La ceremonia en Washington delineó el camino para las 48 selecciones. Francia, Inglaterra y Brasil enfrentarán desafíos inmediatos, mientras el recuerdo de gigantes caídos en fases iniciales de ediciones pasadas aviva la alerta sobre la imprevisibilidad del torneo.
La incertidumbre que rodeaba al camino inicial de las selecciones hacia la Copa del Mundo de 2026 se disipó este viernes en una gala celebrada en Washington. El sorteo estableció los doce grupos que darán forma a la fase inicial del magno evento, el cual se desarrollará del 11 de junio al 19 de julio en sedes distribuidas entre Estados Unidos, México y Canadá. El torneo, que inaugurará su capítulo en el mítico Estadio Azteca y culminará en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, ya tiene un mapa definido y con zonas de notable exigencia.
Entre las composiciones más temibles destaca el Grupo I, que reúne a la poderosa Francia, subcampeona en las dos últimas ediciones, la sólida Senegal, la Noruega de Erling Haaland y un rival por definir en el repechaje. La presencia de astros de talla mundial y el bajo promedio de ranking FIFA en esta zona la señalan como un conjunto de alto riesgo desde el primer partido. Una atención similar recae sobre el Grupo L, donde Inglaterra y Croacia, ambas con actuaciones destacadas en mundiales recientes, compartirán lote con Panamá y Ghana, combinados conocidos por su capacidad de sorpresa.
Otro bloque que promete fuertes emociones es el Grupo C, donde Brasil, bajo el mando técnico de Carlo Ancelotti, se medirá con Marruecos, la sorprendente cuarta plaza en Qatar 2022, además de Escocia y Haití. La paridad también se manifestó en los Grupos H y J. El primero alberga a España, líder del ranking, junto a Uruguay, Arabia Saudita y Cabo Verde. El segundo presenta al campeón defensor, Argentina, en un enfrentamiento con Austria, Argelia y Jordania, un panorama que, si bien favorece en papeles a la Albiceleste, demanda máxima concentración.
Este abanico de posibilidades y peligros para las selecciones favoritas tiene un amplio historial en la era moderna del torneo. La expansión a 32 equipos, vigente desde Francia 1998, multiplicó las variables y sembró la semilla de sorpresas monumentales. Ejemplos no faltan: en Qatar 2022, Alemania, por segunda vez consecutiva, no superó la fase de grupos. En Rusia 2018, la misma selección germana, entonces vigente campeona, cayó eliminada en la primera ronda. Retrocediendo en el tiempo, el Mundial de Brasil 2014 fue escenario del estruendoso fracaso de España, que no pudo defender su título y cayó en la fase inicial, un destino compartido entonces por Inglaterra e Italia, esta última sumida en una prolongada ausencia de fases eliminatorias mundiales desde entonces.
Incluso la Argentina ha conocido la amargura de una eliminación prematura en esta era, tal como ocurrió en Corea-Japón 2002, cuando una generación brillante comandada por Marcelo Bielsa no logró avanzar ante Suecia e Inglaterra. Estos antecedentes históricos funcionan como una advertencia para los llamados gigantes del fútbol: ningún partido puede darse por sentado en la fase de grupos. El sorteo de 2026, con sus grupos equilibrados y cargados de estrellas, no hace más que confirmar que el camino hacia la gloria estará plagado de obstáculos desde el momento cero, y que el verdadero «Grupo de la Muerte» a menudo se define no solo en el papel, sino en la inmensidad del campo de juego.
