Una imponente movilización convergió desde el PJ porteño hasta su residencia en Recoleta. Referentes del espacio político y miles de simpatizantes repudiaron el intento de magnicidio, cuestionaron la falta de respuestas judiciales y transformaron el acto en un lanzamiento electoral con la mira puesta en octubre.
Una marea humana teñida de celeste y blanco colmó las inmediaciones de la sede del Partido Justicialista en la Capital Federal y luego desbordó la calle San José, en un contundente y emotivo acto de respaldo a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner al cumplirse tres años del intento de asesinato que conmocionó a la Argentina. La jornada, cargada de simbolismo y reclamos, fusionó el repudio a aquel episodio violento con un ferviente impulso de campaña hacia los comicios del próximo 26 de octubre.
Desde horas tempranas, una multitud predominantemente joven comenzó a congregarse, colmando el hall principal con banderas, consignas y una energía palpable. La cita, que superó todas las expectativas de los organizadores, sirvió como escenario para que los principales referentes y candidatos del espacio Fuerza Patria dirigieran un mensaje de unidad y combate frente a lo que denominaron una “persecución judicial” y una “proscripción encubierta”.
El senador nacional y primer candidato a senador, Mariano Recalde, encendió los ánimos de la concurrencia al trazar una línea histórica en la emblemática calle San José, recordando la marcha pacífica multitudinaria que siguió al ataque. “Nos quedamos con un sabor amargo. Se instaló la idea de que si tocaban a Cristina no pasaba nada. La bala no salió, pero salió el fallo”, afirmó, en una clara alusión a la reciente condena judicial. “Hoy está más claro que nunca: Cristina es la patria y la patria es Cristina”, proclamó ante los vítores de la militancia, instando a redoblar el compromiso no solo electoral, sino hasta el año 2027.

Por su parte, Lucía Cámpora, secretaria general de La Cámpora y candidata a diputada nacional, puso el acento en la investigación del atentado. Con firmeza, señaló que “la misma justicia que inventó una causa espuria para juzgarla es la que no investiga la trama oculta y los autores intelectuales”, apuntando directamente a figuras de la oposición. “No somos militantes electorales, somos militantes políticos. Y estamos obligados a redoblar el esfuerzo para reventar las urnas con votos peronistas”, exclamó, atribuyendo la falla del disparo a un “fenómeno de orden milagroso” que otorga una “segunda oportunidad para la gesta del pueblo organizado”.
El componente generacional tuvo un rol protagónico. Jóvenes y adolescentes, muchos de los cuales no superaban la adolescencia durante los gobiernos kirchneristas, expresaron su convicción con un discurso profundamente político. Una oradora de la Juventud Peronista definió el atentado como un intento de “disciplinamiento” para todos aquellos que creen en la educación pública y en los derechos sociales, mientras que la candidata Kelly Olmos los instó a “explicarle a cada argentino que votar es ponerle un freno a la entrega, a la dependencia y al colonialismo”.
La tarde culminó con la caravana avanzando al ritmo de la marcha peronista y cánticos históricos hacia la casa de la vicepresidenta en Recoleta. Allí, otra multitud esperaba expectante. Poco después de las 20 horas, Cristina Fernández se asomó al balcón, desatando una explosión de alegría entre sus seguidores. Sonriente, saludó y bailó al compás de las consignas que, con una fuerza renovada, coreaban un mismo y único pedido: “Cristina libre”. La imagen cerró una jornada que demostró que, más allá de las circunstancias, su figura permanece como un polo de atracción irrefutable y un eje fundamental de la política argentina.
