En medio de una crisis ambiental y humanitaria por incendios forestales, el mandatario protagonizó un show musical y cerró un festival político con discursos de confrontación, sin mencionar la emergencia del sur. El evento, de baja convocatoria, mezcló ataques a opositores, consignas culturales y protestas vecinales.
Mientras vastas extensiones de la Patagonia argentina continúan consumiéndose bajo intensos incendios —una catástrofe que en Chubut ya ha devorado más de cuarenta y cinco mil hectáreas y mantiene en riesgo a numerosas comunidades—, el presidente Javier Milei protagonizó una extensa jornada de actos públicos en Mar del Plata, sumergido en una agenda que combinó espectáculo y proselitismo político, sin realizar alusión alguna a la emergencia ambiental.
La velada del mandatario comenzó en el teatro Roxy, donde un robusto operativo de seguridad custodiaba su ingreso para presenciar la actuación de su expareja, la actriz Fátima Florez. En un momento del espectáculo, Milei fue invitado a subir al escenario, donde ambos interpretaron a dúo el tema “El rock del gato”, ante un auditorio colmado. Posteriormente, y como cierre de su gira por la costa, el Presidente se trasladó al Horizonte Club de Playa para encabezar el acto final de “La Derecha Fest”, un encuentro que sus organizadores promocionan como el “más antizurdo del mundo”.
Frente a un público que distó de colmar la capacidad del predio —se esperaban ocho mil asistentes, pero apenas concurrieron alrededor de dos mil—, y cerca de la medianoche, Milei lanzó sus habituales críticas contra la justicia social y dedicó una parte sustancial de su alocución a atacar al empresario Paolo Rocca, CEO de Techint, a quien calificó de “prebendario” en el marco de la polémica licitación del gasoducto de GNL. En ningún tramo de su discurso hubo referencia a la crítica situación que vive el sur del país.
Previo a su intervención, desfilaron por el escenario figuras como el ministro del Interior, Diego Santilli, quien sin ambages pidió la reelección de Milei parafraseando el eslogan de Donald Trump: “Tiene que tener cuatro años más para hacer grande a la Argentina otra vez”. También hablaron el diputado nacional Sebastián Pareja y otros referentes del espacio oficialista.
El festival, sin embargo, se desarrolló con una atmósfera deslucida. Durante más de dos horas, una sucesión de oradores abordó una amalgama de temas inconexos que incluyeron desde elogios a Trump y ataques a Maduro, hasta menciones a los Montoneros, el pueblo mapuche, la selección de fútbol y teorías conspirativas sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman. Entre discurso y discurso, una banda musical tocaba canciones de hard rock para intentar sostener el ánimo de los asistentes, en su mayoría jóvenes varones vestidos con trajes blancos o indumentaria alusiva a las “Fuerzas del Cielo”.
La jornada del Presidente no estuvo exenta de manifestaciones de rechazo. Además de los habituales reclamos de jubilados, un grupo de vecinos de la Asamblea Playas del Sur de Mar del Plata denunció la irregularidad ambiental del balneario donde se realizó el acto, al operar dentro de una Reserva Forestal sin haber completado la Declaración de Impacto Ambiental. “Mientras se prende fuego la Patagonia él viene acá a ver a Fátima Flórez y participar de una fiesta de la derecha. Es todo una vergüenza”, expresó una de las manifestantes.
La conducción del evento estuvo a cargo de los diputados oficialistas Lilia Lemoine —vestida con ropa militar— y Sergio “Tronco” Figliuolo. Fue Lemoine quien, al referirse a los incendios, realizó una polémica afirmación: “El fuego en la Patagonia lo empezaron los zurdos. Pero nos echan la culpa porque son resentidos y antisemitas”. Según Agustín Laje, presidente de la Fundación Faro —una de las organizadoras—, el festival busca dar “la batalla cultural” para instalar los valores del movimiento libertario, replicando el modelo de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) estadounidense.
El cierre de la noche, con Milei en el escenario, consolidó una imagen de desconexión entre la agenda presidencial y la emergencia nacional, dejando en evidencia la profundización de una grieta que el propio gobierno busca exacerbar desde el discurso y la simbología. Mientras las llamas avanzan en el sur, el fuego de la confrontación política se alimenta en la costa.
