Con un penal de Montiel, el equipo de Gallardo superó 1-0 a Millonarios en su primer ensayo del año. Se percibió el impulso físico de la pretemporada y los primeros trazos de un estilo agresivo, en un partido que sirvió para el debut de los refuerzos y para vislumbrar a los nuevos referentes del plantel.
Bajo el cielo estival de Montevideo, River Plate inició su camino futbolístico para una temporada cargada de expectativas. En el escenario del Gran Parque Central, el conjunto millonario se impuso por la mínima diferencia a Millonarios de Colombia, en un amistoso que funcionó como el primer examen práctico tras una extensa pretemporada. La anotación decisiva, un penal convertido por Gonzalo Montiel, coronó una noche donde lo más valioso fueron las pistas sobre la identidad que Marcelo Gallardo busca imprimir.
Desde el pitazo inicial, se advirtió la huella del trabajo realizado desde diciembre. River exhibió un notable estado físico, fruto de las exigentes jornadas de doble turno, que le permitió desplegar una presión intensa y asfixiante en campo rival. Esta voluntad de recuperar el esférico lejos de la propia área, un sello distintivo de las eras más brillantes de Gallardo, se manifestó con intervalos de efectividad. La diferencia en el ritmo y el desgaste con el equipo colombiano fue palpable, dejando al cuerpo técnico conforme con la respuesta atlética de sus dirigidos.
En el ámbito táctico, el director técnico envió desde el banco consignas constantes. Se insistió con una defensa adelantada para achicar espacios, la proyección de los laterales y una amplia apertura del juego para buscar profundidad. El equipo osciló entre un 4-3-1-2 y un 4-3-3, demostrando la búsqueda de variantes sin abandonar un principio rector ofensivo. Lucas Martínez Quarta, una de las figuras de la noche, destacó esta base de trabajo. «Se vio lo que nos pide Marcelo: esfuerzos repetitivos y agresivos para presionar arriba. Es lo que siempre caracterizó a sus equipos», afirmó el defensor, quien también asumió el brazalete de capitán.
El partido tuvo dos caras. En la primera etapa, el ritmo lo marcó Juan Fernando Quintero, otro de los líderes que emerge en este vestuario en renovación. Sin embargo, el tridente ofensivo inicial mostró falta de sincronía. El panorama cambió con los ingresos de Ian Subiabre y Santiago Lencina, dándole frescura y dinamismo al ataque. En ese segundo tiempo también llegaron las presentaciones esperadas: el refuerzo Fausto Vera se desempeñó con solvencia como volante central, mientras que Matías Viña tuvo su debut oficial en el lateral izquierdo.
Más allá del resultado, la jornada dejó conclusiones significativas. Se confirmó un nuevo núcleo de referentes, con Quintero, Montiel y Martínez Quarta tomando la palabra y asumiendo protagonismo tras las históricas salidas de la temporada pasada. Además, en un plano individual, el volante Tomás Galván dio un paso al frente en la consideración del técnico tras su reencuentro con el club. Las actuaciones de los jóvenes Santiago Beltrán y Facundo González aportaron también datos positivos.
El cierre, con un penal errado y una expulsión, empañó levemente un desempeño general controlado. Ahora, el equipo se traslada a Punta del Este para su última semana de preparación, que culminará el próximo sábado con un nuevo examen ante Peñarol. A menos de quince días del debut oficial, Gallardo afina los detalles de un equipo que mostró un puntapié inicial alentador, pero que sabe que debe potenciar su juego y aguardar por los refuerzos que la dirigencia aún busca concretar para cerrar un plantel con ambición de resurgir. La pelota, definitivamente, ya rueda.
