En un acto de escasa repercusión, el Presidente confrontó con la oposición y desestimó las acusaciones de corrupción como «operetas», mientras intentaba relanzar su campaña electoral en una provincia clave, evidenciando la profunda crisis que atraviesa su gobierno.
En un contexto de severa turbulencia económica y una seguidilla de derrotas legislativas, el presidente Javier Milei regresó al Parque Sarmiento de Córdoba, el mismo escenario donde dos años atrás una marea humana celebró su triunfo electoral. La comparación, sin embargo, resultó desoladora para el oficialismo. La convocatoria de este nuevo encuentro fue notoriamente inferior, con una asistencia que no logró opacar la rutina habitual de deportistas y corredores que transcurrieron por el lugar, indiferentes al acto político.
Desde las escalinatas, un Milei necesitado de reafirmar su liderazgo ante una base de militantes reducida arengó: “Estamos a mitad de camino, por eso les pido que no aflojen”. Su discurso estuvo marcado por la confrontación y la negación. Atribuyó los reveses parlamentarios a lo que denominó “el partido del Estado”, acusándolo de bloquear toda iniciativa libertaria con una “máquina de impedir”. Sobre los audios que revelan presuntos actos de corrupción en su gobierno, especialmente en la ANDIS, los descalificó de plano como “operetas, mentiras, calumnias y difamaciones” elaboradas con inteligencia artificial, lanzando también un dardo al periodista Jorge Rial, a quien tildó de “chimentero berreta”.
El momento de mayor fervor lo vivió cuando, en un guiño a la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, la reducida multitud coreó “To-bi-llera-to-bi-llera”. El Presidente, envalentonado, instó a sus seguidores a no “dejarse psicopatear por operetas armadas por actores pagos” y criticó a “aquellos que se pasaron por el traste toda la república”.
La puesta en escena buscó, sin demasiado éxito, proyectar una imagen de presidente cercano, abrazando a simpatizantes en una estrategia que su propio movimiento suele asociar con “la casta”. Incluso su mascota, Conan, oriunda de Córdoba, recibió más ovaciones que la mayoría de los funcionarios presentes en el escenario, entre los que se encontraban su hermana Karina Milei, Martín Menem y la ministra Patricia Bullrich.
El acto también sirvió para presentar a un candidato local prácticamente anónimo, Gonzalo Roca, quien, pese a posicionarse cerca del Presidente durante todo el evento, no fue mencionado en el discurso, un silencio que revela las dificultades del partido para instalar figuras propias.
Milei dedicó una parte significativa de su alocución a atacar al exgobernador y candidato opositor Juan Schiaretti, desestimando sus críticas al ajuste fiscal y acusándolo de querer “llevar el IVA al 42%”. Schiaretti, por su parte, respondió rápidamente, acusando al Presidente de “mentir descaradamente a los cordobeses” y de intentar opacar el “ejemplo de prosperidad” que, según él, representa la provincia.
En un discurso previo ante la Bolsa de Comercio de Córdoba, Milei había recibido un contundente respaldo de los sectores empresariales. Manuel Tagle, presidente de la entidad, no solo elogió la gestión económica del Presidente, calificándola de “éxito histórico en el mundo”, sino que abogó abiertamente por que Milei “tenga más de un período” para consolidar un “segundo milagro económico”.
La visita culminó con un tono de urgencia y un reconocimiento implícito de la crisis. Suplicando a su base que “no flaqueen” y “sigan peleando”, Milei cerró con una frase desesperada que evoca campañas del miedo pasadas: “No queremos el modelo donde tenemos que despedir a nuestros hijos en Ezeiza”. Un final que pareció más una plegaria que una proclama de victoria, reflejo de un gobierno que lucha por mantener la llama de un apoyo que se le escapa entre los dedos.
