En una final vibrante en Arabia Saudita, el conjunto catalán se impuso 3-2 al Real Madrid, defendiendo el título y extendiendo la impecable racha de su entrenador.
La historia añadió un capítulo memorable este domingo en el King Abdullah Sports City de Yeda, donde Barcelona y Real Madrid ofrecieron un espectáculo digno de la rivalidad más encendida del fútbol español. En la definición de la Supercopa, el equipo blaugrana, el más laureado en esta competición, se alzó con su decimosexto trofeo tras doblegar a su eterno adversario en un duelo trepidante que mantuvo en vilo a todos los espectadores.
El encuentro tuvo en el brasileño Raphinha a su figura estelar. Fue él quien inauguró el marcador y, de manera decisiva, firmó el tercer gol de su equipo en la etapa complementaria, un tanto que resultaría definitivo. Sin embargo, el camino hacia la gloria estuvo plagado de emociones y giros inesperados. En una primera mitad de ritmo frenético, Vinicius Junior respondió con una obra de arte, superando con un sutil caño a su marcador antes de batir al guardameta. La réplica culé no se hizo esperar, y Robert Lewandowski devolvió la ventaja con una sublime vaselina que dejó sin chances al gigante Thibaut Courtois.
Pero la verdadera locura estalló en los instantes previos al descanso. En un arrebato colectivo, ambos conjuntos escribieron una secuencia histórica: tres goles en apenas cuatro minutos. Tras el empate momentáneo logrado por el Madrid gracias a un remate que encontró el travesaño y la posterior embestida de Gonzalo García, el público asistente contuvo el aliento, siendo testigo de una intensidad pocas veces vista en los anales de este enfrentamiento.
La segunda parte redujo el ritmo, pero no la tensión. Con el partido en equilibrio, la fortuna sonrió al Barcelona cuando un desvío fortuito en la pierna de Marco Asensio colocó el balón en los pies de Raphinha, quien no desperdició la oportunidad para sentenciar el encuentro. Los minutos finales fueron un torrente de ansiedad. La expulsión del neerlandés Frenkie de Jong, la aparición del joven promesa Franco Mastantuono con la camiseta merengue y la entrada en escena de Kylian Mbappé, auguraban un desenlace abierto. El Real Madrid, fiel a su leyenda, acechó con peligro. Marcus Rashford tuvo la igualdad en sus botas pero falló ante Courtois, y en dos ocasiones posteriores, el guardameta suplente culé, Joan García, se erigió como héroe con paradas magistrales que preservaron el triunfo.
El pitido final desató la celebración entre los jugadores y aficionados barcelonistas. No solo retuvieron el cetro de la pasada edición y extendieron su racha victoriosa a diez compromisos, sino que también consolidaron el impecable recorrido de su técnico, el alemán Hansi Flick, quien mantiene un récord perfecto de ocho finales disputadas y ocho levantando trofeos, incluyendo su etapa en el Bayern de Múnich. Aunque el título viaja a Cataluña, el verdadero vencedor fue el espectáculo: un clásico que, una vez más, demostró por qué trasciende fronteras y se graba en la memoria colectiva como una épica batalla futbolística.
