro tema crítico. Los comercios acumulan deudas con proveedores, moratorias impositivas y obligaciones financieras. «Es muy caro sostener un negocio cuando no hay rentabilidad», afirma. Además, el 90% de las ventas se realizan con tarjeta de crédito, y la renegociación de planes de pago es una urgencia para evitar un colapso mayor.
La falta de políticas estatales se siente en cada esquina. Iglesias critica la ausencia de un «paraguas del Estado» para amortiguar los cambios abruptos. «Los problemas son muchos: luz, gas, impuestos… Si la caja no crece, no hay solución», remarca. La situación se agrava con un invierno que siempre trae complicaciones adicionales, especialmente para los sectores más vulnerables.
El puerto seco, una promesa incumplida, vuelve al debate. Con un expediente estancado hace años, Iglesias cuestiona la falta de voluntad política: «Alguien debería preguntarse por qué no se terminó». Mientras tanto, la solidaridad entre vecinos y comerciantes parece ser el único sostén ante un panorama que no mejora.
En las calles, la realidad es cruda: clientes que pagan un desodorante con tarjeta (y a veces ni eso), comerciantes que se esconden de los proveedores y empleos que no se recuperan. «No se puede tapar el sol con un dedo», sentencia Iglesias. La pregunta que queda flotando es cuánto más podrá resistir el comercio local antes de que la marea lo arrastre por completo.
