Tras el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires, el indicador de JP Morgan superó la barrera de los 1.000 puntos, el dólar paralelo se disparó y los activos locales se hundieron en Wall Street, reflejando la profunda desconfianza de los inversores.
La volatilidad financiera se apoderó este lunes de la economía argentina, luego de que el escrutinio electoral del domingo en la provincia de Buenos Aires encendiera todas las alarmas en el sector. El denominado Riesgo País, elaborado por el banco JP Morgan, se catapultó y superó la crítica barrera de los 1.000 puntos básicos, un nivel que evidencia el elevado temor de los inversores internacionales frente a la posibilidad de un default.
Este salto en el diferencial de los bonos argentinos, que ya venía mostrando signos de nerviosismo en las jornadas previas al comicio, es una respuesta directa al triunfo del peronismo. Los analistas del mercado habían anticipado que un triunfo opositor por un margen superior a los diez puntos obligaría a una reevaluación del riesgo asociado a los activos locales. El temor central radica en que el Gobierno nacional, liderado por Javier Milei, podría verse presionado a flexibilizar su ajuste fiscal, incrementar el gasto público y, en consecuencia, enfrentar serias complicaciones para honrar los abultados vencimientos de deuda que se avecinan.
Aunque el primer mandatario ratificó el compromiso con el rumbo económico actual, la reacción del mercado fue contundente. La desconfianza se materializó de inmediato en una estampida vendedora que arrastró a la práctica totalidad de los activos argentinos que cotizan en el exterior. Las acciones representativas de empresas locales (ADRs) se desplomaron en las operaciones previas a la apertura formal de Wall Street, con caídas que alcanzaron y superaron el diez por ciento en la mayoría de los casos.
El sector bancario y el energético figuraron entre los más castigados. Los papeles de Banco Galicia se derrumbaron un 15%, mientras que los de BBVA Argentina y Banco Macro cedieron un 10,71% y un 12,7%, respectivamente. En el mismo sentido, las acciones de Supervielle retrocedieron un 13%. Las empresas de energía no estuvieron a salvo: YPF registró una fuerte merma del 11,77%, Pampa Energía cayó un 10,2% y distribuidoras como Edenor se dejaron un 13%.
La presión vendedora también fue generalizada, aunque con algunas excepciones contadas. Otras firmas como IRSA, Loma Negra y TGS presentaron retrocesos que oscilaron entre el 9% y el 10%. Solo un puñado de compañías, entre ellas Tenaris y Globant, lograron escapar de la sangría y mantuvieron una tenue estabilidad.
En el frente cambiario, la tensión no fue menor. El dólar informal, often considerado un termómetro de la ansiedad financiera, aceleró su cotización hasta alcanzar los 1.470 pesos, rozando así el límite máximo de su banda de fluctuación. Este movimiento anticipa una mayor presión sobre las reservas del Banco Central y un clima de creciente incertidumbre que amenaza con complicar aún más el ya complejo panorama económico.
