Bajo una aparente calma, los principales referentes del sector fabril atraviesan su momento más crítico. La apertura importadora y el tipo de cambio apreciado golpean con una velocidad inédita, mientras crece la desesperanza sobre una recuperación. Aunque evitan la confrontación pública, en privado admiten un colapso que amenaza miles de puestos de trabajo.
Un manto de discreción cubre los preparativos de la Conferencia Anual de la Unión Industrial Argentina. A puertas cerradas, los máximos directivos del sector fabril expresan un diagnóstico desolador sobre el rumbo económico, aunque han optado por mantener sus críticas lejos de los micrófonos. El consenso privado entre los dirigentes es categórico: la combinación de un dólar barato y una desregulación para el ingreso de productos extranjeros está aniquilando la capacidad productiva local a un ritmo más acelerado que en cualquier otro período de la historia reciente.
La penetración de manufacturas importadas ha alcanzado niveles extraordinarios, forzando a numerosas fábricas a operar con una estructura híbrida. Según admiten en conversaciones confidenciales, muchas compañías ya dependen en un cincuenta por ciento de bienes traídos del exterior para sostener su actividad, con el consiguiente deterioro del entramado productivo y un impacto directo en el empleo registrado. La perspectiva que prevalece es de profunda pesadumbre, sin atisbos de una reactivación ni siquiera en el horizonte lejano, agravada por el congelamiento del poder adquisitivo de la población.
Esta estrategia de baja exposición pública cuenta con un sustento ideológico proveniente de uno de los holdings más influyentes. El grupo Techint, liderado por Paolo Rocca, ha modificado su postura tras las elecciones, abandonando cierta retórica crítica para alinearse con el gobierno libertario. La directiva interna es no agitar las aguas, resistir el temporal y reconvertir las operaciones donde sea necesario. Esta posición, sin embargo, es vista con recelo por algunos de sus pares, quienes señalan que la corporación cuenta con el resguardo de sus lucrativos negocios en el sector petrolero para sortear la tormenta.
La gravedad del cuadro actual se manifiesta en sectores considerados estratégicos, que ya registran un volumen de importaciones superior a su producción doméstica. Un ejemplo elocuente es la metalurgia, actividad fundamental para el desarrollo industrial, que este año evidencia un incremento del sesenta por ciento en la compra de insumos externos respecto al período anterior. Las ramas textil y del calzado enfrentan una realidad aún más dramática, con importaciones que compiten de manera agresiva, generando ya despidos masivos de personal.
La voz pública que traduce esta cautelosa postura es Martín Rappallini, titular de la UIA y hombre de confianza del holding Techint. Será quien dé inicio a la muestra anual, que contará con la participación del ministro de Economía, Luis Caputo. Rappallini, encargado de moderar los ánimos más exaltados, representa al sector empresario en el Consejo del Mayo, donde se discute una Reforma Laboral que se erige como objetivo central de la convención, junto con una insistente presión por una reforma tributaria.
Mientras el discurso oficial proyecta una imagen de estabilización, en los foros privados de los industriales circulan noticias que reflejan la crudeza de la recesión. Dos casos recientes ejemplifican la crisis: la toma de un frigorífico en Villa Gobernador Gálvez por sus trabajadores, debido a la caída del consumo y la falta de pago de salarios, y la quiebra definitiva de la láctea La Suipachense, que dejó en la calle a 120 empleados, un destino similar al sufrido meses atrás por un proveedor clave de la cooperativa Sancor.
La comparación con experiencias pasadas es inevitable, pero los industriales introducen un matiz preocupante. Sostienen que el proceso actual avanza con mayor celeridad que el de los años noventa, argumentando que la apertura comercial está eliminando empleos calificados en menos de dos años y de manera transversal. A esto se suma un factor geopolítico determinante: el poderío actual de China, que dista mucho del de hace tres décadas. La nación asiática es hoy infinitamente más potente en calidad y tecnología, lo que le permite absorber con rapidez cualquier mercado que elimina sus barreras protectoras.
La incógnita que flota en el ambiente es si durante las exposiciones de la conferencia alguno de los oradores se animará a romper el molde y plantear abiertamente la crítica. Existen fuertes presiones internas para que, como mínimo, se incluyan advertencias sobre el avance imparable de las importaciones y el preocupante crecimiento del contrabando en fronteras que, aseguran, carecen de un control efectivo por parte del Estado.
