Un Mercosur Dividido: Milei Avanza con una Agenda Disruptiva en la Cumbre de Foz de Iguazú

Un Mercosur Dividido: Milei Avanza con una Agenda Disruptiva en la Cumbre de Foz de Iguazú

En un contexto de polarización regional, el presidente argentino desafió los principios fundacionales del bloque, celebró la injerencia estadounidense en Venezuela y cuestionó la esencia del proceso de integración, mientras Lula Da Silva advirtió sobre los riesgos de una escalada militar.

La 67ª Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, celebrada frente a las majestuosas Cataratas del Iguazú, quedó marcada por un profundo desencuentro ideológico y geopolítico que refleja la fragmentación del continente. Lejos de los tradicionales gestos de camaradería, el encuentro fue escenario de un enfrentamiento verbal directo entre el presidente de Argentina, Javier Milei, y su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo núcleo fue la postura ante Venezuela y el rol de Estados Unidos en la región.

Con la firma del añorado acuerdo con la Unión Europea nuevamente pospuesta, la atención se centró en el discurso rupturista del mandatario argentino. Envalentonado por el avance de fuerzas políticas afines en el continente, Milei utilizó la tribuna para lanzar una ofensiva contra los pilares del Mercosur y para alinearse explícitamente con la política exterior de Washington. En una intervención cargada de doctrina, calificó al gobierno de Nicolás Maduro como una “dictadura atroz” y, en un giro histórico para la diplomacia argentina, celebró la presión ejercida por Estados Unidos sobre Caracas, incluyendo la del expresidente Donald Trump. “El tiempo de los acercamientos tímidos se agotó”, declaró, instando al bloque a seguir su ejemplo y abandonar el principio de no intervención, base del derecho internacional.

Esta posición chocó frontalmente con la expuesta por el anfitrión, Lula Da Silva. El líder brasileño alertó, con tono grave, sobre las devastadoras consecuencias humanitarias que tendría una intervención militar en Venezuela, un precedente que calificó de peligroso para toda Sudamérica. “Una intervención armada sería una catástrofe”, afirmó, recordando el conflicto de Malvinas como ejemplo de la injerencia de potencias extraregionales. En un intento por contener la escalada, Lula se ofreció como mediador entre Washington y Caracas, mencionando incluso una posible comunicación con Trump para buscar una salida diplomática.

La fractura se materializó al cierre de la cumbre con una declaración suscrita por seis países, liderada por Milei y el presidente paraguayo Santiago Peña, exigiendo el restablecimiento del orden democrático en Venezuela. El documento, carente del respaldo de Brasil y Uruguay, omitió deliberadamente toda referencia al rol de Estados Unidos y al despliegue militar, una concesión que, según se supo, fue clave para sumar algunas firmas pero que tensó aún más las negociaciones internas del bloque.

Más allá del debate sobre Venezuela, Milei cuestionó la razón de ser y la eficacia del Mercosur. Aseguró que el bloque no ha cumplido sus objetivos centrales, señalando la falta de un mercado común verdadero y la escasa coordinación entre los socios. Bajo esta crítica, subyace su objetivo estratégico: desmantelar las barreras para que Argentina pueda negociar tratados de libre comercio bilaterales, especialmente con Estados Unidos, algo actualmente vedado por las normas del grupo. Para el presidente argentino, el Mercosur debe abandonar su lógica de acción conjunta y permitir que cada país avance a su propio ritmo, un planteo que impugna el multilateralismo regional que dio origen al bloque.

La cumbre de Foz de Iguazú, por lo tanto, dejó al descubierto un Mercosur en una encrucijada existencial. La foto de familia frente a las cataratas no logró ocultar la distancia palpable entre sus principales líderes, evidenciando que el proceso de integración enfrenta su fase de mayor polarización, tensionado entre una visión que busca profundizar la apertura comercial unilateral y alianzas extraregionales, y otra que insiste en la autonomía, la mediación diplomática y la acción concertada, aunque esta última muestra signos de desgaste ante la nueva ofensiva ideológica.

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