La Academia capitalizó el choque personal entre Martínez y el defensor de Vélez, que culminó con la roja para el local. El gol del atacante visitante definió un partido ajustado y dejó la serie abierta, pero con ventaja clave para el equipo de Avellaneda de cara a la vuelta en su fortín.
el duelo individual entre Adrián “Maravilla” Martínez y Lisandro Magallán se erigió como el punto de inflexión del partido de ida en los cuartos de final de la Copa Libertadores que enfrentó a Vélez Sarsfield y Racing Club. La contienda, librada con singular vehemencia desde los primeros compases en el estadio José Amalfitani, tuvo en esa pulseada particular su núcleo dramático.
Intercambio de cargas, forcejeos constantes y amonestaciones fueron el preludio de un desenlace que terminaría por inclinar la balanza. El árbitro brasileño Wilton Sampaio intentó contener los ánimos con la advertencia de la tarjeta amarilla, pero la fricción persistió. El desequilibrio final llegó en los instantes previos al descanso, cuando Magallán, en un arrebato de impetuosidad característica, se lanzó con excesiva violencia sobre el volante Nardoni, mereciendo una segunda amonestación y la consecuente expulsión.
Con el campo inclinado a su favor, Racing supo administrar la superioridad numérica en el tramo inicial de la segunda etapa. La puntería que le faltó a Vélez, con Michael Santos como principal damnificado ante la ausencia del lesionado Braian Romero, fue la virtud del conjunto académico. A los 53 minutos, una jugada colectiva por la banda izquierda culminó con un centro de Mura que encontró a la figura inevitable: Adrián Martínez. Su preciso remate no solo significó el 1-0 definitivo, sino que además marcó un hito personal, alcanzando su quincuagésima conquista con la camiseta de Racing.
Vélez, aún con diez hombres, no se rindió y logró generar situaciones de peligro, incluso vio un gol de Aaron Quirós anulado por el VAR al detectarse que el balón había salido por la línea de fondo previamente. La tecnología también corrió de escena una tarjeta roja injusta para Nardoni, en una decisión que el colegiado brasileño rectificó tras consultar la repetición.
La victoria deja a Racing en una posición inmejorable para sellar su pase a semifinales en el mítico Cilindro de Avellaneda, una instancia que no pisa desde hace 28 años. El acierto en el cambio de arquero –Gabriel Arias fue reemplazado por Facundo Cambeses, quien respondió con solvencia– y la ejecución de una estrategia que explotó la vulnerabilidad rival confirman a Gustavo Costas como un conductor astuto. La revancha promete fuego, pero con la ventaja de un resultado y la fe de un pueblo que sueña con la gloria continental.
