El INDEC busca desnudar la precariedad laboral en las plataformas digitales

El INDEC busca desnudar la precariedad laboral en las plataformas digitales

En medio de una economía recesiva, el organismo estadístico inició conversaciones con empresas de delivery para cuantificar un empleo informal que maquilla las cifras de desocupación. El Gobierno enfrenta un nuevo frente de tensión por la transparencia de los datos.

El INDEC avanza sobre el agujero negro del empleo precario en las apps

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ha iniciado un movimiento que podría alterar la lectura oficial sobre el mercado laboral en Argentina. Bajo la dirección de Marco Lavagna, el organismo comenzó a mantener reuniones reservadas con representantes de las principales plataformas de delivery del país. El objetivo es claro, aunque espinoso: diseñar una metodología para medir y desagregar la cantidad de trabajadores que se desempeñan en este sector, una masa laboral que hoy se diluye en categorías estadísticas obsoletas.

La administración de Javier Milei ha exhibido en los últimos meses una tenaz resistencia a reconocer el deterioro del empleo formal, apoyándose en el crecimiento de puestos informales para atenuar las malas cifras. Sin embargo, esta estrategia de maquillaje estadístico podría enfrentar un revés si el INDEC logra su cometido. Al discriminar específicamente los trabajos generados por aplicaciones, quedaría al descubierto el peso real de una precariedad laboral que se expande en una economía contraída y con un poder adquisitivo en caída libre.

Actualmente, esos datos existen, pero se encuentran amalgamados de forma indiferenciable. Los repartidores de comida a domicilio se agrupan en una misma clasificación con cadetes, colocadores de afiches y otras ocupaciones, bajo una base de datos que se remonta a 2017, cuando el fenómeno de las plataformas digitales era incipiente. Esta falta de precisión impide captar la magnitud de un modelo de negocios basado en la externalización de costos y la ausencia de derechos laborales.

La búsqueda de información directa por parte del INDEC no está exenta de obstáculos. En la segunda semana de enero, Lavagna recibió en su despacho a ejecutivos de Pedidos Ya, una de las firmas líderes del sector. El encuentro, registrado oficialmente como una discusión sobre “la agenda en conjunto para la obtención de datos de los servicios en plataformas”, fue el primer paso de un plan que incluirá a otras compañías. No obstante, la principal traba radica en la opacidad corporativa. La mayoría de estas empresas se escuda en la propiedad privada de sus bases de datos, un caso emblemático siendo el de Uber. “Esto se resolvería en una tarde y con costo casi nulo si las empresas proveyeran esos datos”, confió a este diario una fuente del sector.

La urgencia por modernizar las mediciones no es un capricho. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH), pilar del sistema estadístico laboral, capta con eficacia a los asalariados registrados, pero presenta lagras significativas al retratar a los trabajadores por cuenta propia y, especialmente, a estas nuevas formas de ocupación. La declaración espontánea de la ocupación no logra identificar bajo qué modalidad—precaria, digitalizada y sin protección—se realiza el trabajo. Alguien que declara “repartidor” puede estar empleado en un supermercado o subordinado a los algoritmos de una app, situaciones radicalmente distintas.

Este pulso por los datos es el último capítulo de una tensión latente entre el INDEC y el Ministerio de Economía de Luis Caputo. Lavagna viene insistiendo en la actualización de estadísticas cuyas bases anacrónicas distorsionan la realidad, como ocurrió con el Índice de Precios al Consumidor (IPC), cuya reforma el Gobierno demoró dos años. El caso de los deliverys presenta una complejidad técnica mayor, pero la motivación política es transparente: el Ejecutivo se ha montado sobre el crecimiento del trabajo informal para contrarrestar los pésimos números del empleo registrado.

Las cifras del tercer trimestre de 2025 son elocuentes: mientras la desocupación bajó levemente 0,3 puntos respecto a 2024, la informalidad laboral escaló del 42,6% al 43,3%. Este incremento revela que el único dinamismo en el mercado de trabajo proviene de ocupaciones inestables, frecuentemente asociadas a aplicaciones que ofrecen manejar un auto o entregar mercaderías a cambio de salarios ínfimos y exigentes jornadas, sin amparo legal.

El avance del INDEC pone así el foco en el núcleo duro de un modelo económico que genera empleos de subsistencia. Si logra traspasar el muro de la opacidad empresarial, la estadística oficial podría dejar de ser un instrumento de relato y empezar a reflejar, crudamente, el verdadero rostro del trabajo en la Argentina actual.

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