El representante iraní ante el Consejo de Seguridad calificó de «violación grave» del Derecho Internacional cualquier acción militar foránea amparada en argumentos humanitarios, mientras responsabilizó a Washington de fomentar la violencia interna. Activistas presentes denunciaron represión y tortura por parte de las autoridades de Teherán.
En una sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el enviado iraní Gholamhossein Darzi lanzó una severa advertencia contra cualquier iniciativa externa que, bajo el pretexto de proteger manifestantes o brindar asistencia humanitaria, busque interferir en los asuntos internos de Irán. El diplomático afirmó que tal acción constituiría una transgresión flagrante de la Carta de la organización y de los principios del Derecho Internacional.
Según reportes de la agencia Europa Press, Darzi acusó directamente a Estados Unidos de inmiscuirse en los disturbios civiles que han sacudido al país, atribuyéndole la responsabilidad de instigar la inestabilidad y los actos violentos. En su intervención, vinculó la represión gubernamental de las protestas —que, de acuerdo con cifras de la organización Iran Human Rights (IHRNGO), ha dejado al menos 3.428 fallecidos en 15 provincias— con lo que denominó una injerencia externa orquestada desde Washington.
El vicerrepresentante iraní arremetió contra lo que llamó el «régimen estadounidense», al que acusó de simular una postura de apoyo al pueblo iraní mientras, en realidad, promueve una agenda encaminada a socavar la estabilidad nacional y preparar el terreno para una eventual agresión militar. Calificó de «vergonzosa» la solicitud estadounidense para convocar la reunión del Consejo, interpretándola como un intento de encubrir su propia complicidad en crímenes ejecutados por lo que describió como «sus mercenarios» dentro del territorio iraní.
Darzi tildó de «especialmente cínica» la posición de Washington, recordando lo que presentó como un extenso historial de intervenciones militares y violaciones internacionales por parte de Estados Unidos. Subrayó que estas prácticas contradicen abiertamente los fundamentos del orden jurídico global y los propios estatutos de Naciones Unidas.
Frente a la posibilidad de que algún Estado impulse el uso de la fuerza con motivaciones humanitarias, el embajador exhortó al Consejo de Seguridad, a sus integrantes y al secretario general António Guterres a rechazar de manera categórica tales iniciativas. Invocó el Artículo 207, que veda emplear argumentos humanitarios para justificar la violencia, y sostuvo que la «credibilidad de Estados Unidos depende ahora de que se respete esta prohibición fundamental».
El diplomático advirtió que cualquier acción hostil, directa o indirecta, contra Irán recibirá una respuesta que definió como «decidida, proporcionada y ajustada a la ley». Aclaró que esta declaración no era una amenaza, sino una reafirmación del marco jurídico que su país reconoce.
Durante la misma sesión, tomaron la palabra representantes de la sociedad civil iraní. El periodista y activista Ahmad Batebi denunció haber sufrido torturas y presiones por parte de funcionarios iraníes para forzarlo a confesarse espía de Estados Unidos, y aseguró que esta práctica se extiende a otros detenidos, a quienes se obligaría a declararse «agentes del Mossad». La comunicadora y disidente Masih Alinejad también intervino para condenar la represión en su país y exigir que se lleve ante la justicia a los responsables de la violencia estatal.
Darzi desacreditó los testimonios de Batebi y Alinejad, argumentando que ambos residen fuera de Irán desde hace más de dos décadas y han actuado, según su versión, como promotores activos de una agenda estadounidense-israelí. Aseguró, sin aportar detalles concretos, que «ambos están a sueldo del Mossad, según pruebas irrefutables».
Respecto a la actuación de las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones iniciadas a finales de 2025, el representante iraní negó las acusaciones de asesinatos contra civiles pacíficos. Sostuvo que las operaciones se dirigieron contra lo que describió como «células terroristas armadas al estilo del Estado Islámico y grupos separatistas violentos», los cuales, afirmó, han sido financiados y armados por potencias extranjeras, incluyendo a Israel. Las autoridades iraníes insisten en que su respuesta de seguridad se enfoca en amenazas vinculadas a actores armados y operaciones impulsadas desde el exterior.
La reunión del Consejo de Seguridad puso de manifiesto las profundas divergencias en la interpretación de los principios de la Carta de la ONU, la legitimidad de la injerencia internacional con argumentos humanitarios y la persistente denuncia de Teherán sobre la supuesta participación foránea en sus asuntos internos.
