En una decisión sin precedentes, el gobierno de Milei se alinea con una mínima facción de naciones, rompiendo con una tradición diplomática de décadas y marcando una nueva dirección en su inserción internacional, que genera controversia y señala un distanciamiento de las mayorías globales.
Por primera vez en su historia, la Argentina ha alterado de manera radical su postura frente al prolongado embargo comercial que Estados Unidos mantiene sobre la isla de Cuba, una medida que se extiende por más de seis décadas. En una votación celebrada este miércoles en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el país sudamericano, bajo la actual administración de Javier Milei, optó por respaldar la política de bloqueo, situándose en un grupo reducidísimo de naciones que defienden esta controvertida posición.
El aislamiento de la Argentina fue patente. Únicamente otros cinco gobiermos, además del propio Estados Unidos, secundaron esta postura. Este exclusivo conjunto incluye a la Hungría del ultranacionalista Viktor Orban, el Israel del primer ministro Benjamin Netanyahu –cuya gestión está cuestionada por presuntos crímenes de lesa humanidad en Gaza–, y la Ucrania de Volodimir Zelensky, una nación cuya defensa depende en gran medida del respaldo militar norteamericano. Completan la lista el Paraguay de Santiago Peña –cuyo mentor político, Horacio Cartes, recientemente vio levantadas las sanciones impuestas por Washington– y Macedonia del Norte, un país que aguarda con impaciencia su anhelada incorporación a la Unión Europea.
Esta decisión constituye la materialización de la doctrina de alineamiento automático con Estados Unidos e Israel que el presidente Milei promulgó desde el instante mismo en que asumió el poder. No obstante, este viraje genera un contraste evidente con la posición sostenida tan solo el año pasado. En octubre de 2023, la representación argentina ante la ONU había mantenido una política de Estado consistente, votando a favor de la moción para dar por terminado el embargo norteamericano. Aquella determinación, fiel a la tradición diplomática del país, le costó el cargo a la entonces canciller Diana Mondino, quien fue reemplazada poco después.
Como es habitual desde hace más de treinta años, la resolución de la Asamblea General –de carácter no vinculante– que condena el embargo a Cuba fue ratificada por una abrumadora mayoría. En esta oportunidad, el texto recibió el apoyo de 165 estados miembros, mientras que doce optaron por la abstención. Se trata de la trigésima tercera ocasión en que el principal órgano deliberativo de las Naciones Unidas se pronuncia sobre este espinoso asunto. Sin embargo, las sucesivas administraciones en Washington, sin distinción de partido, han optado sistemáticamente por desoír el mandato mayoritario de la comunidad internacional.
A pesar del resultado contundente a favor del levantamiento del bloqueo, el escenario global exhibe un ligero, aunque significativo, movimiento. La votación del año anterior había registrado un respaldo aún más amplio, con veintidós adhesiones adicionales. En esa oportunidad, solo dos naciones se opusieron abiertamente –Estados Unidos e Israel– y se contabilizó una única abstención, correspondiente a Moldavia. Estas cifras parecen indicar que un grupo, aunque minoritario, de países ha decidido en el último tiempo expresar su acercamiento al gobierno de Donald Trump mediante un gesto simbólico, que suele ser valorado positivamente en los círculos de poder de la capital norteamericana.
El origen de este conflicto se remonta a los años más tensos de la Guerra Fría. Estados Unidos inició la implementación de su bloqueo económico y comercial contra Cuba en 1960, para convertirlo en un embargo total apenas dos años después. A lo largo de las décadas, y particularmente tras la finalización del conflicto bipolar, Washington introdujo ciertas flexibilizaciones en su aplicación. No obstante, en ningún momento consideró de manera seria o definitiva la posibilidad de eliminar por completo esta medida, que se ha convertido en uno de los temas más perdurables y divisivos de la diplomacia internacional. La reciente decisión de Argentina no solo la acerca a Washington, sino que la distancia de la gran mayoría de sus pares, redefiniendo su lugar en el mundo.
