China endurece su postura en el estrecho de Taiwán y reconfigura el tablero geopolítico global

China endurece su postura en el estrecho de Taiwán y reconfigura el tablero geopolítico global

Las maniobras militares lanzadas por Beijing alrededor de la isla llegan tras fuertes críticas al rol de Estados Unidos y marcan un punto de inflexión en la disputa estratégica que también involucra a Venezuela.

El pasado 19 de diciembre, el diario Página/12 publicó un artículo titulado “Venezuela, y después China”, cuyo tramo final planteaba una definición contundente sobre el rol que debería asumir Beijing frente a la presión militar ejercida por Estados Unidos sobre la República Bolivariana de Venezuela. Allí se sostenía que China debía enviar una señal inequívoca y firme para exigir el cese de la agresión, remarcando que no bastaban las declaraciones diplomáticas. El texto iba más allá y sugería que la opción más eficaz, aunque no la única, consistía en replicar la estrategia aplicada históricamente por Washington: un bloqueo integral, en este caso marítimo y aéreo, sobre Taiwán, evitando el uso directo de la fuerza armada. Bajo esa lógica, la nota concluía que Beijing no podía dilatar su accionar si pretendía impedir que la ley del más fuerte se impusiera sin límites en el sistema internacional, señalando al cerco sobre Taiwán como la carta decisiva tanto para defender a Venezuela como para disuadir futuras ofensivas estadounidenses.

Diez días después, las informaciones conocidas parecen dialogar de manera directa con aquella advertencia. Este 29 de diciembre, el mismo matutino informó que China puso en marcha la denominada “Misión Justicia-2025”, una serie de maniobras militares de gran escala en torno a Taiwán. El operativo incluye el despliegue coordinado de tropas terrestres, aeronaves, buques de guerra y sistemas de artillería de largo alcance, con el objetivo explícito de disuadir a las denominadas “fuerzas externas”. El contexto no es menor: el incremento del respaldo militar de Estados Unidos al gobierno autónomo taiwanés y las recientes visitas de dirigentes japoneses de alto perfil a la isla elevaron notablemente la tensión regional.

En sintonía con esa cobertura, la cadena internacional Russia Today (RT) destacó en la portada de su edición digital que China inició ejercicios de bloqueo y disuasión de carácter multidimensional en las inmediaciones de Taiwán. Según el medio, las maniobras involucran de manera conjunta al Ejército Popular de Liberación, la Armada, la Fuerza Aérea y la Fuerza de Misiles, y constituyen una advertencia directa para quienes promueven la independencia de la isla, de acuerdo con lo informado por el Comando del Teatro Oriental.

Desde Beijing, el detonante inmediato de esta política fue la reciente aprobación por parte de Estados Unidos de un paquete de armamento destinado a Taiwán por un monto superior a los 11.000 millones de dólares. Para las autoridades chinas, esa decisión representa una violación directa de su soberanía, de su seguridad y de su integridad territorial. Del otro lado, el gobierno taiwanés difundió un comunicado en el que condena con dureza a China, acusándola de desconocer las normas internacionales y de recurrir a la intimidación militar para amenazar a los países de la región.

Sin embargo, llama la atención la ausencia de pronunciamientos similares por parte de Taipéi frente al desplazamiento de la flota estadounidense hacia las cercanías de Venezuela. Ese movimiento naval, ampliamente documentado, constituye también una vulneración del derecho internacional y un uso explícito de la presión militar con el objetivo de forzar un cambio de gobierno en Caracas y asegurarse el control de sus vastos recursos petroleros. La diferencia de criterios expone una doble vara difícil de justificar en el discurso oficial taiwanés.

El desarrollo de los acontecimientos abre un escenario cargado de incertidumbre. Lo cierto es que la decisión de China introduce un factor de peso que altera la correlación de fuerzas en el ámbito global y obliga a los sectores más belicistas de Washington a recalcular sus próximos pasos. Una eventual escalada contra Venezuela podría desestabilizar el frágil equilibrio en el Mar del Sur de China y empujar a Beijing a avanzar de manera más contundente sobre la cuestión taiwanesa, incluso mediante el uso de la fuerza. Un desenlace de ese tipo no podría ser ignorado por Estados Unidos, ya que implicaría una redefinición profunda de sus prioridades estratégicas y de la agenda de política exterior delineada en su recientemente presentada Estrategia de Seguridad Nacional.

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