Diego Flores, tras igualar el récord histórico de Miguel Najdorf, reflexiona sobre su carrera, elogia el fenómeno Faustino Oro y describe un momento inmejorable para el juego ciencia en el país.
El gran maestro Diego Flores, flamante campeón nacional por octava vez, generó un profundo impacto en el ambiente ajedrecístico al equiparar la marca del inmortal Miguel Najdorf. Sin embargo, el jugador nacido en Las Palmas de Gran Canaria pero profundamente arraigado en Argentina, desdeña cualquier comparación con el ícono polaco-argentino. En una conversación exhaustiva, Flores desglosó los matices de su triunfo, evaluó el presente del ajedrez local y no escatimó elogios para la joven sensación Faustino Oro, a quien considera un prodigio sin precedentes.
Respecto a su hazaña personal, Flores manifestó una postura despojada de grandilocuencia. Aseguró que superar la cifra de Najdorf no constituye un aliciente para su motivación, subrayando la dimensión eterna del legado de quien definió como la figura que marcó el pulso del ajedrez argentino durante décadas. “Su figura trasciende todo; solo puedo compararme con él en eso”, expresó el gran maestro, quien a sus 42 años prefiere enfocarse en la calidad de su juego antes que en los récords.
Al analizar su performance en el certamen, Flores se mostró satisfecho con su regularidad y solidez, condiciones que le permitieron consagrarse sin conocer la derrota. Destacó especialmente su partida frente al niño prodigio Faustino Oro, a la cual calificó como “una de las más inspiradas” que haya jugado. Reconoció como punto débil una preparación de aperturas que no siempre se corresponde con su elevado ranking, pero se definió como un competidor agresivo, propenso a generar luchas complejas donde se siente cómodo.
El panorama nacional: una generación dorada
Al observar el escenario local, Flores pintó un cuadro excepcionalmente optimista. Sostuvo que, en términos competitivos y de proyección, el ajedrez argentino atraviesa un momento inmejorable. Subrayó la aparición de una camada de jóvenes talentosos que alcanzan títulos internacionales a una edad temprana, un fenómeno que considera poco frecuente en la historia reciente. “Faustino, por supuesto, lleva la bandera de todo eso, pero hay muchos”, afirmó, anticipando que estos jóvenes serán los encargados de marcar el ritmo en el futuro inmediato. También valoró la nutrida actividad torneística que se desarrolla a lo largo del territorio nacional.
En el plano continental, Flores ubicó a Argentina a la vanguardia en Sudamérica, resaltando la profundidad y fortaleza de su nivel medio, que la diferencia de países como Perú o Brasil. Aunque aclaró que, a escala continental, Estados Unidos se erige probablemente como el equipo más poderoso del mundo.
La Olimpíada: un sueño de infancia y el objetivo inmediato
Consultado sobre sus desafíos para este año, el campeón no dudó: su principal anhelo es integrar el equipo argentino para la Olimpíada de Ajedrez, el torneo por equipos que más disfruta y que idealizó desde su infancia en Junín, leyendo revistas especializadas. “Cuando fui a la primera, me enamoré de eso”, confesó, fascinado por el espíritu único de una competencia que reúne a leyendas y aficionados en un mismo tablero.
Un prodigio llamado Faustino Oro
Pero sin duda, las palabras más contundentes de Flores estuvieron reservadas para Faustino Oro, el niño de 12 años que conmociona al mundo ajedrecístico. El gran maestro fue categórico: “Faustino es algo nunca visto”. Aseguró que todos los expertos coinciden en su carácter único y que, al proyectar su trayectoria, supera a todos los grandes maestros de la historia cuando tenían su edad. “Probablemente estemos ante la presencia del mayor prodigio de la historia del ajedrez o algo muy parecido a eso”, sentenció.
Flores recordó el origen fortuito del talento de Oro, un “hijo ajedrecístico de la pandemia” que descubrió el juego por casualidad. Lo que más asombra al experimentado campeón es el nivel de comprensión posicional y la capacidad de evaluación que el niño demuestra, virtudes que considera francamente asombrosas para su edad. “Es alguien con el que se puede soñar a grandes cosas”, concluyó, abogando por paciencia para acompañar su crecimiento, pero dejando en claro que el ajedrez argentino custodia una joya de valor incalculable.
