Tras el triunfo electoral, la esperanza de acceso a la vivienda se desvanece ante el aumento de tasas y requisitos bancarios. Expertos del sector inmobiliario analizan el panorama sombrío y advierten sobre los peligros de endeudarse en un contexto de inestabilidad.
La promesa de la vivienda propia se esfuma para la clase media argentina en un escenario financiero cada vez más hostil. Contrario a las expectativas generadas tras el resultado de los comicios, el acceso al crédito hipotecario enfrenta nuevos obstáculos. En una jugada que conmocionó al mercado, el Banco Nación decidió incrementar este lunes la tasa de sus préstamos UVA, elevándola del 4,5% al 6%. Esta institución, que hasta ahora concentraba más del cuarenta por ciento de las solicitudes, establece así un preocupante precedente para el resto del sistema bancario.
La situación crediticia navega en un mar de incertidumbre. Previo a las elecciones, las tasas de los bancos privados se habían disparado hasta un 17%, para luego experimentar un descenso moderado la semana pasada. Sin embargo, esta leve mejura se ve ahora opacada por la medida del Nación. En la actualidad, las entidades financieras exhiben una amplia gama de tasas, que oscilan entre el 4,5% del Banco Ciudad para operaciones en Microcentro y valores que rondan el 15% en bancos como Santander, Supervielle o Macro.
Según Ezequiel Wierzba, Director de Click Aparts, el financiamiento para viviendas se encuentra paralizado no solo por el alza de las tasas, sino también debido a la incertidumbre económica y la ausencia de previsibilidad a largo plazo. “El sistema financiero está más cauto y la demanda, más contenida”, afirma el especialista, quien subraya que el poder adquisitivo continúa rezagado frente a los valores inmobiliarios.
Pero el incremento en los costos financieros es solo una parte del problema. Las entidades bancarias han endurecido de forma drástica los requisitos de acceso. El scoring, ese puntaje numérico que resume el historial crediticio de una persona, se ha elevado a niveles casi prohibitivos. Donde antes se solicitaban alrededor de 450 puntos, hoy la mayoría de los bancos exigen más de 900 para aprobar una solicitud. Esta barrera técnica excluye a un vasto sector de la población.
A este panorama se le suma el alarmante aumento de la morosidad, que según el Banco Central alcanza al 5,6% de las familias, su nivel más alto en los últimos dieciséis años. Esta cifra, que la consultora LCG equipara a los registros de la pandemia, evidencia la creciente incapacidad de los hogares para hacer frente a sus compromisos financieros.
Frente a esta realidad, los actores del mercado inmobiliario coinciden en que la recuperación del crédito requiere, ante todo, estabilidad. “Para que el crédito hipotecario vuelva de manera sostenida, tiene que haber una inflación controlada, tasas más bajas y un tipo de cambio previsible”, insiste Wierzba. Por su parte, Francisco Altgelt, presidente de Altgelt Negocios Inmobiliarios, expresa su esperanza de que, en caso de un retorno del financiamiento, este pueda extenderse a segmentos de ingresos más bajos y no solo a los sectores de mayores recursos.
Respecto al futuro de los precios de las propiedades, los analistas proyectan escenarios diversos. Algunos consideran que un eventual aumento en la demanda crediticia podría impulsar los valores, inicialmente en unidades pequeñas y medianas. Otros, en cambio, como Altgelt, anticipan una curva ascendente lenta o incluso una estabilización si el crédito no se reactiva.
El riesgo subyacente para quienes logren acceder a un préstamo es significativo. Hoy, una cuota para un departamento de dos ambientes en la Ciudad de Buenos Aires puede variar entre $400.000 y $700.000 mensuales. Ante la posibilidad de que una suba de la cuota supere los ingresos familiares, los expertos recomiendan actuar con celeridad. Las alternativas incluyen negociar una refinanciación con el banco, vender la propiedad para cancelar la deuda o, en casos extremos, recurrir a la dación en pago, que implica la devolución de la vivienda a la entidad financiera. En un contexto económico tan volátil, el sueño de la casa propia puede convertirse con facilidad en una carga financiera insostenible.
