Candelaria Domínguez, descendiente del Restaurador, relató los motivos por los cuales su familia interpuso una acción judicial para que el emblemático arma permanezca en el Museo Histórico Nacional, tal como se estipuló en la donación original. Expresó preocupación ante la posibilidad de que el símbolo patrio se convierta en un «botín político».
Una acción judicial busca frenar el traslado del sable corvo del General José de San Martín, ordenado mediante decreto presidencial. Candelaria Domínguez, heredera de Juan Manuel de Rosas, se refirió este miércoles a la presentación realizada conjuntamente con otros miembros de su familia, con el objetivo de que la histórica espada continúe exhibiéndose en el Museo Histórico Nacional y no sea trasladada al Regimiento de Granaderos a Caballo.
En una entrevista radial, Domínguez explicó que la decisión del Gobierno nacional los impulsó a movilizarse. «Este decreto desató todo. Habitualmente no hablamos del sable ni lo tenemos presente. Tuvimos que reconstruir nuestro árbol genealológico recientemente», comentó. A pesar de la distancia temporal de la donación, realizada a fines del siglo XIX, la potencial ausencia del objeto en el museo los llevó a actuar. «Cuando vimos el vacío que dejaría en el Museo y su importancia, decidimos hacer algo», afirmó.
Al conocer la disposición oficial, Domínguez y los demás descendientes de Juan Nepomuceno Terrero, legatario original del arma, acudieron a la Justicia para solicitar una medida cautelar que impida el movimiento del patrimonio histórico. Relató que, en un primer intento de diálogo, se encontraron con un escenario desalentador en el museo, coincidiendo con la renuncia de su directora. Posteriormente, procedieron con la acción legal. «El futuro de cómo actúe la Justicia está por verse, pero pedimos que todo se mantenga como está», sostuvo.
La heredera hizo hincapié en el marco legal que, a su entender, ampara la permanencia del sable en su actual ubicación. «El documento de donación es público y se estipula expresamente que es para el Museo Histórico Nacional, no para otro destino. Existe una obligación legal que determina que el sable debe estar allí», recalcó con firmeza.
Domínguez destacó la relevancia de que el emblemático objeto se encuentre en un espacio accesible a toda la ciudadanía. «Que esté en el Museo implica que todos los argentinos puedan verlo. Ya está custodiado por granaderos y acompañado por otras reliquias del Libertador. Su pérdida sería muy difícil para quienes dedican su trabajo a conservarlo», evaluó.
Al ser interrogada sobre las posibles razones que motivarían al Presidente Javier Milei a ordenar el traslado, Domínguez manifestó perplejidad. «No tenemos muy en claro cuál es la intención. Lo que planteamos es que el sable no sea usado como un botín en una guerra discursiva. No es un trofeo político, es un símbolo patrio que pertenece a todos», señaló.
Con incertidumbre sobre el desenlace, la descendiente de Rosas comentó la falta de comunicación por parte de las autoridades. «Del Gobierno no se contactaron, lo cual es comprensible porque nadie nos conoce. Pero desde que presentamos la medida cautelar no hubo ningún tipo de contacto. Al menos para un encuentro cara a cara…», concluyó, mostrándose sorprendida por la situación que rodea a la reliquia.
Antecedentes del legado
La presentación judicial recuerda que el propio San Martín legó su sable a Juan Manuel de Rosas en reconocimiento a la defensa de la soberanía nacional, particularmente tras la batalla de la Vuelta de Obligado. Rosas lo custodió durante su exilio en Inglaterra, con una inscripción que lo destinaba a su «primer amigo», Juan Nepomuceno Terrero.
Tras sucesivas herencias, la espada fue donada formalmente a la Nación Argentina en 1896, accediendo al pedido del fundador del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, y con la voluntad explícita de que residiera en esa institución. Si bien durante la dictadura de Juan Carlos Onganía fue trasladado a custodia militar, en 2015 un decreto de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó su restitución definitiva al museo, lugar que ahora se busca preservar.
