El fútbol sudamericano, entre el drama y el letargo

El fútbol sudamericano, entre el drama y el letargo

Tras la polémica declaración de Adrián Balboa que encendió el debate, Estudiantes y Cerro Porteño protagonizaron un encuentro de escasa intensidad que contrastó con las emociones vivas de la Copa Libertadores.

El fútbol sudamericano demostró esta semana su capacidad única para transitar entre el éxtasis más puro y el sopor más absoluto en cuestión de horas. Todo comenzó con la contundente y polémica afirmación del delantero Adrián Balboa, quien, eufórico tras el triunfo de Racing, declaró: “Es lo lindo de este deporte, de la Libertadores. Yo no entiendo cómo hay gente que le gusta la Champions la verdad. A los diez minutos de partido, me duermo”. Su frase, celebrada por muchos como un canto a la pasión desbordada del continente, encontró una inesperada y contundente refutación en la cancha apenas veinticuatro horas después.

El escenario fue el estadio Jorge Luis Hirschi de La Plata, donde Estudiantes de La Plata y Cerro Porteño ofrecieron un partido que distó mucho de la épica prometida. El encuentro, correspondiente al partido de vuelta de los octavos de final, se desenvolvió con una parsimonia que desconcertó a los presentes. El conjunto local, protegido por el estrecho pero valioso triunfo por 1 a 0 conseguido en Asunción, adoptó una postura profundamente conservadora. A pesar de jugar como anfitrión y del aliento constante de su hinchada, el equipo se mostró replegado, aparentemente satisfecho con custodiar su mínima ventaja.

Por su parte, el cuadro paraguayo de Cerro Porteño nunca logró transmitir la urgencia de quien necesita remontar una serie en riesgo. Su aproximación al juego careció de audacia y profundidad, reminiscente más de un compromiso intrascendente de fase grupal que de una eliminatoria decisiva. Solo en los minutos finales del encuentro consiguió arrinconar a su rival, aunque sin lograr concretar una oportunidad clara que inquietara seriamente al guardameta Fernando Muslera.

Sin embargo, el resultado final otorga una razón pragmática al planteamiento del director técnico de Estudiantes, Eduardo Domínguez. El estratega, cuyo puesto llegó a tambalear en el pasado reciente, ahora comanda a un equipo que se instaló entre los ocho mejores del continente y que además lucha en el frente doméstico. La clasificación, conseguida con un método austero pero efectivo, silenció temporalmente cualquier cuestionamiento sobre su estilo. La recompensa será un duelo en cuartos de final contra el poderoso vencedor del cruce entre Flamengo e Internacional de Porto Alegre.

La perspectiva del eliminado fue muy diferente. Alexis Martín Arias, arquero de Cerro Porteño, no ocultó su amargura, cargando las tintas contra una decisión arbitral en el partido de ida. “Bronca por el primer partido, por el penal que cobran en la última jugada. Fue insólito. Ellos se llevaron mucho premio. Fue una serie muy pareja, hubiese sido 0 a 0 allá, 0 a 0 acá y en los penales podía pasar cualquier cosa”, manifestó, refiriéndose al penal máximo señalado a favor de Estudiantes en el minuto final del primer encuentro, que Santiago Ascacíbar convirtió en el único gol de la llave.

En el bando clasificado, la autocrítica convivió con la satisfacción por el objetivo cumplido. Leandro González Pírez, defensor del equipo de La Plata, admitió con honestidad: “Sabemos que no se jugó bien, somos los primeros autocríticos. Lo importante es que se logró la clasificación. El partido salió medio sucio, tuvieron más la posesión de la pelota sin lastimarnos, no nos patearon al arco. Pero bueno, nada. Se luchó, se ganó a lo Estudiantes y pasamos”.

Acaso el momento más representativo de la noche, y que encapsula la contradictoria esencia del fútbol sudamericano, no fue un gol ni una atajada, sino una jugada anónima. Cerca de la hora de juego, el joven volante Mikel Amondarain erró un pase, recuperó el balón inmediatamente, se encomendó a la dribladora, volvió a perderla y terminó arrojándose al suelo para impedir un contragolpe. Esa secuencia caótica y llena de entrega, que resultó en un simple saque de lateral para el visitante, fue suficiente para encender la chispa en las tribunas y despertar el fervoroso grito de guerra de la hinchada “pincha”. Un instante de pura lucha que, en medio de la monotonía, le dio un breve sentido a todo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *