El reconocido economista advierte que el programa oficial carece de una estrategia contundente y clara, lo que perpetúa la estanflación y posterga el anhelado ingreso a una era de precios estables.
En un análisis crudo sobre la realidad económica, el ex presidente del Banco Nación y economista Carlos Melconian lanzó una serie de advertencias severas respecto a la dirección que lleva el país. Según su diagnóstico, la administración actual no posee las condiciones necesarias para implementar un plan de estabilización sólido que logre reducir la inflación a parámetros de un solo dígito anual.
Melconian sostuvo que la economía argentina se encuentra atrapada en una meseta inflacionaria mensual del dos por ciento, un nivel que el Gobierno ha optado por aceptar, relegando así el objetivo de una baja drástica y sostenida. En sus declaraciones, el especialista remarcó que el esquema económico “aún no está graduado” y se construye sobre la marcha, una improvisación que, a su juicio, imposibilita encarar los desafíos estructurales de una genuina estabilización. Esta realidad contrasta, según él, con una percepción pública y mediática que en ocasiones proclama una victoria contra el alza de precios, cuando en los hechos la inflación solo se habría “desinflado” a un ritmo anual del veinte por ciento, lejos de ser derrotada.
El economista hizo hincapié en que todos los programas históricos exitosos para alcanzar inflación de un dígito demandaron medidas de una contundencia que no visualiza en el horizonte inmediato. Aunque la gestión oficial intente sostener un relato de control, las acciones concretas desmienten ese propósito. “No sé si la inflación sale de los dos dígitos anuales, aunque sea bajo”, aseveró, reflejando el escepticismo sobre la superación de una tasa mensual persistentemente superior al dos por ciento.
Un capítulo especial de su crítica se centró en la política cambiaria. Melconian recordó que en un principio se especuló con una devaluación pautada (“crawling peg”) del uno por ciento, pero la fricción con una inflación más alta tornó esa idea en inviable. La solución adoptada, que indexaría el techo de la banda cambiaria con la inflación pasada, revela, a su entender, la verdadera estrategia: “Nadie está pensando hoy que el dólar va a quedarse quieto”. Este mecanismo confirmaría que, sin explicitarlo, las autoridades han abandonado tácitamente la meta de una inflación anual de un dígito.
Respecto al panorama productivo, el analista pintó un cuadro sombrío. Observó un estancamiento claro en la segunda parte del año para sectores neurálgicos como la industria, la construcción y el consumo. Los problemas graves en el empleo, la caída del poder adquisitivo y una marcada heterogeneidad entre rubros se agravan por la ausencia de una hoja de ruta definida para la reactivación. Criticó que el equipo económico se concentre en cumplir con los pagos de vencimientos financieros, perdiendo de vista el rumbo general del país.
El modelo vigente, señaló, ajusta a través del deterioro del mercado laboral y un aumento de la informalidad, lo que deprime aún más la capacidad de compra de la población. Además, la macroeconomía no muestra señales de un renacer del crédito y la tasa de inversión presenta conflictos, con un protagonismo de capitales locales y una integración extranjera muy limitada, alejada del viejo paradigma de la “lluvia de inversiones”.
Para cerrar, Melconian proyectó un escenario de tensión futura entre los compromisos con organismos crediticios internacionales y la deuda con los acreedores de Wall Street, un conflicto latente que se convertirá en un punto crítico para el destino económico nacional. Su conclusión fue contundente: “El problema de Argentina es otro: no es la magnitud, sino que es la calidad y la vuelta al mercado”, subrayando la necesidad de un cambio profundo en la calidad de las políticas más que en su escala.
