Miles de personas colmaron las calles en repudio al triple femicidio de Florencio Varela, en una marcha donde el dolor de las familias se fusionó con la rabia ante la impunidad y la violencia machista, culminando con enfrentamientos con las fuerzas policiales.
Bajo un cielo gris que negaba cualquier atisbo primaveral, los nombres de Brenda, Morena y Lara se alzaron bordados en una bandera que congregaba no solo una protesta, sino un duelo colectivo. Ese pedazo de tela multicolor, cargado por los seres queridos de las tres jóvenes asesinadas y descuartizadas hace una semana en Florencio Varela, encabezó una movilización masiva que convirtió la Plaza de Mayo en un clamor de dolor y furia. La última y estremecedora información que recibieron las familias antes de la concentración fue la identificación de un presunto autor intelectual, un líder narco conocido como «Pequeño J».
La respuesta social fue inmediata y contundente. Organizaciones feministas, sindicatos, agrupaciones políticas y una enorme cantidad de personas autoconvocadas se reunieron para repudiar el crimen atroz, transformando el dolor en una exigencia de justicia que resonó en más de treinta puntos del país. La cabecera de la manifestación en la capital fue un espacio de contención y abrazo para el sufrimiento de los allegados, protegidos por un cordón de organizaciones sociales que portaban una consigna elocuente: “Nuestras vidas no son descartables”.
Sin embargo, la jornada de reclamo culminó con episodios de violencia. Cuando la multitud se aproximaba al Congreso, las fuerzas de seguridad reprimieron a un grupo de manifestantes que acompañaba a los familiares, un hecho que se desencadenó tras una discusión con un periodista. La madre de Morena, una de las víctimas, resultó agredida en el confuso incidente. «Cuando los medios se retiran, la policía abre y deja pasar los autos, que se nos tiran encima con saña», denunció Sabrina, madre de una de las jóvenes, reflejando la tensión del momento.
Desde el primer instante en que se conoció la noticia, los familiares no dudaron en movilizarse, trasladándose desde La Matanza para estar presentes en la convocatoria. Rápidamente, el caso abrió dos frentes de debate: uno político, centrado en la jurisdicción del crimen, y otro profundamente estigmatizante, que ponía el foco en la vida de las víctimas. Frente a este último, el movimiento feminista alzó una consigna unánime este sábado: “No hay buenas ni malas víctimas, hay femicidios”.
La referente del Frente de Izquierda, Myriam Bregman, destacó la importancia de la rápida reacción social para encuadrar el crimen. «Fue crucial salir a decir rápidamente que fueron tres femicidios; hoy la causa sería tratada de una manera muy diferente si no lo hubiéramos hecho», afirmó. Al mismo tiempo, señaló la responsabilidad del poder político en el crecimiento del negocio narco, denunciando la existencia de mecanismos de lavado de dinero que facilitan estas operaciones criminales.
La crudeza del caso puso una vez más al movimiento feminista en el centro de la escena, en un contexto donde la lucha por los derechos de las mujeres sigue más vigente que nunca. Natalia Zaracho, diputada nacional, se refirió al estigma que pesa sobre las víctimas de contextos de vulnerabilidad: «Siempre nos ponen la lupa en lo chiquito, en cómo una piba se rebuscó la vida para llevar un plato de comida a su casa. Y eso se convierte en un juicio moral», expresó, subrayando que la condena real es la pobreza estructural y la falta de oportunidades.
Pese a la angustia, las familias encontraron en la movilización una chispa de fortaleza. Cerca del anochecer, Karen, tía de una de las jóvenes, compartió un mensaje cargado de emotividad: «Le pedimos a la sociedad que tenga más empatía con Lara, tenía 15 años, basta de tanto morbo. Era una niña que no tuvo tantas oportunidades como otras chicas. Pero aún así me voy más fortalecida de esta marcha». Sus palabras confirmaron, una vez más, que la calle, incluso para quienes no están acostumbrados a habitarla en protesta, puede ser un territorio de reparación y una trinchera contra el olvido.
