La filtración de conversaciones privadas de la hermana del Presidente genera un estado de máxima alerta y acusa recibo de las profundas grietas dentro del oficialismo, en medio del escándalo por coimas en la Agencia de Discapacidad.
Un clima de extrema severidad y preocupación se apoderó de los pasillos de la Casa de Gobierno durante toda la jornada. El motivo de tal conmoción fue la irrupción pública de registros sonoros que capturan la voz de Karina Milei, hecho que provocó un severo impacto en una administración ya jaqueada por el protagonismo que adquirió en el caso de supuestas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). La gravedad del asunto impulsó la convocatoria inmediata de una reunión de urgencia, de la cual participaron el portavoz oficial, Manuel Adorni, el asesor presidencial Santiago Caputo, y los letrados Sebastián Amerio y Santiago Viola, con el firme propósito de delinear una estrategia defensiva para mitigar los efectos de esta nueva crisis. El propio Adorni catalogó la divulgación de los fragmentos de audio como «un escándalo sin precedentes».
Aunque los dos audios distribuidos son breves y de apenas segundos de duración, su revelación en un contexto donde el Ejecutivo ha evidenciado notorias dificultades para manejar las repercusiones del caso de corrupción en la ANDIS permite prever que el escándalo está lejos de apaciguarse y, por el contrario, amenaza con expandirse. La reacción oficial no se hizo esperar. A través de una publicación en la red social X, el vocero presidencial insinuó el posible lugar de la grabación: «Sería la primera vez en la historia Argentina que se graba a un funcionario dentro de la Casa Rosada». Este reconocimiento tácito habría generado un estado de profunda tensión y desconfianza mutua entre los miembros del gobierno, alimentando la sospecha de que el origen de la filtración podría encontrarse en faciones internas antes que en opositores, un indicio claro de la aguda lucha intestina que sacude al oficialismo.
El contenido de las grabaciones, según la reproducción efectuada por el medio Carnaval Stream, no resulta comprometedor en sí mismo respecto a la denuncia por sobornos o al caso de la criptoestafa $LIBRA. En el primero, una voz que se le atribuye a Karina Milei expresa: “no vamos a entrar en la pelea, nosotros tenemos que estar unidos”. El segundo, un poco más extenso, agrega: “Entonces, acá ni siquiera… porque en verdad no tienen que estar 24 horas. Porque yo entro a las 8 de la mañana y me voy a las 11 de la noche de la Casa Rosada». No obstante, la trascendencia del hecho radica en que exhibe una palpable admisión de las pujas internas y, sobre todo, porque logró tocar un nervio extremadamente sensible para el mandatario, tal como lo confirmó la enérgica reacción de sus principales voceros.
El periodista Mauro Federico, responsable de dar a conocer los fragmentos, añadió otro dato explosivo al revelar que habría existido un intento de comprar el silencio mediante una sustancial oferta económica para impedir la difusión, maniobra atribuida a una persona muy allegada a la hermana presidencial. Rumores en ámbitos políticos señalaban como posible autora de este ofrecimiento a una legisladora porteña de La Libertad Avanza. Frente a la polvareda raised, el Presidente Javier Milei optó por su canal habitual de comunicación, respaldando mediante un retuit un mensaje de su secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, que decía «no vamos a retroceder».
En paralelo a la búsqueda del infiltrado responsable de la grabación, la administración intentó enmarcar el episodio dentro de una narrativa electoral. Manuel Adorni afirmó en sus redes que «la difusión de estos audios, a 10 días de la elección de la provincia de Buenos Aires, confirma que todo lo que viene ocurriendo es una operación orquestada y diagramada de desinformación», con el objetivo declarado de «desestabilizar al gobierno e influir maliciosamente en el proceso electoral».
