Funcionarios estadounidenses revelan que la Casa Blanca discute opciones de ataque, incluyendo bombardeos y ciberataques. Teherán responde con una severa advertencia a EE.UU. e Israel, en medio de una crisis interna que ya deja centenares de fallecidos y miles de detenciones, según organizaciones de derechos humanos.
La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, explora la posibilidad de iniciar nuevas acciones militares contra la República Islámica de Irán, en un contexto marcado por la intensificación de las manifestaciones antigubernamentales en territorio persa. Según informaciones proporcionadas por oficiales anónimos a importantes medios de comunicación estadounidenses, el mandatario ha sostenido conversaciones preliminares para analizar diversas alternativas de intervención.
Las opciones consideradas, según estas fuentes, abarcan desde operaciones bélicas directas, como bombardeos sobre objetivos no militares en la capital, Teherán, hasta medidas de otro carácter, entre las que se mencionan ciberataques destinados a contrarrestar el bloqueo informático impuesto por las autoridades iraníes. Pese a estos debates, los funcionarios enfatizaron que el presidente no ha adoptado una determinación final, manteniendo todas las alternativas bajo evaluación. «Todas las opciones están sobre la mesa para el presidente Trump, pero ninguna decisión se ha hecho», afirmó una de las fuentes.
Este escenario de potencial confrontación se desarrolla paralelamente a una grave crisis doméstica en Irán, donde las protestas iniciadas por motivos económicos hace más de quince días han derivado en un amplio movimiento de desafío al sistema. La organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Estados Unidos, reportó que el balance de la represión asciende a más de quinientas personas fallecidas y aproximadamente diez mil detenidas, cifras que incluirían a menores de edad y miembros de las fuerzas de seguridad.
La retórica belicista se intensificó tras una publicación del presidente Trump en su plataforma Truth Social, donde el sábado ofreció el apoyo de su gobierno para la «libertad» del pueblo iraní. Horas más tarde, el presidente del parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, emitió una contundente advertencia: cualquier agresión estadounidense convertiría en «objetivos legítimos» tanto los territorios israelíes como todas las bases y buques militares de Estados Unidos e Israel en la región.
Desde el gobierno iraní, el presidente Masud Pezeshkian intentó trazar una línea divisoria entre los manifestantes legítimos, a quienes asegura escuchar, y lo que denominó «alborotadores y terroristas» entrenados por potencias extranjeras, en una clara referencia a Estados Unidos e Israel. Pezeshkian acusó a estos «enemigos» de infiltrar elementos violentos para incendiar lugares públicos y cometer asesinatos, acciones que, según él, son ajenas al carácter del pueblo iraní. Simultáneamente, afirmó que las fuerzas de seguridad han desarticulado varias células armadas vinculadas al exterior.
La gravedad de la situación interna ha trascendido las fronteras, motivando la preocupación de la comunidad internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, a través de su portavoz, expresó su consternación por los reportes de violencia y el uso desproporcionado de la fuerza, e instó a las autoridades a respetar los derechos de reunión pacífica y expresión.
Mientras los debates militares continúan en Washington y Teherán declara días de duelo nacional, la región del Golfo Pérsico se enfrenta a una de las coyunturas más delicadas de los últimos tiempos, donde la escalada verbal y la inestabilidad interna amenazan con desencadenar un conflicto de consecuencias imprevisibles.
