En un pueblo misionero que es ejemplo de lucha y resistencia, el músico compartió una jornada cargada de emociones, reafirmando su compromiso con las causas sociales y el poder transformador de la educación pública.
Bajo el sol intenso de la tarde misionera, la llegada de León Gieco a la pequeña localidad de Dos Hermanas, un paraje en frontera seca con Brasil, cristalizó una vez más la esencia de un artista que, más allá de los grandes escenarios del mundo, nunca abandonó el vínculo esencial con las comunidades. Su visita, en el marco de los diez años del Instituto de Enseñanza Agropecuaria IES 17, se transformó en un emotivo acto de reafirmación para una escuela que ha forjado la primera generación de jóvenes con estudios secundarios de la zona, promoviendo el arraigo y enfrentando incluso un violento atentado por la lucha por la tenencia de la tierra.
El espíritu de la celebración estuvo marcado por un sentido homenaje a Hugo Soriani, director general de este diario fallecido en abril pasado. Dentro del museo que alumnos y alumnas construyeron en la primera y rudimentaria estructura de la escuela –conservada como un símbolo de sus humildes orígenes–, una pared completa está dedicada a su memoria, reuniendo cada una de las notas publicadas en este medio. “Cada una de esas publicaciones ayudó a visibilizar nuestra realidad y fue fundamental para conseguir avances en momentos concretos. Aquí, cada logro es una batalla, y mantenerlo, otra”, afirmó Nuria Lantos, coordinadora pedagógica y una de las fundadoras de la institución. Gieco, quien conoció este proyecto a través de Soriani, se conmovió profundamente al recorrer el espacio y evocar la figura de su amigo.
La ansiedad inicial por la presencia del ídolo, que movilizó a familias de localidades vecinas, fue mutando con el transcurso de las horas hacia la calidez de una postal de otro tiempo: una kermés de pueblo, con el escenario montado en el patio, donde el invitado principal se fundió con los artistas locales, siendo simplemente uno más en la fiesta. La escena derivó en un momento de gran carga emotiva, donde pocos ojos permanecieron secos. Las canciones del repertorio de Gieco, entonadas casi como en un fogón, resonaron con una fuerza especial. Los estudiantes se sumaron en un coro vibrante para interpretar “Cinco siglos igual” y una versión de “Solo le pido a Dios” en portuñol, un rasgo identitario de la región. La emoción escaló cuando el profesor de música de la escuela, Nicolás Dos Santos, junto a su grupo “Los Parceros del Fandango”, compartió con el artista una versión de “Carito”, para luego llamar a su propio padre, Miguel, también músico y fanático, a relatar cómo la música de León lo marcó durante los años ochenta.
“A León lo escucho desde la panza de mi mamá”, confesó una de las integrantes del colectivo cultural Los Aromos, intentando explicar las lágrimas que brotaban de sus ojos. “Esto va más allá de sus canciones; él es un referente para nosotros, un tipo que siempre estuvo donde había que estar”, completó su compañera, resumiendo el sentimiento general. El público, que primero buscó refugio bajo la sombra, terminó ocupando todo el patio en una fiesta que, aunque aparentemente espontánea, dejaba entrever una inmensa labor detrás de cada detalle.
La jornada, bautizada como la IV Expo Artística 2025 “La cultura es la sonrisa”, fue también un recordatorio del papel central que cumple la escuela en la comunidad, especialmente tras el reciente ataque sufrido por sus docentes fundadores. Este acto de hostigamiento ocurrió precisamente cuando los vecinos comenzaban a reunirse en el establecimiento para buscar soluciones colectivas ante la aparición de supuestos propietarios de las tierras.
Entre bancos, cables de sonido y abrazos, el ministro de Cultura de la provincia, Joselo Schuap, quien también ofició de anfitrión y conductor durante la gira, no dudó en afirmar: “Cada vez que lo hemos convocado para una movida social y solidaria, León ha estado. Es uno de los nuestros”.
Al ser consultado sobre su incansable actividad, Gieco recordó con humor la filosofía de Pete Seeger, quien decidió dedicar sus últimos años exclusivamente a actuaciones solidarias. “Yo digo que tengo hasta los 106. Hasta entonces, mi deseo es colaborar con estas causas; es lo que quiero de aquí en adelante”, declaró el músico, cuya travesía por Misiones también incluyó grabar “Solo le pido a Dios” en guaraní con un coro de niños en Santa Ana y recibir un Doctorado Honoris Causa en la Universidad Nacional de Misiones. Así, entre reconocimientos académicos y patios de tierra, la música de Gieco sigue siendo un puente, uniendo de Ushuaia a La Quiaca en el nuevo siglo, y confirmando que su escenario esencial es, y siempre será, el lugar donde late el corazón de la gente.
