La economía argentina consolida una frágil estabilidad y mira hacia 2026 como el año de la transformación

La economía argentina consolida una frágil estabilidad y mira hacia 2026 como el año de la transformación

Tras un año de ajustes profundos, los especialistas reconocen una sensible mejoría en los indicadores macroeconómicos, aunque advierten sobre la disparidad sectorial y los desafíos pendientes para convertir el ordenamiento en crecimiento sostenido. La política cambiaria y la evolución de los precios marcan la agenda inmediata.

La economía argentina cierra 2025 con un panorama significativamente más alentador del proyectado a principios de año, tras un arduo proceso de ordenamiento que logró avances más veloces de lo anticipado en frentes críticos. La notable desaceleración inflacionaria, una corrección en los precios relativos, una firme disciplina fiscal y la paulatina normalización de ciertos desequilibrios han sentado las bases para un escenario económico más previsible. Esta transformación, sin embargo, no se ha traducido en una reactivación uniforme, con sectores que aún enfrentan un contexto demandante, según el análisis de Lucas Pussetto, Master en Economía y docente del IAE Business School.

El experto subraya que el logro macroeconómico más destacado del período es que, por primera vez tras una prolongada etapa de crisis, el debate económico ha dejado de orbitar exclusivamente en torno a la urgencia y la emergencia. Una estabilidad aún incipiente comienza a erigirse como un activo concreto, mejorando las expectativas, restaurando la confianza y ampliando el horizonte de planificación para empresas y familias. No obstante, Pussetto advierte que este mejor desempeño no estuvo libre de costos y que la recuperación exhibe una marcada heterogeneidad entre diferentes ramas productivas.

En este escenario, el año 2026 se vislumbra como un momento bisagra. “Si el proceso de estabilización consolida sus cimientos, el desafío cardinal será transmutar esa estabilidad en un crecimiento sostenido y transversal, que alcance a la mayoría de los sectores”, explica Pussetto. La clave residirá en que la mejora macroeconómica se traduzca en inversión productiva, ganancias de productividad y una expansión del crédito, permitiendo que el crecimiento económico deje de ser un fenómeno episódico y sectorial para convertirse en un proceso amplio y duradero.

La perspectiva política también inyectó un soplo de certidumbre. Marina Dal Poggetto, profesora de Economía en el IAE Business School, señaló que el resultado de las elecciones legislativas, favorable a la administración del presidente Javier Milei, extendió el horizonte de planificación tanto económica como política. La reacción positiva de los mercados financieros y la consiguiente contracción del riesgo país incrementaron las probabilidades de que el Tesoro Nacional pueda comenzar a refinanciar vencimientos de deuda en el mercado local, aliviando la presión sobre las reservas del Banco Central (BCRA).

La reciente colocación de un bono en dólares en el mercado doméstico y el anuncio de que el BCRA iniciará compras de divisas a partir de enero, captando hasta un 5% de la oferta diaria, aceleraron esta compresión del riesgo. Este indicador, por primera vez desde inicios de 2025, logró romper a la baja la barrera psicológica de los 600 puntos básicos. Dal Poggetto destaca que el ajuste en las bandas cambiarias que entrará en vigencia el próximo 1 de enero, indexando el techo a la inflación, busca impedir un atraso cambiario y dar espacio a la acumulación de reservas. “A priori, luce que el gobierno prioriza la desinflación mientras espera acumular reservas vía cuenta capital, sin presionar el tipo de cambio. Veremos cómo se desarrolla esta pulseada bajo el nuevo esquema”, anticipa.

No obstante, tras este repunte, los activos locales han adoptado nuevamente una postura de cautela y expectativa, a la espera de la aprobación del Presupuesto y de la definición de la estrategia para afrontar los vencimientos de bonos del próximo 9 de enero, que ascenderían a unos 2.000 millones de dólares, según el economista Gustavo Ber. El objetivo inmediato, señala, parecería ser profundizar la caída del riesgo país, ya que con unos 150 puntos básicos adicionales a la baja podría reabrirse la posibilidad de acceder al mercado internacional de deuda para refinanciaciones.

En el frente cambiario, el dólar mayorista se mantiene estabilizado en torno a los $1.450, sostenido por la expectativa de que continuarán las liquidaciones de últimas emisiones corporativas y provinciales, y de que podrían reactivarse nuevas colocaciones en el exterior. Las compras impulsadas por el Tesoro también aportan al clima de tranquilidad, operaciones que podrían intensificarse a través de mecanismos que no alteren la plaza.

El cierre del año estará igualmente marcado por la evolución de los precios, un dato crucial para el nuevo esquema cambiario y para la determinación de obligaciones impositivas. Emilio Botto, Jefe de Estrategia de Mills Capital Group, advierte: “A pesar de la desaceleración en los precios mayoristas y de los bienes importados, el Índice de Precios al Consumidor continúa mostrando un piso elevado”. La principal presión, explica, proviene de los aumentos en tarifas de servicios, transporte e impuestos, que mantienen la inflación mensual en el orden del 2,5%. Pese a estas señales de fatiga en el consumo hacia fin de año, Botto completa que el repunte del PBI registrado en el tercer trimestre podría sostenerse, apuntalado fundamentalmente por la fortaleza que sigue exhibiendo la balanza comercial.

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