Gritos y un ultimátum de Milei sacuden la reunión de gabinete en medio de la tormenta por Adorni

Gritos y un ultimátum de Milei sacuden la reunión de gabinete en medio de la tormenta por Adorni

El Presidente habría encabezado un encuentro signado por la tensión máxima, con una férrea defensa de su polémico vocero y un cruce frontal con Patricia Bullrich, a quien habría silenciado de manera contundente. El periodista Nicolás Wiñazki reveló detalles explosivos de un cónclave que dejó al desnudo la fragilidad interna de la administración libertaria.

La calma aparente que intenta sostener el oficialismo se quebró por completo tras conocerse un episodio de alta voltaje ocurrido en las entrañas de la Casa Rosada. Lo que hasta hace poco circulaba como un rumor sordo acerca de un clima enrarecido alrededor del polémico vocero presidencial, Manuel Adorni, se transformó en una crisis de fricciones evidentes que amenaza con resquebrajar la unidad del espacio gobernante. En las últimas horas, un periodista de reconocida trayectoria sacó a la luz un altercado mayúsculo, sucedido durante una reunión de los máximos responsables de las distintas carteras, liderada por el propio Javier Milei tras su regreso de un viaje a los Estados Unidos.

Según la información proporcionada por Nicolás Wiñazki en su programa del canal A24, el mandatario llegó al cónclave con el ánimo encendido. En una primera instancia, el jefe del Estado se explayó sobre asuntos económicos, pero rápidamente decidió virar hacia el terreno que más lo incomoda: la coyuntura política atravesada por el escándalo relacionado con la figura de Adorni. Fue allí donde el clima institucional se tornó irrespirable. De acuerdo al relato del comunicador, Milei irrumpió en el debate con un tono que no admitía réplicas, proclamando a viva voz que todas las determinaciones fundamentales corresponden exclusivamente a su persona. “Acá las decisiones las tomo yo”, habría gritado el Presidente, una frase cuyo solo enunciado, tal como reflexionó el propio Wiñazki, genera inquietud por sí misma: que el líder de la nación tenga que recordarles ese principio elemental a sus propios colaboradores más cercanos resulta un síntoma inequívoco de un malestar subterráneo muy profundo.

Pero el momento de máxima ebullición estalló cuando Patricia Bullrich, la titular de la cartera de Seguridad e histórica referente del ala dura, intentó tomar la palabra. El periodista reconstruyó la escena con lujo de detalles: la exfuncionaria levantó la mano con la intención de aportar su punto de vista, y allí la reacción del Presidente fue fulminante. Con un tono cortante y sin miramientos, Milei le habría espetado: “No me interrumpas, el que manda soy yo”. El cruce, descrito como extremadamente tirante, dejó en evidencia la nula tolerancia del mandatario a cualquier gesto que pudiera interpretarse como un cuestionamiento a su liderazgo. Bullrich, que suele moverse con un carácter igualmente firme, habría quedado completamente acallada, sin posibilidad de desplegar sus argumentos.

En medio de los reproches a gritos, el jefe del Estado no solo se erigió como el árbitro supremo, sino que también blindó a su polémico vocero con una defensa inapelable. “Hay que sostener a Adorni porque es honesto y tiene una familia honesta”, habría lanzado Milei frente a la audiencia de sus ministros. Y acto seguido, elevó la apuesta al límite, soltando una frase que congeló el ambiente: “Al que no le gusta que se vaya”. De esta forma, el mandatario dejó en claro que no aceptará críticas internas hacia uno de sus hombres de mayor confianza, sin importar el costo político que ello implique.

Sin embargo, lo que realmente generó un terremoto en la reducida cumbre gubernamental fue la declaración final de Milei, según la crónica de Wiñazki. El Presidente habría asegurado que prefiere perder una elección antes que desprenderse de una “familia honesta”, en clara alusión al entorno del propio Adorni. La afirmación no solo selló la discusión, sino que también dejó una advertencia implícita para cualquier intento de presión proveniente de los sectores más pragmáticos de la coalición. “Todo a los gritos, terminó y se fue. Nunca la dejó hablar a Bullrich”, concluyó el periodista, pintando un cuadro de incendio interno difícil de apaciguar.

Esta revelación no hizo más que alimentar las versiones sobre profundas diferencias en el seno del oficialismo. Lo que algunos intentaban minimizar como ruidos pasajeros ahora se exhibe como una fractura expuesta frente al espejo del poder. Y la pregunta que queda flotando en el aire, incómoda y punzante, es hasta cuándo podrá resistir la interna entre los libertarios sin que la crisis política termine por desbordar todos los diques. Por ahora, Milei parece apostar su capital de liderazgo a una sola ficha: la lealtad por encima de cualquier cálculo electoral.

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