Drama eterno en el Templo del Fútbol: Huracán extiende su épica y fulmina a Boca en el suplementario

Drama eterno en el Templo del Fútbol: Huracán extiende su épica y fulmina a Boca en el suplementario

En una noche para el recuerdo, el “Globo” quebró la resistencia xeneize con una actuación magistral del paraguayo Romero, resistió en inferioridad numérica y selló un pasaje celestial a los cuartos de final del Torneo Apertura.

En uno de esos capítulos que el deporte escribe con tinta indeleble, Huracán se erigió como verdugo absoluto de Boca Juniors al derrotarlo por 3 a 2 en el tiempo adicional, consumando así una clasificación memorable a la siguiente ronda del certamen doméstico. La gesta tuvo por escenario mítico la Bombonera, ese caldero habitual de heroicidades locales, que esta vez fue testigo del festejo ajeno tras un desenlace que demandó los 120 minutos completos para resolverse, luego de que ambos conjuntos finalizaran la etapa reglamentaria igualados en un tanto por bando.

El conjunto de Parque Patricios no demoró en advertir que su propósito no era meramente decorar el cartel. Apenas cinco minutos del reloj inicial habían transcurrido cuando el mediocampista Leonardo Gil ejecutó un disparo cruzado, preciso y punzante, que se incrustó en la red custodiada por el arquero local. La jugada tuvo su origen en una recuperación voraz de Lucas Blondel, quien desposeyó al adversario en la misma salida, cerca del área sagrada, y habilitó la gesta ofensiva. Este golpe tempranero encendió todas las alarmas en el bando azul y oro, que durante el resto del primer tiempo y casi todo el complemento se estrelló una y otra vez contra una muralla bien dispuesta.

La insistencia del dueño de casa, sin embargo, encontró su recompensa cuando más se agotaba la paciencia y el cronómetro. A los 42 minutos del segundo tiempo, un balón rechazado de forma deficiente por el guardameta Hernán Galíndez impactó fortuitamente en el cuerpo del delantero Milton Giménez y, en un gesto caprichoso, terminó alojándose en el fondo de las mallas. La celebración inicial quedó suspendida ante la intervención del VAR, que tras un análisis milimétrico convalidó la extraña diana, devolviendo la esperanza a las filas locales y forzando una prórroga que prometía emociones desmedidas.

Fue en ese marco de fragilidad y vértigo donde apareció la figura señera del paraguayo Óscar Romero, dueño absoluto del relato suplementario. Apenas transcurridos cuatro minutos del primer segmento adicional, el experimentado volante se plantó ante el punto penal después de una infracción cometida por Lautaro Di Lollo sobre Juan Bisanz, y con una ejecución que quebró la resistencia del arquero, puso otra vez a la visita en ventaja. La noche todavía le tendría reservado otro capítulo de protagonismo: nueve minutos más tarde, otra acción punible dentro del área, esta vez por una mano igualmente atribuida a Di Lollo, le concedió a Romero la posibilidad de redoblar la apuesta. No desaprovechó la oportunidad, y con un remate esquinado, venenoso y colocado, estableció el 3 a 1 que parecía sepultar cualquier sueño de remontada.

Pero la historia no sería completa sin un nuevo giro de tuerca. Huracán, pese a la euforia, sufrió dos expulsiones en los minutos finales del primer tiempo suplementario —Eric Ramírez y Fabio Pereyra vieron la tarjeta roja de manera consecutiva— y encaró el último cuarto de hora con nueve hombres en el campo. Una desventaja numérica que parecía insalvable. Boca, entonces, volcado con todo su arsenal al ataque, encontró un descuento a los diez minutos del segundo tiempo extra gracias a Ángel Romero, quien anticipó con inteligencia la salida de Galíndez tras un centro milimétrico de Lautaro Blanco, y redujo la diferencia a un gol. El empuje desesperado del “Xeneize” en los instantes finales, sin embargo, chocó una y otra vez contra el sacrificio colectivo, las piernas temblorosas pero firmes del conjunto visitante, que supo resguardar la ventaja y evitar la definición por penales.

Cuando el silbato final rasgó la noche, el llanto y la bronca se instalaron del lado local, mientras el arco de la victoria se abría para el equipo conducido por Diego Martínez. Con este resultado épico, Huracán se ganó un lugar legítimo entre los ocho mejores del campeonato, en tanto que el plantel de Claudio Úbeda quedó eliminado del certamen local, despidiéndose de manera prematura de una ilusión que tenía forma de título. La fecha quedará, para siempre, como aquella en que el “Globo” infló su pecho en la mismísima casa del gigante y escribió una página inmortal en su historial.

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