La organizadora de eventos sin cargo oficial que opera como la sombra de Karina Milei y teje la trama empresarial más sensible del Gobierno

La organizadora de eventos sin cargo oficial que opera como la sombra de Karina Milei y teje la trama empresarial más sensible del Gobierno

Un contrato menor en la Secretaría General oculta el poder real de Mara Gorini, considerada la «mano derecha» de la hermana del Presidente. Su vínculo con la empresa Foggia, los negocios en Tecnópolis y las sospechas de la Justicia por posible enriquecimiento ilícito y desvío de fondos públicos sacuden el núcleo libertario.

En el intrincado tejido de negocios que conectan al sector privado con la administración pública, emerge con inusitada frecuencia un nombre que carece de reflejo en el organigrama oficial del Estado. Se trata de Mara Gorini, una experta en planificación de eventos cuya figura no aparece en ningún nombramiento formal del Poder Ejecutivo, pero cuya influencia resulta tan determinante como subterránea. Su única huella documental en la estructura gubernamental se limita a un modesto contrato de locación en la órbita de la Secretaría General de la Presidencia. Sin embargo, quienes transitan los pasillos del poder la identifican sin ambages como la «segunda en las sombras», la operadora silenciosa que ejerce como asesora de cabecera de Karina Milei, posee despacho propio y, lo más significativo, administra la agenda de la secretaria General y hermana del mandatario.

La presencia de Gorini en la escena oficial se ha vuelto cada vez más visible tras bambalinas. Cuando el presidente Javier Milei autorizó el ingreso de periodistas a la Casa Rosada, varios reporteros pudieron observar a esta estratega «pegada» a Karina Milei como una extensión de su propia sombra. No solo eso: asumió la organización de momentos especialmente concebidos para el culto a la imagen oficial, tal como ocurrió durante el agasajo de cumpleaños organizado para la hermana del primer mandatario, donde una banda de granaderos ejecutó melodías de ABBA ante la primera línea del Gabinete nacional, dispuesta en una fila sonriente para la ocasión.

Como consumada planificadora de eventos, Gorini ha participado en todas las puestas en escena del ideario libertario. Su huella se extiende desde los espectáculos masivos en los estadios Luna Park y Movistar Arena durante la precampaña, pasando por la denominada «Derecha Fest», hasta la supervisión meticulosa del montaje de la histórica «Casita de Tucumán» para la firma del Pacto de Mayo, ya bajo el mandato presidencial. Dentro del propio Gobierno, su nombre genera temor reverencial debido a los frecuentes maltratos que propina sin disimulo a funcionarios de cualquier jerarquía. Un episodio paradigmático ocurrió cuando montó un escándalo público contra el secretario general del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, Ricardo Cappabianca, a raíz de la presentación de los aviones F16 adquiridos a Dinamarca en Río Cuarto. El reclamo elevado ante la cartera de Defensa derivó en la caída en desgracia de Cappabianca, pese a su extenso rango castrense: el peso específico de Gorini pudo más que la jerarquía institucional de la Fuerza Aérea Argentina.

¿Cuál es la razón de fondo que torna relevante esta cercanía extrema y este poder de decisión directo en el corazón del Ejecutivo? La respuesta conduce a un entramado empresarial sensible. Gorini se desempeñó como directora de Foggia Group, una compañía para la cual, según múltiples indicios, se habría confeccionado a medida la licitación del predio Tecnópolis. Su abrupta renuncia al holding familiar fue formalizada recién en marzo de 2024, aunque el acta respectiva remite a una reunión de directorio que, según consta, tuvo lugar el 1° de diciembre de 2023, esto es, al filo de la asunción del «León». Pese a haber presentado su dimisión y haber delegado la conducción en Marcelo y Carlos Dionisio (su cónyuge y su cuñado, respectivamente), Gorini continuó ejerciendo como apoderada de Foggia, tal como se desprende de un contrato para un espectáculo de Los Palmeras en el club GEBA ya durante 2024. La conclusión es elocuente: su alejamiento formal dista de haber sido real.

El radio de acción de Foggia se extendió hacia eventos privados con localidades de alto costo que comenzaron a realizarse en el Centro Cultural Kirchner (CCK), un espacio público por excelencia. Entre ellos, aquel denominado «Hombre Araña sinfónico» que contó con el patrocinio del Banco Nación, cuya máxima autoridad, Darío Wasserman, responde directamente a Karina Milei. También los megaconciertos de Tini Stoessel en el estadio de Tecnópolis, nuevamente auspiciados por la entidad bancaria oficial y por YPF. Tales fueron las dimensiones de esta última convocatoria —ocho funciones con aproximadamente cuarenta mil personas cada una, desarrolladas en el estacionamiento de la avenida Constituyentes— que para ampliar la capacidad del predio se procedió a la tala de un centenar de ejemplares arbóreos del parque. Un dato revelador: a la totalidad de estos espectáculos, incluso al de Los Palmeras en GEBA, asistió con ánimo recreativo la propia Karina Milei.

Hasta este punto, el relato podría circunscribirse a una relación íntima y desdibujada entre el Estado y los privados, donde estos últimos obtienen un uso privilegiado del primero en provecho personal. Negociaciones que, de acuerdo con el Código Penal, resultan incompatibles con el legítimo ejercicio de las funciones públicas. Sin embargo, la trama se profundiza. Aquí comparecen las causas ya iniciadas ante la Justicia, en las que se investigan figuras como fraude contra la administración pública y asociación ilícita, pues existiría un paso ulterior: la conformación de armados empresariales ad hoc con el propósito de desviar caudales del erario público o entregar bienes y recursos del Estado a manos privadas previamente seleccionadas. A ello se suma el posible enriquecimiento ilícito.

Las aristas de este complejo entramado se multiplican. En primer término, Foggia figura entre los escasos clientes que «confiaron» en las singulares técnicas de la consultora +Be «Humanizando empresas», una firma creada por la coach ontológica Bettina Angeletti luego de que su esposo, Manuel Adorni, asumiera como jefe de Gabinete. La Justicia investiga un eventual desvío de fondos públicos a través de esos servicios de «coaching organizacional». Por otra parte, los integrantes de Foggia, junto a Direct TV y Torneos y Competencias, constituyeron en tiempo récord una Unión Transitoria de Empresas para presentarse a la concesión de Tecnópolis. Los nombres de sus directivos se entrelazan: distintos ejecutivos van y vienen por los directorios de las diferentes compañías, y las fechas de esos cambios coinciden sospechosamente con la asunción de Javier Milei (como ocurrió con la renuncia de Gorini) y con el posterior llamado a concurso público, también en tiempo récord.

Un posible negociado adicional con estas mismas empresas se evidencia en el acuerdo para la transmisión del Mundial de fútbol a través de la TV Pública. Manuel Adorni adjudicó en forma directa —nuevamente— los derechos a los ya mencionados Direct TV y Torneos. Según reveló el periodista Emanuel Respighi en Página/12, el Estado no asumirá esta vez la producción de la señal, sino que desembolsará cuatro millones de dólares por un paquete de diez partidos, con un detalle no menor: no podrá comercializar publicidad durante las transmisiones, actuando como una mera repetidora de la señal de DirecTV. Finalmente, Torneos y Competencias aparece vinculado a Marcelo Grandio, conocido por la polémica invitación en jet privado a Punta del Este para «sanar deslomes». Sus yernos, Daniel Alejandro y Esteban Antonio Nofal, son accionistas y directores de TyC. Ambos realizaron millonarios aportes a la campaña de La Libertad Avanza y, al igual que Grandio, registran múltiples ingresos a la Casa Rosada. La sombra de Mara Gorini, experta en montar escenarios, resulta así tan alargada como el poder que ejerce sin haber jurado cargo alguno.

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