Con pasión, fe y un profundo conocimiento adquirido, María Mazzola y Juan Ponce transformaron sus vidas a través de proyectos únicos. Desde velas con forma de mascota hasta sal marina pura, sus historias son un faro de inspiración para la comunidad.
En el corazón de Tierra del Fuego, más allá del implacable clima y los paisajes imponentes, late una fuerza creativa que define a sus habitantes. Dos emprendedores locales, María Alejandra Mazzola y Juan Ponce, han encapsulado esta esencia, transformando sus sueños en negocios prósperos que hablan de dedicación, reinvención y la búsqueda de un propósito auténtico. Sus testimonios, resuenan como un llamado a perseguir las propias aspiraciones.
Para María Alejandra Mazzola, la jubilación no marcó un final, sino el comienzo de un viaje creativo. Tras una vida como docente y maestra jardinera, canalizó su amor por las manualidades en “Huellitas en el Alma”, un emprendimiento dedicado a la fabricación de velas y jabones artesanales, complementado con piezas en cerámica y cemento. “Mi objetivo era dedicarme a algo que genuinamente me apasionara, que se sintiera como un hobby y no como una obligación laboral”, relata Mazzola sobre los inicios de su proyecto en octubre del año pasado.
El punto de inflexión llegó con una vela con forma de perrito, cuya imagen, difundida por su hija en redes sociales, se viralizó rápidamente. Este éxito inicial catapultó el emprendimiento, que hoy se ha convertido en un esfuerzo familiar donde cada miembro contribuye: su esposo en la logística, su hija en la comunicación digital y su hermano en la presencia en ferias. Mazzola enfatiza el valor del conocimiento adquirido en la Escuela de Emprendedores, que le proporcionó las herramientas necesarias para organizar la parte administrativa y comercial de su negocio, algo que antes desconocía por completo.
En una línea paralela pero igualmente inspiradora, Juan Ponce encontró su vocación en una visión onírica. Una operación que lo obligó a detenerse fue el preludio de un sueño revelador sobre el mar y la sal, que decidió convertir en realidad. Así nació “Hi-Ca Sal Marina”, un proyecto que se dedica a la producción de sal marina natural, meticulosamente recolectada y procesada en Cabo San Pablo. Ponce explica las cualidades de su producto: “Es cien por ciento natural, carece de conservantes o aditivos y está reforzada con yodo para beneficio de la tiroides. A diferencia de la sal refinada, mantiene intactos más de 90 minerales esenciales para el equilibrio corporal”.
Desde enero de 2023, Ponce ha construido una cartera de clientes leales mediante su participación en ferias locales y un sistema de pedidos directos. Aunque por el momento opera de manera independiente desde su hogar, su mirada está puesta en un crecimiento sostenible y equilibrado, priorizando la pasión por sobre la presión financiera. “Mi intención es que la deuda no controle mi visión. Avanzo con prudencia, consolidando recursos para expandirme”, asegura con convicción.
Ambas narrativas convergen en un mensaje poderoso: la necesidad de vencer el temor y lanzarse a la conquista de los anhelos personales. “Defender tu sueño y identificar el momento preciso para materializarlo es fundamental. Las oportunidades comienzan a aparecer de manera orgánica”, reflexiona Mazzola. Ponce coincide y añade que “el miedo es la barrera más significativa, pero superarlo y avanzar, manteniendo siempre un equilibrio, es la clave”.
El acompañamiento de la comunidad y las instituciones, como la Escuela de Emprendedores y el Paseo Canto del Viento, ha sido un pilar fundamental, ofreciendo capacitación, visibilidad y un espacio para tejer redes de contacto. Los productos de “Huellitas en el Alma” e “Hi-Ca Sal Marina” son mucho más que objetos de consumo; son el reflejo tangible de una travesía personal, historias de resiliencia y creatividad que motivan a todos aquellos que anhelan dar el primer paso hacia un futuro propio.
