El discurso encendido de Nicolás del Caño y las continuas interrupciones de Lilia Lemoine convirtieron la sesión preparatoria en un tenso forcejeo político, evidenciando las profundas grietas que atraviesan la Cámara Baja.
La jornada inaugural en la Cámara de Diputados se transformó rápidamente en un campo de batalla verbal, donde los juramentos de los legisladores del Frente de Izquierda actuaron como detonante de una profunda tensión ya latente. El ambiente, cargado de polarización, estalló con la intervención del diputado Nicolás del Caño, quien desde el estrado pronunció un compromiso político que incendió los ánimos y desató una inmediata reacción de repudio y apoyo.
Del Caño, en una declaración alejada de la fórmula tradicional, juró por las personas jubiladas que “enfrentan a este gobierno represor”, por los colectivos de la Discapacidad y la Salud, y extendió su solidaridad internacional a “las niñas y niños masacrados en Gaza”, abogando por una Palestina libre. Su proclama culminó con una contundente consigna antiimperialista: “¡Fuera Trump de Venezuela y de América Latina!”, sellando así un discurso que ya había reafirmado su compromiso con la clase trabajadora y el socialismo.
La respuesta desde algunos sectores del hemiciclo no se hizo esperar. Sin embargo, fue la diputada de La Libertad Avanza, Lilia Lemoine, quien una vez más se situó en el epicentro de la polémica. Conocida por sus recurrentes actitudes disruptivas dentro del recinto, que van desde insultos hasta gestos impropios, Lemoine inició una serie de gritos e interrupciones dirigidas al orador, alimentando un clima de caos que obligó a pausar momentáneamente el desarrollo formal de la sesión. Este comportamiento no fue aislado, sino que se repitió como una constante a lo largo de la jornada.
La tensión se recrudeció con el juramento de Romina Del Plá, quien también dedicó su acto a una enérgica defensa de los trabajadores y los jubilados, al tiempo que denunció la persecución a manifestantes y cualquier intento de desmantelar la educación pública. Su mensaje, que incluyó una firme posición sobre el conflicto en Medio Oriente, avivó nuevamente los gritos de protesta desde la bancada libertaria, con Lemoine como figura prominente, aunque sus palabras precisas se perdieron en el barullo general.
El cierre de este capítulo de furia llegó de la mano de Myriam Bregman. La diputada, manteniendo la línea de sus compañeros de bloque, rindió homenaje a la memoria de los detenidos-desaparecidos y lanzó otra crítica a la política exterior estadounidense. Pero el momento culminante se produjo cuando, de manera directa y exasperada, Bregman se volvió hacia Lemoine y le espetó: “Y que esta señora se calle la boca porque la verdad nos tiene re cansados”. La frase, recibida con una explosión mixta de estruendosos aplausos y renovados abucheos, encapsuló el desgaste que genera en parte del hemiciclo la conducta de la legisladora ultraderechista.
La sesión preparatoria, lejos de ser un mero trámite protocolario, dejó al descubierto un escenario parlamentario profundamente fracturado, donde los símbolos y las consignas reemplazan al diálogo y donde la figura de Lemoine se erige, una vez más, como el catalizador de un estilo de confrontación que promete dominar los debates en el Congreso en el futuro inmediato.
