Multitudinario clásico cordobés: Belgrano silencia el Kempes y se mete en cuartos de final

Multitudinario clásico cordobés: Belgrano silencia el Kempes y se mete en cuartos de final

El «Celeste» dio el golpe de la fecha al imponerse por la mínima ante el conjunto albiazul, que reunió a 45 mil almas en las tribunas, en un encuentro signado por la tensión, las expulsiones y un reducido pero letal margen de eficacia.

En una tarde para el recuerdo, el estadio Mario Alberto Kempes se vistió de gala para recibir la versión más candente del clásico cordobés en lo que va del siglo. La convocatoria fue sencillamente colosal: 45 mil simpatizantes colmaron cada rincón del recinto para ser testigos de una contienda que, sin embargo, deparó un desenlace inesperado para la mayoría. Lejos de inclinar la balanza a favor del anfitrión, el aluvión humano no pudo impulsar a su equipo hacia la victoria. Quien festejó al final fue Belgrano, un verdugo implacable que construyó su triunfo sobre la base de la inteligencia táctica y la puntería quirúrgica, sellando una clasificación a los cuartos de final que sabe a epopeya.

El único tanto del compromiso llevó la firma de Francisco González Metilli, apenas transcurridos dos minutos del segundo período. El volante quebró la paridad con un zurdazo certero, desatando la locura en el reducido pero eufórico sector visitante y sumiendo en un mutismo sepulcral a la multitud local. La temperatura del encuentro, caldeada desde el pitazo inicial por la magnitud de lo que estaba en juego, no hizo más que ascender hasta desbordarse, y el árbitro no tuvo más remedio que expulsar a tres protagonistas: Maidana y el guardameta Herrera en las filas de Talleres, y Passerini del lado de Belgrano, en una muestra de que los ánimos estuvieron igual de agitados que el juego mismo.

El desarrollo del partido estuvo lejos de ofrecer un espectáculo vistoso. Más bien, el nerviosismo atenazó a los 22 protagonistas, dando paso a una catarata de imprecisiones que impidió la fluidez del espectáculo. La construcción de fútbol resultó una odisea para ambas escuadras, y durante largos pasajes el esférico deambuló sin destino cierto, muy lejos de los arcos defendidos por los guardianes. Si hubo un momento de leve predominio, este correspondió inicialmente a los volantes piratas, que se mostraron más asentados en los primeros compases. No obstante, Talleres logró equilibrar las acciones cerca del minuto veinte del período inicial, aunque jamás alcanzó a establecer un dominio diáfano o prolongado en el tiempo.

En ese contexto de incertidumbre y paridad, fue el conjunto de Alberdi quien generó las aproximaciones más peligrosas. Un remate de zurda cruzado ejecutado por Rigoni se marchó besando el poste por centímetros. Más tarde, Passerini vio cómo el juez de línea anulaba una conquista por una posición adelantada medida con lupa. El propio delantero, en otra acción, disparó por encima del travesaño después de que Zelarayán realizara una serie de enganches dentro del área adversaria que merecieron mejor suerte. Eran avisos, presagios de lo que terminaría aconteciendo.

Ya en el complemento, la historia encontró su punto de inflexión. González Metilli introdujo un balón al corazón del área tallarín, Passerini, con una exquisita asistencia de taco, se la devolvió y el volante no perdonó con su pierna izquierda para decretar el uno a cero. El golpe fue de una contundencia tal que Talleres quedó en estado de conmoción. Dirigidos por un Carlos Tevez que desde la línea de cal tuvo gestos de impotencia, los albiazules nunca hallaron los resortes para reaccionar. La producción ofensiva fue pobre, carente de ideas, y el desconcierto se apoderó de sus filas. La situación se tornó irreversible cuando, a los treinta y dos minutos, el paraguayo Maidana fue expulsado tras una falta de notable rudeza sobre Zelarayán, dejando a su equipo con diez hombres y sin brújula.

Belgrano, en contraposición, desplegó una inteligencia superior. Lejos de replegarse para resguardar una ventaja exigua, el elenco de Guillermo Farré se defendió teniendo la pelota, administrando los tiempos y manejar los ritmos a su antojo. Sobre el final, incluso, desperdició dos escapadas en velocidad que pudieron ampliar el marcador. Así, leyendo cada pasaje con claridad y apoyándose en lo mejor de la tarde individualidades como las de Zelarayán y el propio Metilli, el Celeste terminó celebrando una victoria histórica y el boleto a la siguiente ronda ante la mirada atónita y dolida de su adversario eterno, en una noche que quedará grabada en la memoria de la hinchada pirata para siempre.

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