Un movimiento del cerro Hermitte provocó daños estructurales severos en 200 casas, forzando la evacuación urgente de numerosas familias. Las autoridades ampliaron las medidas preventivas ante el riesgo inminente de nuevos desplazamientos.
La ciudad de Comodoro Rivadavia se encuentra bajo un estado de Emergencia Geológica y Urbanística tras el significativo deslizamiento registrado en el cerro Hermitte. El evento, que tuvo lugar en las primeras horas del domingo, desencadenó una crisis sin precedentes que obligó a más de noventa familias a abandonar sus hogares de manera inmediata. La medida se adoptó luego de que extensas rajaduras y graves deterioros estructurales comprometieran la seguridad de aproximadamente doscientas viviendas en los barrios más impactados: Sismográfica y El Marquesado.
El fenómeno geológico, acompañado por un abrupto corte del suministro eléctrico, dejó a su paso un panorama de devastación. Profundas grietas atravesaron muros y suelos, ocasionando derrumbes parciales y el preocupante hundimiento de los cimientos. La magnitud de los daños ha dejado numerosas propiedades en condición de inhabitabilidad, con estructuras partidas y montañas de escombros que testimonian la fuerza del desplazamiento telúrico.
Ante la persistencia de la amenaza, las autoridades municipales extendieron una evacuación preventiva al barrio Médanos, una zona expuesta a la inestabilidad del terreno. La decisión se fundamentó en la detección de movimientos activos del suelo, fisuras visibles y un riesgo creciente de nuevos deslizamientos. Especialistas han señalado que el área presenta una alta vulnerabilidad geológica, dado su historial de desplazamientos, y requiere de un monitoreo constante.
El Concejo Deliberante local ratificó la declaración de emergencia, otorgando a la municipalidad un plazo inicial de noventa días para ejecutar todas las acciones necesarias destinadas a mitigar los riesgos. «Estamos y vamos a estar al lado del vecino hoy y después», afirmó el intendente Othar Macharashvili, quien calificó la situación como «una catástrofe». El jefe comunal destacó que, afortunadamente, no se registraron víctimas fatales, pero subrayó la gravedad del evento mediante el cierre perimetral de las áreas críticas por un mínimo de cuarenta y ocho horas para resguardar vidas y patrimonio.
Entre los evacuados, el relato de pérdida y desarraigo es unánime. «Perdimos todo», expresó con crudeza Jorge Skolaris, uno de los vecinos afectados. «Mi casa se abrió a la mitad. Fue un desastre», describió, al tiempo que reflexionó sobre la irreversibilidad del daño. «No es como una inundación, que baja el agua y uno vuelve. Acá no hay vuelta atrás», lamentó, explicando que muchas familias se resisten a abandonar lo poco que queda por miedo a los robos. Los desplazados han sido alojados transitoriamente en clubes locales y en el hotel deportivo municipal, enfrentando un futuro incierto.
La catástrofe ha puesto en evidencia la urgencia de implementar políticas urbanísticas que contemplen el riesgo geológico en una ciudad cuyo paisaje, ahora, muestra las cicatrices de un terreno en movimiento. La comunidad espera respuestas concretas mientras enfrenta las consecuencias de un evento que cambió para siempre la geografía de sus hogares.
