Líderes industriales alertan sobre una marcada desaceleración en los sectores clave, con junio y julio como los meses más críticos del año.
La actividad económica en Argentina atraviesa un período de enfriamiento alarmante, según advierten los principales referentes del sector industrial. Los últimos datos preliminares revelan un panorama desolador en áreas fundamentales como el consumo masivo, la producción fabril y el rubro de la construcción, motores tradicionales del Producto Bruto Interno local.
Durante una tensa asamblea en la Unión Industrial Argentina (UIA), ejecutivos de distintas ramas coincidieron en señalar que junio y julio se consolidaron como los bimestres más adversos del año. «El desplome es generalizado», resumió un participante del encuentro, donde también se abordó el impacto laboral de la crisis. Las empresas no sólo enfrentan una caída abrupta en la demanda, sino que se ven obligadas a ajustar plantillas, profundizando el clima de incertidumbre.
El consumo, en picada
Desde la industria alimenticia, representantes como Pagani, de la multinacional Arcor, confirmaron que las ventas cayeron a niveles inéditos. «Los números son preocupantes; no se registraba una contracción semejante hace años», admitió el directivo. El fenómeno no se limita a los alimentos: la construcción, otro termómetro clave de la actividad, acumula doce meses de estancamiento, con una venta de cemento que se derrumbó cerca del 20% interanual, según fuentes de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco).
Reunión urgente, alerta laboral
El clima en la sede de la UIA fue de franca preocupación. Rappallini, titular de la entidad, y Weiss, portavoz de Camarco, destacaron que la situación ya no es sólo un declive coyuntural, sino un problema estructural que amenaza con prolongarse. «No hay señales de recuperación a corto plazo», admitió uno de los asistentes, mientras se discutían medidas para paliar el impacto en el empleo. Según datos no oficiales, al menos 15.000 puestos formales podrían haberse perdido en el último trimestre, aunque las cifras definitivas aún están en proceso de consolidación.
Mientras el Gobierno analiza posibles respuestas, el mensaje desde el sector privado es claro: sin reactivación del consumo interno y créditos accesibles, la tendencia recesiva podría agravarse hacia fin de año. La pregunta que flota en el aire es cuánto más podrán resistir las pymes, históricamente las más golpeadas en estos contextos.
