Desinformación y llamas: los incendios que iluminan una crisis global

Desinformación y llamas: los incendios que iluminan una crisis global

Entre imágenes falsas y discursos que niegan la realidad, el fuego en Chubut expone la manipulación informativa y la prioridad del negocio sobre el ambiente. Mientras el mundo alerta sobre estos riesgos, el gobierno local evade responsabilidades y profundiza un modelo que agrava la inflación y el descontento social.

El paisaje carbonizado de Chubut se extiende como un símbolo de un país y un mundo en llamas, no solo por el fuego, sino por la desinformación y el negacionismo ambiental que alimentan la crisis. Esta semana, los incendios forestales que arrasaron la provincia austral coincidieron con un informe del Foro de Davos que identifica la manipulación de la información y el cambio climático como dos de las amenazas más graves para el planeta. Lejos de ser una casualidad, la conjunción de estos fenómenos revela cómo la ficción política se aprovecha del desastre para ocultar intereses económicos y profundizar la fractura social.

El fuego se desató apenas veinte días después de que el vocero presidencial, Manuel Adorni, anunciara la derogación de la Ley de Manejo del Fuego y la norma que limita la extranjerización de tierras. La primera buscaba prevenir incendios intencionales en bosques nativos; la segunda, proteger el patrimonio territorial. Su posible desaparición abre un interrogante sobre quiénes se benefician con la tierra arrasada. La Constitución nacional protege los bosques, pero guarda silencio sobre lo que sucede cuando desaparecen. Tras las llamas, suelen emerger proyectos mineros, emprendimientos inmobiliarios, siembras de soja o desarrollos turísticos. La ley vigente, sin embargo, prohíbe cambiar el uso de esos suelos durante cinco o seis décadas después del incendio. Minimizar su importancia, afirmando que la Constitución es suficiente, constituye un engaño más en una cadena de falsedades.

La desinformación operó con crudeza. Primero, circularon acusaciones infundadas contra comunidades mapuches, rápidamente desmentidas por el fiscal general de Chubut, Carlos Díaz Mayer. Luego, el presidente Javier Milei optó por una simulación: publicó en sus redes una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparecía heroicamente en medio de las llamas, rodeado de bomberos y vecinos agradecidos. Sin aclarar su naturaleza falsa, la publicación llegó a millones de seguidores, muchos de los cuales creerán que el mandatario estuvo en la zona del desastre. Mientras tanto, las víctimas reales enfrentaron las llamas con recursos escasos y una presencia estatal débil, un patrón que ya se había visto en la inundación de Bahía Blanca.

El informe de riesgos globales de Davos 2026 advierte que la desinformación alcanza un nivel crítico cuando las sociedades pierden la capacidad de distinguir entre lo real y lo ficticio. Es significativo que esta alerta surja en un espacio frecuentado por élites económicas, sugiriendo que la manipulación informativa también puede volverse un arma de doble filo. En Argentina, los incendios no solo desmienten a quienes niegan la crisis ambiental, sino que exponen cómo la tergiversación encubre la subordinación de la protección ecológica a los negocios. De hecho, investigaciones preliminares indican que al menos uno de los focos fue intencional.

La inflación, otro frente de batalla discursiva, completa el cuadro. Milei ha basado su relato en criticar los índices del gobierno anterior, pero los datos oficiales —cuestionados en su metodología— revelan que su gestión registra una de las inflaciones mensuales más altas de las últimas décadas. El contexto actual no incluye guerras, pandemias o sequías extremas, como sí ocurrió en administraciones pasadas, pero sí recortes del 30% en jubilaciones, salud y educación, la suspensión de obras públicas, tarifazos y subsidios eliminados. El resultado es un aumento del desempleo, el cierre de empresas y una caída sostenida del consumo.

A pesar de esto, Milei mantiene el respaldo de un sector del capital concentrado y de una porción significativa de la población, incluso entre quienes han perdido sus hogares en incendios o inundaciones. Esta paradoja refleja el poder de un relato que convierte la desgracia en espectáculo y la política en una guerra cultural.

Pronto, el presidente viajará a Davos junto a su aliado Donald Trump, en cuyo nombre movimientos tecnofeudalistas buscan desregular flujos de información y negar el cambio climático. El informe que ambos desprecian alerta sobre el riesgo de guerras entre Estados, una advertencia que hoy parece materializarse en tensiones como la amenaza de Trump sobre Groenlandia. En ese escenario, Milei llegará para negar los riesgos globales que el propio foro destaca, mientras en su país las llamas de Chubut siguen ardiendo, alimentadas por el combustible de la mentira y la desidia.

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