La senadora nacional de Unión por la Patria realizó una crítica feroz al proyecto económico oficialista, advirtiendo sobre su impacto recesivo y el vaciamiento del federalismo. Paralelamente, diagnosticó una crisis política inédita dentro de su espacio, exacerbada por la situación judicial de Cristina Kirchner.
En un análisis tan contundente como pesimista, la senadora nacional Juliana Di Tullio (Unión por la Patria) evaluó el rumbo económico del Gobierno y el turbulento panorama interno del peronismo. Sus declaraciones, formuladas en un medio radial, pintaron un cuadro de severos ajustes y una fractura política de consecuencias imprevisibles.
Respecto a la reciente aprobación del Presupuesto Nacional para el año 2026, la legisladora manifestó una postura frontalmente opositora. Aseguró que su bloque no albergaba esperanzas de triunfo parlamentario, pero sí la convicción de mantener una postura firme de rechazo. Di Tullio pronosticó que las consecuencias para la ciudadanía serán graves, al recibir un instrumento legal que consolida recortes y austeridad en pleno contexto recesivo.
Con tono enfático, recordó el inédito período de dos años sin una ley de presupuesto vigente, lapso durante el cual, según su visión, el Ejecutivo manejó los fondos públicos de manera discrecional y opaca. “La existencia del Presupuesto es lo que permite auditar y controlar”, explicó, vinculando directamente esa ausencia normativa con episodios de opacidad extrema. En este sentido, afirmó con dureza que escándalos como la incertidumbre sobre el paradero de las reservas de oro del Banco Central no habrían sido posibles bajo un escenario de control parlamentario habitual.
Para la senadora, el documento aprobado no se limita a profundizar el ajuste económico, sino que ataca directamente las bases del federalismo. Lo calificó como un “mal Presupuesto” que recorta transferencias a las provincias con el único propósito de maquillar un superávit financiero artificial. Esta dinámica, ilustró con el caso de la provincia de Buenos Aires –afectada por una deuda millonaria de la Nación–, implica en los hechos “el fin de la idea de un Estado Nación” integrado y solidario.
Al desplazar el foco hacia la interna de su fuerza política, Di Tullio admitió sin ambages que el peronismo enfrenta una crisis de magnitud histórica. Atribuyó esta convulsión a una combinación de factores traumáticos: la prisión de la expresidenta y presidenta del Partido Justicialista, Cristina Kirchner; la derrota en dos comicios nacionales consecutivos; y un clima de lo que definió como “persecución política y ensañamiento” judicial.
No obstante, trazó una distinción crucial: pese a la gravedad del momento, sostuvo que el movimiento no está desorientado gracias a la solidez de su doctrina. La situación de la máxima dirigente justicialista, subrayó, no es un dato menor sino un elemento de un profundo impacto simbólico y organizativo que inevitablemente genera y profundiza la crisis.
El diagnóstico de Di Tullio configura así una doble advertencia: por un lado, hacia la sociedad, sobre los efectos de un plan económico que considera regresivo; por el otro, hacia el interior de la coalición oficialista, sobre las profundas turbulencias que, según su perspectiva, amenazan la estabilidad y el futuro del espacio político mayoritario.
