El titular de la diplomacia nacional admitió que persisten temas pendientes en el tratado comercial, pero aseguró que el compromiso estadounidense permanece intacto. Aseguró que la cláusula sobre trabajo forzado no apunta a China, y destacó el potencial argentino en minerales críticos.
En una conferencia de prensa conjunta con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el canciller Pablo Quirno se refirió a los detalles del reciente acuerdo sobre comercio e inversiones suscrito con Estados Unidos, reconociendo la existencia de diversos asuntos que aún aguardan resolución.
Al ser consultado específicamente sobre los elevados aranceles que afectan las exportaciones argentinas de acero y aluminio, el ministro sostuvo que las negociaciones comerciales son inherentemente dinámicas. Destacó que la contraparte norteamericana mantiene en paralelo conversaciones con una multiplicidad de naciones. “Nuestra prioridad es concentrarnos en nuestra problemática particular”, expresó Quirno, haciendo hincapié en la necesidad de mantener la calma.
El funcionario reveló que recibió una comunicación formal del gobierno estadounidense, la cual ratifica el compromiso adquirido durante el encuentro bilateral presidencial de evaluar de manera continua la posibilidad de reducir las tasas arancelarias para ambos metales. “La promesa está firme; debemos tener un poco más de paciencia, pero el compromiso permanece intacto”, afirmó con énfasis.
Respecto a otro punto sensible del acuerdo, la cláusula que prohíbe la importación de bienes producidos con trabajo forzado, el canciller desestimó que constituya una alusión velada a la República Popular China. “No existe ninguna referencia elíptica. Esto no se dirige contra país alguno. Se trata de establecer reglas claras y previsibles”, argumentó Quirno, subrayando que la postura responde a principios éticos universales.
Sobre los segmentos del pacto referidos a la energía nuclear y el financiamiento para minerales críticos, el canciller aclaró que la Argentina no requiere importar reactores ni combustible nuclear, dado su desarrollo tecnológico autónomo en el área. En cuanto al apoyo financiero estadounidense para proyectos mineros, lo describió como un facilitador crucial que otorga mayor seguridad y previsibilidad al flujo de inversiones hacia el país.
Perspectivas sectoriales y datos concretos
Informes sectoriales precisan que, en materia siderúrgica, casi todas las naciones exportadoras –con la excepción del Reino Unido– se encuentran sujetas al arancel del 50% impuesto durante la administración de Donald Trump. Este gravamen castiga con igual severidad a la Argentina, a pesar de que su participación en el mercado norteamericano es marginal. Entre septiembre de 2024 y febrero de 2026, las exportaciones argentinas de acero representaron apenas un 0.7% del total importado por Estados Unidos, con una drástica caída a cero toneladas para el mes de febrero.
La situación en el sector del aluminio refleja una tendencia similar. Aunque la participación argentina histórica ronda el 3%, las colocaciones recientes muestran una proporción menguante, equiparable a la de otros países con volúmenes exportadores muy superiores.
El rol estratégico de los minerales críticos
El acuerdo también enmarca la cooperación en el ámbito de los minerales críticos, un área de interés estratégico para Washington en su intento de diversificar las cadenas de suministro y reducir la dependencia global de China. La Argentina, con sus vastos recursos de litio y sus perspectivas de reactivación cuprífera mediante proyectos de gran escala, se perfila como un actor relevante en este esquema.
La novedad principal radica en la estrategia impulsada por la actual administración estadounidense, que busca contrarrestar la influencia china mediante mecanismos de precios mínimos, acopio de reservas y el despliegue de agencias de crédito oficial. Para la Argentina, el acceso a este financiamiento y a compromisos de compra podría resultar determinante para materializar inversiones calculadas en miles de millones de dólares.
Esta política comercial activa por parte de Estados Unidos, sin embargo, contrasta con los postulados de libre comercio y apertura económica frecuentemente enunciados por el gobierno argentino, evidenciando las complejidades de la negociación bilateral en un escenario geopolítico cambiante.
