El encuentro impulsado por Pedro Sánchez congregó en Barcelona a más de veinte naciones, donde la reivindicación por la liberación de la exmandataria argentina resonó con fuerza, mientras figuras como Axel Kicillof, Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum trazaron una hoja de ruta común frente al auge de los discursos de odio y la persecución judicial.
En el corazón del recinto ferial de la capital catalana, la convocatoria conocida como Movilización Progresista Global desplegó ayer sus puertas con el propósito de erigirse en un polo de convergencia para todas las corrientes reformistas y socialdemócratas del orbe. La iniciativa, promovida por el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, logró reunir durante dos jornadas a un crisol de mandatarios, altos funcionarios, activistas de base, comunicadores digitales, periodistas y representantes de partidos y organizaciones civiles procedentes de más de dos decenas de países. El hilo conductor del evento no fue otro que la construcción de alternativas sólidas y propositivas para contener la escalada de las extremas derechas en ambos lados del Atlántico. En ese clima de urgencia democrática, el reclamo por la que muchos consideran una detención arbitraria de la exgobernante argentina Cristina Fernández de Kirchner atravesó la primera jornada con singular potencia, hallando en la voz de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, una aliada inesperada pero decidida a volver a manifestar su repudio al fallo judicial que pesa sobre la líder peronista.
El gesto más elocuente ocurrió casi de manera espontánea en uno de los pasillos laterales de la cumbre, cuando la mandataria azteca aceptó posar para una fotografía sosteniendo una imagen de la dos veces presidenta argentina. Aquel instante, breve pero cargado de simbolismo, no hizo más que confirmar una solidaridad que Sheinbaum ya había expresado meses atrás durante las conocidas conferencias matutinas desde el Palacio Nacional. “Brindamos toda nuestra fraternidad y acompañamiento a Cristina Kirchner”, había declarado entonces, y en Barcelona aquel sentimiento se transformó en un acto político incontestable.
La delegación argentina que participa en el cónclave está encabezada por el gobernador de la provincia más populosa del país austral, Axel Kicillof, secundado por el senador Eduardo “Wado” de Pedro y los diputados nacionales Nicolás Trotta, Jorge Taiana y Lucía Cámpora. La agenda del mandatario bonaerense resultó particularmente densa en las horas previas a su arribo a tierras españolas. Antes de pisar Barcelona, Kicillof había presentado en el Ateneo de Madrid su obra titulada De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico, oportunidad en la que lanzó una crítica frontal al credo ultraliberal: “La noción de que el mercado y el sistema capitalista pueden operar con eficiencia en ausencia del Estado constituye una colosal estafa; en nuestra Argentina lo corroboramos a diario: el Estado no desaparece, sino que se hace presente para apuntalar la rentabilidad del capital financiero y otorgar prebendas a los conglomerados económicos concentrados”.
Ya en Barcelona, el gobernador sostuvo un encuentro con el alcalde de la ciudad, Jaume Collboni, con quien exploró vías de cooperación institucional. Posteriormente, realizó una visita a la Biblioteca Gabriel García Márquez, considerada una de las más prestigiosas del mundo en su género, y compartió un diálogo distendido con el legendario cantautor Joan Manuel Serrat. Más tarde, la jornada le depararía conversaciones con el expresidente chileno Gabriel Boric y con el actual jefe de Estado colombiano, Gustavo Petro. Fue precisamente este último quien, tras el intercambio, escribió en sus redes sociales una frase que no tardó en viralizarse: “Kicillof probablemente se convierta en presidente de Argentina para rescatarla de su actual colapso”. Petro agregó un llamado a la unidad: “La cohesión del progresismo argentino resulta indispensable para el equilibrio del mundo”.
En otro sector del recinto, la diputada Lucía Cámpora se desplazaba con un pequeño prendedor adherido a su chaqueta donde podía leerse la leyenda “Cristina libre”. Al tomar la palabra frente a un micrófono de color rojo intenso, describió con crudeza el escenario nacional. Integrante de la misma comitiva que Kicillof, De Pedro y Trotta, fue consultada por este medio acerca de la relevancia del congreso y no dudó en afirmar que resulta “esencial construir una plataforma común entre los progresismos, compartir perspectivas y diseñar líneas de actuación colectivas. Las derechas, en cambio, actúan de manera articulada y cohesionada; lo hemos sufrido en América Latina cuando, tras aquella década ganada, sobrevinieron persecuciones políticas instrumentadas desde los poderes judiciales en Argentina, Brasil y Ecuador”.
En relación con la llegada de las ultraderechas a los gobiernos, la legisladora sostuvo que “las recetas milagrosas se desmoronan una vez que acceden al poder: logran ganar elecciones, pero al momento de administrar el Estado las condiciones de vida de la población no mejoran”. Y advirtió: “Cada noche hay más personas durmiendo a la intemperie y más familias sumidas en el sobreendeudamiento. Si las realidades materiales no se transforman, la esperanza se agota. Quienes depositaron su voto con ilusión no deberían desencantarse de la política; pueden encontrar en otras experiencias o movimientos un sendero para reconstruir sus vidas y para recomponer nuestra patria”.
El senador Eduardo De Pedro, por su parte, insistió en la reivindicación de la titular del Partido Justicialista. “Hoy tenemos a la principal referente opositora, Cristina Fernández de Kirchner, privada de su libertad de manera injusta y sometida a un cuadro de proscripción política”. Asimismo, subrayó que “el caso de Luiz Inácio Lula da Silva demuestra de manera fehaciente lo que significan el lawfare y la persecución judicial en nuestra región”.
El conglomerado de asistentes se desplaza en núcleos compactos por los pasillos: comitivas japonesas, sudafricanas, alemanas, colombianas, mexicanas e inglesas se entremezclan en un ir y devenir constante. “Zona Roja”, la plataforma de streaming oficial del Partido Socialista Español, ocupa una parte relevante del salón y emite en directo la totalidad del programa desde una cabina bañada por luces intermitentes. La tradición del Partido Socialista Obrero Español, fundado en 1879, se hace visible en cada uno de los expositores, con una destacada presencia de la Fundación Pablo Iglesias Posse, institución erigida en memoria del creador de la formación. La parafernalia socialista también se comercializa en el evento: pines, gorras, camisetas, bolsos y volúmenes bibliográficos se distribuyen por todo el recinto.
No existen retratos de Donald Trump, pero en cambio sí aparece la figura de Javier Milei. Uno de los espacios dedicados al derecho a la educación dedica una atención especial al presidente argentino, cuya imagen con la característica motosierra está colocada en un stand. Debajo se lee un texto incisivo: “‘¡Muerte al socialismo!’ —la consigna de Javier Milei— no es un simple arrebato, sino un síntoma de la mutación de la política hacia un relato épico. El populismo reemplaza la deliberación por el combate, convierte a las ideas en adversarios existenciales y desplaza la negociación por la confrontación. Cuando este marco invade la educación, el aula deja de ser un espacio de pensamiento crítico para transformarse en un escenario de guerra cultural. La respuesta no puede ser únicamente normativa, sino también pedagógica: formar ciudadanos capaces de habitar el disenso, sostener el pluralismo y defender las instituciones republicanas frente a la lógica de aniquilación del oponente”.
Adriana Hest, politóloga y creadora de contenidos digitales española con gran ascendencia entre los jóvenes, intervino en la primera mesa de debate, titulada “Autoritarismo, negacionismo y desafíos del futuro”. Autora de varios ensayos y habitual convocante a las juventudes progresistas para que se manifiesten contra los fascismos desde sus perfiles en redes sociales, Hest declaró: “Estimulo a que se expresen porque se impone estar en movimiento”. Y añadió una reflexión que generó murmullos de asentimiento: “La categoría de polarización deberíamos abandonarla porque ha sido cooptada por la ultraderecha; nosotros no polarizamos, lo que hacemos es compartir y debatir”. En otras mesas se reiteró esa necesidad de dejar de hablar de polarización y atribuir ese vocablo exclusivamente a los conservadurismos, como una maniobra para simplificar en exceso los debates complejos.
Cerca de aquella imagen de Milei ondea un cartel con los rostros de Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Elon Musk (X) y Sundar Pichai (Google). La fotografía fue capturada durante la investidura de Donald Trump y se exhibe como una evidencia del alineamiento del corporativismo de Silicon Valley con el proyecto político MAGA (“Make America Great Again”). En el extremo opuesto del salón, la Fundación Gates, de Melinda y Bill Gates, patrocina una de las conferencias magistrales.
Ana María Archila, colombavecina radicada en Nueva York desde los diecisiete años, dirige actualmente la Oficina de Asuntos Internacionales de esa ciudad, integrando el gobierno del recién electo alcalde Zohran Mamdani. “Durante mucho tiempo me sentí desorientada; solo cuando me integré al movimiento de inmigrantes experimenté la sensación de pertenencia a ese país. Eso ocurrió gracias a la lucha por mis derechos”, relató en una mesa compartida con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Asimismo, sostuvo una tesis sin concesiones: “No resulta factible imaginar una transformación genuina sin modificar la concentración de la riqueza en las manos de los sectores más acaudalados”.
