Un informe del INDEC contradice las cifras expuestas por el Presidente Milei, quien aseguró haber liberado de la pobreza a 12 millones de argentinos. Los números oficiales, sin embargo, revelan una realidad menos auspiciosa y desatan un debate técnico sobre la metodología de medición.
El presidente Javier Milei ha instalado en el debate público una cifra que repite de manera constante: la de haber rescatado de la pobreza a doce millones de argentinos. Sin embargo, el reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondiente al primer semestre del año proyecta un escenario significativamente diferente, generando una profunda controversia entre las afirmaciones gubernamentales y los datos estadísticos.
Las cifras oficiales indican que la pobreza afecta al 38,1% de las personas, lo que equivale a aproximadamente 14,8 millones de ciudadanos. A su vez, la indigencia alcanza al 8,2% de la población, es decir, unos 3,2 millones de personas. Estas estimaciones, basadas en la extrapolación de los datos recogidos en los principales aglomerados urbanos a todo el país, contradicen frontalmente la optimista declaración presidencial.
Una Disminución, pero Lejos del Relato Oficial
Al realizar una comparación interanual con el último trimestre de 2023, se observa efectivamente una reducción en los índices. La cantidad de personas en situación de pobreza habría descendido en alrededor de 4,8 millones, mientras que los indigentes serían 2,4 millones menos. No obstante, esta mejora dista mucho de la magnitud de doce millones proclamada por el mandatario. Incluso si se toman los propios parámetros del Gobierno, que contrastan los datos del primer semestre de 2024 con el pico máximo registrado en el primer semestre del año pasado, la baja en la pobreza sería de aproximadamente 10 millones de personas, una cifra que tampoco se condice con el anuncio presidencial.
La divergencia ha llevado a que desde el propio Ministerio de Capital Humano se emitiera un comunicado celebrando que «más de 6,2 millones de personas salieron de la pobreza en un año», un número que, si bien positivo, choca con lo anticipado insistentemente por el Presidente. Esta incongruencia pone en evidencia las tensiones dentro del mismo oficialismo respecto a cómo presentar los resultados económicos.
La Sombra de la Metodología
Más allá de la discrepancia numérica, expertos y centros de estudio han alzado la voz sobre posibles problemas en la forma en que se mide la pobreza. La principal crítica se centra en la falta de actualización de las canastas básicas utilizadas como referencia. El INDEC continúa utilizando patrones de consumo basados en encuestas de gastos de los hogares realizadas hace casi dos décadas, lo que subestimaría el peso actual de rubros críticos como la energía y el transporte.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señala que, mientras la canasta oficial supone que los hogares destinan el 44,8% de sus gastos a alimentos, encuestas más recientes indican que este porcentaje es significativamente menor, alrededor del 27%. Esta sobrestimación del gasto alimentario en la metodología vigente podría estar pintando una imagen más favorable de la realidad, ya que la línea de pobreza se calcularía con un parámetro desactualizado.
Por otro lado, se encuentra el problema de la declaración de ingresos en un contexto de alta inflación. La medición se basa en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), donde la percepción y declaración de los ingresos pueden verse distorsionadas en escenarios de volatilidad económica. Algunos análisis sugieren que una parte de la aparente mejora se explica no por una ganancia real del poder adquisitivo, sino por una mejor captación estadística de ingresos que antes no se declaraban correctamente.
En definitiva, el anunciado «éxito monumental» en la lucha contra la pobreza se encuentra en un terreno pantanoso, entrecruzado por diferencias numéricas dentro del propio gobierno y por serias advertencias técnicas sobre la precisión de los instrumentos de medición. La contundencia de las frases del Presidente parece diluirse ante la complejidad de las estadísticas y las dudas metodológicas que persisten, dejando en evidencia que la batalla contra la pobreza es también una batalla por la interpretación de los números que la definen.
