La Administración Milei: Un Gobierno Acorralado por la Tormenta Cambiaria y la Pérdida de Credibilidad

La Administración Milei: Un Gobierno Acorralado por la Tormenta Cambiaria y la Pérdida de Credibilidad

La gestión libertaria, paralizada por una fuga de divisas sin precedentes y una actividad económica en estado crítico, busca desesperadamente un salvavidas geopolítico en Washington mientras el establishment empresarial ya especula con escenarios de transición.

El Gobierno de Javier Milei se encuentra sumido en una crisis multidimensional que parece no ofrecer salidas. Una estampida cambiaria desatada esta semana, combinada con indicadores económicos domésticos aterradores, consagró una debilidad institucional nunca antes vista en las filas de La Libertad Avanza. Para los núcleos del poder económico, la administración actual ha entrado en una fase de descredito similar a la del expresidente Mauricio Macri, pero a una velocidad acelerada y con más de la mitad de la gestión por delante. Se trata de un Ejecutivo que ha perdido, fundamentalmente, la centralidad política y que ahora clama por un rescate geopolítico en dólares, materializado en un viaje urgente del Presidente a los Estados Unidos para reunirse con el exmandatario Donald Trump.

Este clima de aceptación de un posible agotamiento gubernamental se palpó con crudeza en un reciente encuentro organizado por Coninagro, una de las entidades de la Mesa de Enlace. La cámara de cooperativas agrarias convocó no solo a figuras oficialistas, sino prioritariamente al gobernador bonaerense Axel Kicillof y a su par de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, junto a otros referentes opositores de alto perfil, quienes acapararon la atención de los presentes. En ese contexto, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, admitió con tono casi suplicante: «cometimos muchos errores, pero piensen de dónde venimos». La frase resonó como un reconocimiento tácito de la profunda derrota política que atraviesa un gobierno que se mantiene en posiciones extremas.

En paralelo, en diversos círculos empresariales gana fuerza una teoría que, aunque peregrina, es sintomática de la búsqueda de alternativas: la posibilidad de que el exgobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, asuma la presidencia de la Cámara de Diputados tras las elecciones de octubre, erigiéndose en una suerte de garante para una transición incierta. La relevancia de este rumor no radica en su viabilidad –ampliamente cuestionada–, sino en que expresa la erosión de la confianza en el liderazgo de Milei y la exploración de caminos alternativos que ya se cuelan en las conversaciones privadas.

Esta degradación de la credibilidad, esta percepción de un gobierno carente de herramientas para resolver la coyuntura, le sobrevino a Macri recién a fines de 2018. Milei, en cambio, ha alcanzado ese estatus de manera prematura. Según las evaluaciones de los economistas, el ministro Luis Caputo ya ha consumido recursos a un ritmo feroz: los miles de millones del blanqueo, de la liquidación de la soja, los del antiguo dólar Blend y avanza ahora sobre el préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI). Fuentes de la City londinense indican que las reservas netas para contener al dólar no superarían los 4800 millones, una cifra muy lejana a los 22 mil millones que se vociferaron públicamente. De agotarse este límite –algo que podría suceder antes de concretarse cualquier ayuda externa– las opciones serían extremas: utilizar Derechos Especiales de Giro (DEG) o, de manera más riesgosa, intentar una operatoria con el oro del Banco Central, cuya custodia fuera del país genera suspicacias.

La devaluación silenciosa y el derrumbe del consumo

Frente a este panorama, para el establishment industrial la opción ya no es una posibilidad futura, sino un hecho en desarrollo. «Lo descartamos, ya está pasando, de hecho», afirmó un importante dirigente de la Unión Industrial Argentina (UIA). La prueba más contundente es que varias multinacionales de alimentos y exportación已经开始 a proyectar sus planes para 2026 con un tipo de cambio que oscila entre los 1800 y 2000 pesos, muy por encima de las irreales proyecciones oficiales.

Esta presión devaluatoria impacta de lleno en una actividad económica que ya es un páramo. La Coordinadora de Productores de Alimentos (COPAL), que reúne a gigantes como Arcor y Molinos, prevé para 2026 una nueva caída en las ventas, que ya se encuentran en sus peores niveles en décadas. Un dato elocuente: una de las principales empresas del sector reportó un desplome en la venta de polenta, mientras que rubros como cervezas, harinas y arroz no muestran reactivación. La consultora Scentia confirmó que en agosto el consumo masivo no creció, consolidando una tendencia negativa que solo se interrumpió en dos de los diecinueve meses de gestión.

La tensión de precios se manifiesta en una doble vía: por un lado, empresas como Unilever y Coca-Cola ya comunicaron aumentos que oscilan entre el 3% y el 7%, además de recortar promociones y descuentos. Por el otro, este traslado se topa con un muro infranqueable: el derrumbe del poder adquisitivo de la población, producto de una depredación salarial que la propia estrategia oficial fomentó para domar la inflación. En paralelo, la crisis ya comenzó a cobrarse empleos en blanco en sectores clave como la construcción y la industria manufacturera, con casi 115.000 puestos perdidos desde noviembre pasado.

La búsqueda desesperada de oxígeno en Washington

En este contexto de asfixia, la administración Milei deposita sus últimas esperanzas en un viaje a los Estados Unidos. El Presidente se reunirá no solo con Donald Trump, sino también con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. El objetivo, según fuentes cercanas a la negociación, es asegurar un respaldo financiero de al menos 10.000 millones de dólares, ideally through a swap agreement that evite el escrutinio del Congreso, similar al mecanismo utilizado con China.

Sin embargo, en los círculos empresariales prevalece un escepticismo absoluto. «Es un esfuerzo estéril, lo que no hay acá es confianza. Le pueden poner un caño directo con canilla libre de dólares e igual lo van a correr», resumió un ejecutivo de la UIA. La percepción general es que, más allá de los dólares frescos, la falta de sustentabilidad política y social del modelo condena cualquier intento de estabilización.

La llave maestra de la crisis parece estar ahora en manos del FMI. El organismo, que hasta el momento mantiene un prudente silencio, enviará una misión técnica a Buenos Aires para analizar escenarios de crisis, reuniéndose con la CGT, empresarios y exministros de Economía, una señal clásica de que busca perspectivas fuera del relato oficial. Mientras tanto, cambios clave en la cúpula del organismo, con la salida de críticos de la gestión de Caputo y la entrada de figuras más afines, sugieren que podría estar comenzando, una vez más, la caza de créditos políticos altamente cuestionables, tal como ocurrió en el ocaso del gobierno de Macri. El fantasma de la repetición de la historia ronda con fuerza la Casa Rosada.

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