El gobernador encabezó su primer cónclave como titular del Consejo del justicialismo provincial, donde fijó como meta cardinal expandir el padrón hasta un millón y medio de militantes, al tiempo que admitió un diagnóstico crítico: más de la mitad de los actuales afiliados supera los sesenta años.
En un acto cargado de simbolismo político y convocatoria territorial, Axel Kicillof presidió este viernes su primera reunión formal al frente del Consejo del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, un encuentro que logró reunir en la tradicional sede partidaria de la calle 54 de La Plata a un nutrido arco de referentes del peronismo. La cita congregó a jefes comunales, legisladores nacionales y provinciales, altos funcionarios del gabinete bonaerense y dirigentes de distintas facciones internas, todos atentos al rumbo que el mandatario provincial pretende imprimirle a la estructura partidaria.
El núcleo del mensaje que atravesó la jornada tuvo un horizonte electoral claro: el año 2027. Fue el propio gobernador quien, al arribar al edificio partidario y en un brevísimo contacto con los cronistas apostados en la puerta, esbozó la hoja de ruta sin ambages. Según adelantó Kicillof, el objetivo central consiste en modernizar la maquinaria del justicialismo bonaerense y, al mismo tiempo, expandir de manera significativa el número de ciudadanos con afiliación activa, con la mira puesta en alcanzar la cifra de un millón y medio de militantes.
Esa meta no surgió de la nada. Detrás de ese propósito se encuentra un análisis interno que encendió alarmas en la cúpula partidaria. De acuerdo con un informe elaborado por la consultora GraficarPBA, al que este medio tuvo acceso, el padrón actual del PJ bonaerense asciende a 1.151.640 personas. Sin embargo, el dato más revelador y preocupante es que más de la mitad de esos afiliados supera los sesenta años de edad, un indicador que refleja un envejecimiento de la base militante y una peligrosa desconexión con las generaciones más jóvenes. Frente a ese diagnóstico, la conducción partidaria considera imperioso revertir la tendencia.
Al término de las deliberaciones, Kicillof profundizó su diagnóstico y delineó con mayor precisión la estrategia a seguir. En declaraciones ante los presentes, y luego replicadas por su equipo de comunicación, el gobernador aseguró que el Partido Justicialista “va a ser un partido de puertas abiertas”, una frase que resumió el espíritu de la nueva etapa. Para materializar ese concepto, anticipó que se pondrán en marcha actividades periódicas y abiertas tanto para los afiliados como para los vecinos sin militancia previa, con el propósito de tejer lazos comunitarios más allá de los estrictos rituales partidarios.
“La campaña de afiliación va a ser muy amplia”, remarcó Kicillof con énfasis, dejando entrever que el operativo de captación de nuevos adherentes no se limitará a los circuitos tradicionales del peronismo, sino que buscará llegar a barrios, centros de estudiantes, clubes y ámbitos laborales. La decisión política de fondo es clara: oxigenar la estructura interna, rejuvenecer el rostro del partido y ampliar su legitimidad territorial de cara a los comicios legislativos y ejecutivos que se avecinan. La sede de calle 54, testigo de tantas disputas históricas, fue esta vez el escenario de un lanzamiento que intenta proyectar al justicialismo bonaerense más allá de sus propias fronteras generacionales.
