El Presidente evita una ruptura abierta con la senadora, pero un encontronazo público evidenció su furia. Mientras las disputas entre Karina Milei y Santiago Caputo tensan al Gabinete, la pobreza se acelera, las universidades se desangran y el poder de La Libertad Avanza comienza a resquebrajarse.
En la intimidad de la Casa Rosada nadie se atreve a afirmar con certeza si Javier Milei carece de la voluntad o de la fortaleza política para enfrentarse a Patricia Bullrich. Lo que resulta evidente, a esta altura, es que el último gesto de la senadora encendió una mecha que el Presidente no pudo ocultar. La noche del jueves, a pesar de las recomendaciones explícitas de su círculo más cerrado para que evitara mostrarse en el set de Luis Majul y Esteban Trebucq, el mandatario se plantó ante las cámaras de La Nación con una irritación tan mal disimulada como el desorden de un gabinete que parece caminar al borde del abismo.
Los rumores de una administración paralizada por las rencillas internas ya circulaban antes de que estallara este nuevo episodio. Dentro del propio Ejecutivo hay quienes admiten, con la reserva que impone el miedo a las represalias, que “el gobierno está detenido, no hay gestión porque la pelea entre facciones detiene cualquier avance”. Esa confesión de un funcionario de carrera adquirió ahora un tono aún más sombrío. Porque la hermana del Presidente, Karina Milei —quien ejerce de facto como la verdadera jefa política— mantiene simultáneamente frentes de batalla con Santiago Caputo, con Victoria Villarruel, con la propia Bullrich y, desde hace apenas unas horas, con Guillermo Francos. Desde el entorno de la hermana presidencial ya se escuchan frases lapidarias: “Lo vamos a echar de YPF, se pasó a la oposición”. La interrogante que flota en los pasillos del poder es inquietante: ¿de qué oposición hablan cuando aún no hay una grieta formal? ¿Acaso existen ya funcionarios que comienzan a alinearse detrás de Bullrich?
En el búnker de la senadora aseguran que, si decidiera consumar la ruptura y armar un bloque propio, se llevaría consigo al menos ocho legisladores. Mientras tanto, Bullrich despliega una agenda que nada tiene de casual: se reúne con empresarios, con congresistas, con dueños de medios de comunicación y con periodistas que primero acompañaron a Mauricio Macri, luego se sumaron a Milei y ahora empiezan a acercarse a ella con la sigilosa cautela de quien husmea un nuevo poder. El problema de fondo, el que nadie se anima a pronunciar en voz alta pero todos susurran, es el siguiente: si la percepción generalizada es que Javier Milei no logra la reelección, el Presidente se convierte en un pato rengo. Y con casi veinte meses por delante, gobernar sin autoridad ni proyección es una agonía previsible.
La declaración presidencial que encendió todas las alarmas en la última reunión de Gabinete —“prefiero perder las elecciones antes que echar a Manuel Adorni”— no parece una estrategia destinada a recuperar el poder. Por el contrario, muchos de quienes hoy acompañan al mandatario podrían inclinarse por no perder junto a él y optar por alinearse con alguien que priorice el triunfo por encima de la lealtad.
El viernes circuló en los despachos oficialistas una encuesta encargada por un consultor afecto al gobierno. Los números son devastadores: Milei aparece con 31 puntos de imagen positiva, veinte menos que los que registraba apenas cuatro meses atrás. El Presidente ya no tiene quien lo defienda en la trinchera mediática. El canal que solía ser su altavoz natural, La Nación, cerró abril con un paupérrimo promedio de rating de 0.8 puntos, ubicándose en el último lugar de la grilla. Peor aún: el mandatario está enfrentado con Paolo Rocca, con Héctor Magnetto, con Julio César Saguier y con otros tantos referentes del poder empresarial. Algunos grupos económicos aún mantienen una relación cordial con el gobierno, pero admiten en privado que el capitán ya no tiene rumbo ni timón.
Sin embargo, el verdadero problema de Milei no está en los estudios de televisión ni en los directorios de las corporaciones. Está en el electorado. Un informe elaborado por Martín Rozada, investigador de la Universidad Torcuato Di Tella, revela un dato escalofriante: la pobreza se incrementó 2.7 puntos porcentuales durante el segundo semestre de 2025 en comparación con el primer semestre, tomando como referencia la canasta de bienes 2017/2018. Y todo indica que durante el primer cuatrimestre de este año la situación ha empeorado aún más. Desde hace seis meses los salarios pierden sistemáticamente contra la inflación. “El deterioro social se ha acelerado de manera alarmante —explicó al portal El Destape el sociólogo Pablo Semán—. No es lo mismo lo que sucedía hace seis meses, ni lo que ocurría hace dos, ni el mes pasado, ni ahora. Se multiplicaron las vivencias de escasez y las miradas críticas hacia el gobierno. Incluso en regiones del interior donde Milei ganó con claridad, aparecen reclamos muy duros que no estaban en los relevamientos que hice hace un año”.
Semán ilustró su diagnóstico con un caso paradigmático: un vendedor rosarino de 65 años le confesó: “Las ventas se desplomaron de una manera que solo recuerdo en 2001 y durante la pandemia. Pero en aquella época los servicios eran más baratos”.
La crudeza de la crisis alcanza dimensiones trágicas. Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita, relató situaciones extremas que se multiplican en las barriadas populares como consecuencia del avance de la indigencia. “La gente se endeudó con billeteras virtuales para comprar comida. Al no poder pagar, fueron a pedirle plata a los narcotraficantes. Ahora no pueden devolver el préstamo y la situación se ha vuelto dramática. Amenazan a las mujeres con matar a sus hijos si no pagan. En Virrey del Pino, dos mujeres se quitaron la vida por esta razón”. El ajuste, sentenció Pérsico, mata.
En medio de este panorama desolador, el ministro de Economía, Luis Caputo, asegura que saldrá al rescate del gobierno. Cerca del funcionario afirman que el Presidente le dio una orden inesperada, sobre todo viniendo de un dirigente de sus convicciones liberales: “Hay que hacer todo lo necesario para reelegir”. El así llamado “Super Riggi” sería apenas el principio. Se menciona la posibilidad de una mega garantía para asegurar el repago de la deuda con vencimiento en 2026 y 2027 —una medida que, de concretarse, lograría reducir el elevado piso del riesgo país—. También se habla del fin del cepo cambiario para las empresas y de un plan de créditos hipotecarios a tasas muy bajas.
Otro funcionario que recibió la orden explícita de trabajar para la reelección es Diego Santilli. Karina Milei, que hasta hace poco rechazaba de plano cualquier tipo de negociación con los gobernadores, ahora propone una tregua: les asegurará que el gobierno no les hará fuerza en sus territorios a cambio de que voten a favor de la eliminación de las PASO. Los mandatarios provinciales, por su parte, piden fondos y la posibilidad de ser reelegidos. El gobierno puede concederlo. Si Santilli tiene éxito en esa gestión, complicaría seriamente la vida de un peronismo que ya asoma con varios precandidatos en danza.
Porque el peronismo ya se ve en el poder en 2027. El mismo consultor que le otorgó 31 puntos a Milei sostiene que los votantes desencantados con el Presidente se están volcando hacia Axel Kicillof. El gobernador bonaerense acaba de iniciar una ambiciosa cruzada para conquistar el centro del país. El viernes estuvo en Córdoba. “Tuvimos una recepción enorme del pueblo cordobés, realmente increíble e inesperado tanto afecto”, contó a El Destape un funcionario provincial que lo acompañó. “Eso ratifica —agregó— que Córdoba no es una provincia gorila. Ya lo sabíamos porque el peronismo con rasgos cordobeses gobierna desde hace muchísimos años, pero el trato que el pueblo cordobés le dispensó a Axel nos confirma que el problema nunca fue Córdoba, sino que el peronismo porteño y del conurbano no supo interpretar la idiosincrasia ni las necesidades del peronismo cordobés y de los cordobeses”.
Sin embargo, no todos en el campo peronista marchan al unísono detrás de Kicillof. Juan Manuel Olmos, Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz tejen un armado alternativo. Se lanzaron formalmente en Parque Norte y antes del próximo Mundial recorrerán el litoral y Santa Fe, para más tarde dirigirse al sur del país. En su entorno creen que al gobernador bonaerense le costará hacer pie en el interior profundo. Aseguran que la ciudadanía ya no tolera recetas inflacionarias y que el peronismo no puede seguir siendo el cuco de los mercados. Cristina Fernández de Kirchner observa estos movimientos con la paciencia estratégica que la caracteriza. Su cálculo es el siguiente: si ese armado le quita votos a Kicillof por la derecha, tal vez con un candidato propio de izquierda termine ganando las PASO. Y en ese esquema, no se debe descartar que el postulante sea Máximo Kirchner.
Mientras el tablero político se reconfigura con vértigo, el gobierno libertario profundiza lo que muchos especialistas ya no dudan en calificar como un periodo de oscurantismo. Los números de la destrucción educativa y científica son elocuentes. En la Facultad de Ciencias Naturales de la UBA renunciaron 438 docentes desde fines de 2023; eso equivale a uno cada dos días. En Ingeniería se fueron 342, en Agronomía más de un centenar. En total, más de diez mil profesores han abandonado sus cargos en universidades nacionales desde que Milei asumió el poder. La poda salvaje de los salarios —que ya alcanza el 32 por ciento— está vaciando sistemáticamente la educación pública superior. El Fondo Nacional para la Educación Técnica sufrió una reducción del 93 por ciento. En la Argentina hay 1700 escuelas técnicas; todas ellas están en peligro de extinción. El Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación perdió 4248 puestos de trabajo. El Conicet, 1513; el Inti, 734; el Inta, 436.
No se trata, advierten los críticos, de un mero modelo neoliberal. Estamos asistiendo a un proceso de degradación deliberada de la ciencia, la educación y la cultura que, al hacerlo, nos degrada como sociedad en su conjunto. La reelección de Javier Milei, sostienen cada vez más voces, sería una verdadera tragedia. Los casi veinte meses que restan de su mandato, una larga y previsible agonía.
