LA INFLUENZA H3N2 ARRASA: PRIMERA MUERTE Y CRECIMIENTO SOSTENIDO DE CASOS EN ARGENTINA

LA INFLUENZA H3N2 ARRASA: PRIMERA MUERTE Y CRECIMIENTO SOSTENIDO DE CASOS EN ARGENTINA

La confirmación de un fallecimiento y el aumento de contagios en múltiples provincias colocan a este subtipo viral en el centro de la preocupación sanitaria. Expertos advierten sobre la rápida diseminación global y urgen a fortalecer la prevención y la vacunación en los grupos más vulnerables.

La circulación del virus de la gripe A, subtipo H3N2, ha vuelto a encender las señales de alarma dentro del sistema de salud argentino. La noticia del primer deceso vinculado a esta variante, acompañada por un incremento constante de infecciones en diversas regiones del país, ha situado a la influenza nuevamente como un protagonista central del panorama epidemiológico nacional. Se trata de una cepa con presencia significativa a escala mundial, ya identificada en más de treinta y cuatro naciones, que demuestra una veloz capacidad de propagación desde el mes de agosto del año pasado.

Profesionales del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires subrayan que, pese a que la mayoría de las infecciones transcurren sin mayores complicaciones, existen colectivos de población para los cuales la enfermedad puede derivar en formas clínicas severas. En consecuencia, exhortan a intensificar las medidas de protección, asegurar la aplicación de la vacuna antigripal y realizar una consulta médica precoz ante la manifestación de cualquier síntoma compatible.

La doctora Ana Putruele, neumonóloga y docente de la mencionada institución, explicó que el H3N2 constituye “una variante de influenza de gran relevancia” que puede exhibir una amplia variabilidad en su presentación. El cuadro característico suele iniciarse con fiebre alta, superior a los 38 grados centígrados, y una combinación de signos respiratorios y sistémicos. Entre las manifestaciones más habituales se encuentran una tos persistente, que puede prolongarse entre dos y tres semanas, dolor de garganta, mialgias, fatiga extrema, cefalea, decaimiento generalizado y congestión nasal. Aunque la evolución en muchos pacientes se asemeja a un episodio gripal común, los especialistas insisten en que no debe minimizarse su potencial gravedad.

La profesional alertó que algunos individuos pueden sufrir complicaciones como neumonía, otitis o sinusitis. El peligro se incrementa notablemente en personas con afecciones cardíacas o pulmonares de base, tales como insuficiencia cardíaca o asma, así como también en quienes padecen diabetes u otros trastornos crónicos.

Los grupos considerados de mayor vulnerabilidad incluyen a niños pequeños, adultos mayores y pacientes con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, hepáticas o hematológicas. Para ellos, se recomienda extremar las precauciones y acudir al médico sin demora. Existen, además, señales de alarma que demandan una evaluación urgente en un servicio de guardia: fiebre que supera los 39 °C, dificultad respiratoria, malestar general abrumador, dolores músculo-articulares incapacitantes, síntomas que se extienden más allá de los diez días y la aparición de cualquier manifestación cardiopulmonar. En pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica avanzada o asma severo, la consulta inmediata es crucial si no se observa mejoría con la medicación sintomática habitual.

Frente a este escenario, los expertos recalcan que la prevención sigue siendo la herramienta fundamental. La vacunación antigripal anual ocupa un lugar primordial, ya que la fórmula actual confiere protección específica contra el H3N2. Aunque no bloquea por completo la posibilidad de contagio, reduce de manera drástica el riesgo de desarrollar complicaciones graves y de requerir hospitalización. La aplicación se sugiere preferentemente entre febrero y marzo.

Otras medidas cruciales son ventilar adecuadamente los espacios cerrados, práctica esencial dado que la transmisión ocurre fundamentalmente por aerosoles respiratorios en ambientes poco aireados y con aglomeraciones. A esto se suman el lavado meticuloso y frecuente de manos, cubrirse con el pliegue del codo al toser o estornudar, y evitar el contacto estrecho con personas sintomáticas, lo que incluye no compartir utensilios como mates o vasos.

La automedicación, especialmente con fármacos antivirales, está absolutamente desaconsejada; su uso debe ser siempre prescripto por un médico. Ante la aparición de síntomas, es vital guardar reposo, permanecer en el domicilio para no diseminar el virus y mantener una hidratación abundante. El abordaje terapéutico combina, cuando está indicado, medicación antiviral específica con reposo y cuidados de sostén. La duración promedio del episodio agudo oscila entre cinco y siete días, aunque la tos y el cansancio pueden persistir durante un período más prolongado.

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