A diferencia del año pasado, cuando 18 mandatarios provinciales acompañaron al Presidente en Tucumán, esta vez la Casa Rosada intenta minimizar el impacto de una imagen que expone la creciente tensión con las provincias. Ausencias clave y un vínculo roto con la vicepresidenta completan un escenario político adverso.
La soledad de Milei en Tucumán: un símbolo de la crisis con las provincias
El Presidente Javier Milei llegará este martes a la Casa Histórica de Tucumán para conmemorar el Día de la Independencia, pero lo hará en un contexto marcadamente distinto al de 2023. Mientras el año pasado fue rodeado por 18 gobernadores que respaldaron el Pacto de Mayo, en esta ocasión la escena estará dominada por su figura solitaria, acompañada apenas por el anfitrión, el mandatario tucumano Osvaldo Jaldo. Desde la Casa Rosada intentan restar importancia al contraste, argumentando que la comparación carece de validez debido a las circunstancias políticas pasadas. Sin embargo, la imagen hablará por sí sola: la relación entre el Ejecutivo y las provincias atraviesa su momento más crítico.
Ausencias estratégicas y descontento generalizado
Los gobernadores, hastiados de lo que perciben como desaires reiterados por parte del Gobierno nacional, han optado por mantenerse al margen del acto. Muchos de ellos, incluso aquellos considerados aliados, presentaron excusas formales para no asistir. Alfredo Cornejo, mandatario mendocino y habitual participante en las reuniones convocadas por el oficialismo, decidió priorizar un desfile local en su provincia. Martín Llaryora, de Córdoba, seguirá el mismo camino, al igual que Maximiliano Pullaro, de Santa Fe, quien se encuentra en una gira oficial por Estados Unidos. Ignacio Torres, de Chubut, tampoco planea viajar.
Uno de los casos más llamativos es el del gobernador chaqueño Leandro Zdero, quien pese a haber sellado una alianza electoral con La Libertad Avanza, confirmó su ausencia. Su decisión adquiere mayor relevancia luego de haber compartido escena con Milei hace apenas unos días, durante la inauguración de una iglesia evangélica en Chaco, donde el Presidente lanzó duras críticas contra la justicia social. En esa ocasión, Zdero fue captado con gestos de incomodidad, mientras Karina Milei aplaudía entusiasta.
La fractura institucional: un problema que se profundiza
La distancia entre el Gobierno y las provincias no se limita a lo simbólico. La pulseada por los fondos federales ha escalado al Congreso, donde los gobernadores, unidos más allá de sus diferencias partidarias, presentaron un proyecto en el Senado para modificar el reparto de los Aportes del Tesoro Nacional y el Impuesto al Combustible. El jueves próximo podría llevarse a cabo una sesión especial para tratar la iniciativa, aunque el oficialismo ya evalúa estrategias para frenarla, incluyendo un posible veto presidencial o incluso una judicialización del conflicto.
Mientras tanto, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, mantiene un diálogo intermitente con los mandatarios, aunque su participación en las últimas reuniones del CFI fue delegada en funcionarios de menor rango. Las propuestas del Gobierno no han logrado convencer a las provincias, lo que refuerza la percepción de un diálogo de sordos.
La vicepresidenta, otra ausencia inevitable
Como ya es habitual, Victoria Villarruel no recibió invitación para los actos del 9 de julio. El vínculo entre la vicepresidenta y la Casa Rosada permanece completamente quebrado desde hace meses, y esta vez ni siquiera habrá un gesto de reconciliación simbólica: el Gobierno canceló el desfile militar en el que el año pasado ambos aparecieron juntos, riendo sobre un tanque.
La imagen de Milei en Tucumán, sin gobernadores, sin Villarruel y sin el despliegue castrense, será el reflejo de un aislamiento político que parece agudizarse. Mientras el oficialismo insiste en que hay tiempo para recomponer alianzas, la realidad muestra una grieta que, lejos de cerrarse, se expande.
