El organismo internacional aprobó el envío de USD 2.000 millones, un alivio para las tensiones financieras, aunque persisten desafíos en reservas y estabilidad monetaria.
En un contexto marcado por la volatilidad del dólar y el desgaste de las reservas del Banco Central, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio luz verde este jueves al desembolso de 2.000 millones de dólares, un salvavidas para la administración nacional en medio de crecientes presiones económicas. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que los fondos llegarán el próximo lunes, aunque el alivio será parcial: este viernes vence un pago de 830 millones de dólares con el mismo organismo.
La decisión del Fondo llega en un momento crítico para el Gobierno, que enfrenta una creciente demanda de divisas y una inflación que amenaza con descontrolarse, uno de los pilares centrales de la gestión de Javier Milei. A esto se suma un clima político adverso, con denuncias de corrupción resonando en la escena pública y una oposición que ha logrado articular esfuerzos para impulsar iniciativas legislativas que, según el oficialismo, complican el manejo económico.
Pese a que la Argentina no cumplió con la meta de acumulación de reservas netas establecida en el acuerdo, el FMI justificó su aprobación destacando el avance en otros indicadores clave y las medidas correctivas adoptadas. «El Directorio Ejecutivo valoró el compromiso de las autoridades con políticas alineadas a los objetivos del programa», señaló el organismo.
Medidas controvertidas y señales de ajuste
Frente a la escalada del dólar, que este jueves cerró a $1.380 —cerca del límite superior de la banda cambiaria—, el Gobierno apuesta a una combinación de suba de tasas, recortes a las retenciones agropecuarias y los fondos frescos del FMI para contener las expectativas de devaluación. Sin embargo, estas decisiones contrastan con las recomendaciones tradicionales del organismo crediticio.
Caputo, en declaraciones radiales, defendió la estrategia: «Estamos ajustando el cronograma de reservas a uno más compatible con la realidad macroeconómica». Sobre la fluctuación cambiaria, insistió en que el público debe adaptarse a un esquema donde el precio del dólar «puede subir o bajar», aunque omitió mencionar las frecuentes intervenciones del Banco Central para sostener la cotización, que en julio acumuló un alza del 14%.
El ministro atribuyó parte de la tensión al año electoral, que genera incertidumbre, y restó dramatismo: «Algunos deciden cubrirse, pero no es algo inesperado». Además, deslizó un mensaje a los sectores que especulan con aumentos: «Quienes suban precios venderán menos», advirtió, reiterando que el foco estará en evitar un desborde inflacionario.
Reformas pendientes y advertencias del FMI
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, subrayó la importancia de que el país fortalezca sus reservas e implemente «reformas fiscales bien secuenciadas» para sostener el superávit. También instó al Gobierno a avanzar en tres ejes clave: flexibilizar el mercado laboral para fomentar empleo formal, atraer inversiones extranjeras y reducir impuestos distorsivos a las exportaciones, siempre que las finanzas lo permitan.
Sobre el déficit en la acumulación de reservas —el principal motivo del retraso en el desembolso—, Caputo argumentó que el problema no es la compra de divisas, sino los pagos de deuda: «En 18 meses cancelamos USD 26.000 millones». No obstante, las reservas cerraron julio con una caída de USD 1.897 millones, ubicándose en USD 38.864 millones, un dato que refleja la fragilidad del escenario.
Mientras el oficialismo busca calmar los mercados, la llegada de los fondos del FMI ofrece un respiro temporal, pero los desafíos de fondo —estabilidad cambiaria, inflación y tensiones políticas— siguen intactos, en un año donde cada movimiento económico estará bajo la lupa de inversores y votantes.
