Una combinación de factores estacionales, especulación y la expectativa por un aumento de las exportaciones a Estados Unidos presiona al alza el valor del ganado, lo que se trasladará a la góndola con incrementos que podrían superar el 15%, profundizando la crisis en el consumo interno.
Tras un breve período de relativa calma, la carne vacuna retomó una senda ascendente que amenaza con alejar aún más los cortes más populares del alcance de los consumidores. La tranquilidad en los precios que se había observado durante varios meses, con aumentos incluso por debajo de la inflación, llegó a su fin. El sector productor atribuye esta nueva ola de aumentos a una compleja trama donde confluyen el clima, la especulación en vísperas de las fiestas y, de manera fundamental, un repunte significativo en el valor del ganado en pie.
Desde la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), su presidente, Miguel Schiaritti, confirmó el fenómeno. A pesar de una entrada masiva de casi 12.000 cabezas a los mercados, los valores experimentaron subas abruptas. Schiaritti explicó que este movimiento no obedece a la especulación, sino a un ciclo estacional previsible: la gradual finalización de la hacienda nacida el año anterior comienza a restringir la oferta disponible. El dirigente anticipó que el impacto final en el mostrador aún debe esperar a los últimos días del mes, pero proyectó que el ajuste podría situarse entre un 10% y un 15%.
Este incremento, que comenzó a gestarse de manera lenta en el mercado mayorista, empezaría a reflejarse en las carnicerías hacia fines de noviembre o principios de diciembre. La perspectiva es que los cortes tradicionales, que actualmente oscilan entre los $13.000 y $18.000 el kilo, podrían superar sin dificultad la barrera de los $20.000, un nivel que ahonda la preocupación por el acceso a la proteína básica por excelencia.
Desde la trinchera del comercio minorista, la visión es aún más dramática. Hugo Chalín, propietario de la carnicería Chalín, pintó un cuadro desolador del consumo. Alertó que los aumentos reales que observa distan mucho de las cifras oficiales más moderadas, y describió una clientela que se ve forzada a comprar cantidades mínimas, con montos fijos que ya no alcanzan para llevar un kilo completo. “Al argentino no le interesa que los jubilados no puedan comer carne”, manifestó con crudeza, y llegó a comparar la gravedad del momento actual con la profunda crisis del año 2001, exigiendo al Gobierno un plan concreto para contener lo que calificó como costos “exagerados”.
La expectativa exportadora y la sombra del desabastecimiento
En paralelo a esta tensión interna, un anuncio de alto impacto genera optimismo en la industria frigorífica, pero también enciende alarmas sobre la capacidad de abastecer tanto el mercado externo como el local. Se trata de la potencial ampliación de la cuota de exportación de carne vacuna hacia Estados Unidos. La medida, calificada como “muy buena y necesaria” por actores clave del sector, podría multiplicar por cuatro el volumen actual, pasando de 20.000 a 80.000 toneladas anuales.
Si bien esta apertura representa una excelente noticia para la balanza comercial y la rentabilidad de los feedlots y frigoríficos, surge una profunda preocupación en la cadena de valor: la falta de hacienda. Un dato revelador agrava este temor: la faena de vacas, un indicador crucial del stock ganadero, alcanzó en septiembre un alarmante 47%. Este número sugiere que el país podría no estar suficientemente preparado para satisfacer una demanda internacional en expansión sin comprometer el abastecimiento en el mercado doméstico, lo que ejercería una presión adicional y sostenida sobre los precios, consolidando una tendencia que parece alejar irreversiblemente el asado de los hogares argentinos.
