Convocan a una multitudinaria marcha para el próximo sábado 7 de febrero. La cita, gestada desde las bases, rechaza las políticas de Javier Milei, defiende consensos democráticos y une diversas luchas bajo la consigna del orgullo disidente. El ajuste económico, la violencia institucional y el avasallamiento de derechos serán los ejes centrales de la protesta.
Con el verano en su esplendor y mientras gran parte de la población buscaba un respiro en sus vacaciones, el primer día de 2026 circuló un mensaje que interpelaba a la ciudadanía: “Feliz año nuevo, el 7 marchamos”. La convocatoria evoca un episodio que marcó un punto de inflexión: las declaraciones del presidente Javier Milei en el Foro de Davos, hace exactamente un año, donde equiparó a la homosexualidad con la pedofilia y tildó a la ideología de género de “cáncer” a extirpar.
Aquellos dichos, en febrero de 2025, desencadenaron una movilización espontánea y masiva. “No fuimos únicamente lesbianas, travestis, gays, bisexuales, no binaries, trans o queer quienes salimos a la calle”, recordaron este miércoles en una conferencia de prensa convocante. “Nosotres elevamos la voz donde era necesario, en un llamado colectivo a organizarnos. Y el pueblo entero respondió para defender los acuerdos de convivencia en la diferencia, forjados durante cuatro décadas de democracia. Para proteger, también, el vínculo social y el reconocimiento mutuo que constituye la esencia de un sistema democrático”, sostuvieron. La cita será este sábado, día en que se cumplen diez años del fallecimiento de la histórica militante travesti Lohana Berkins. La columna partirá a las 15 desde la intersección de Sáenz Peña y Avenida de Mayo, con destino final en la Plaza de Mayo.
Denominada como la “II Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista”, su organización fue el resultado de un proceso horizontal y asambleario que se extendió durante todo enero a lo largo del país. El objetivo, subrayan, no era conmemorar una fecha, sino construir una expresión transversal de oposición al gobierno actual. “Concibo esta segunda marcha como una forma de persistir e insistir en la potencia que genera la unión en las calles, el debate en asambleas, la confluencia a pesar de las divergencias, el cansancio y el desaliento. Invocando la alegría y la fiesta como claves vitales”, expresó Ana Longoni, escritora e integrante de la Columna Mostri, una de las agrupaciones impulsoras.
Longoni destacó el carácter excepcional de la protesta del año pasado, por su rapidez y masividad transversal. “Hoy, en un contexto crecientemente hostil, no esperamos esa inmediatez, pero sí la pensamos como una expresión significativa de la fuerza sostenida, desafiante y rebelde que habita en los movimientos transfeministas y en las disidencias sexuales, y mucho más allá de ellos”, explicó. En las tres asambleas preparatorias confluyeron partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales, estudiantiles, así como colectivos migrantes, personas con discapacidad y jubilados, sectores particularmente golpeados en los últimos dos años.
“Que el 7F exista, que se haya vuelto a gestar desde abajo, de manera horizontal, a partir de una serie de alianzas inesperadas y desafiantes, da cuenta de otro modo de hacer política que no se domestica ni se reconvierte”, afirmó Longoni. Ella participó en las comisiones de producción artística y gráfica, una decisión que busca plasmar en la calle diversas consignas, algunas performáticas, otras poéticas. Habla de un nuevo lenguaje político, visible en “carteles artesanales que la gente lleva a las marchas, espontáneos, precarios, con un gran sentido del humor. Apelan a lo manual, tomando distancia de la estandarización tradicional de las columnas partidarias o sindicales”.
La lucha, sin embargo, trasciende lo identitario para adentrarse en lo económico con crudeza. “Las travestis vivimos hasta los 35 años en hoteles transitorios o en la calle, mientras [dueños de grandes fortunas] concentran millones de hectáreas o riquezas sin tributar”, expuso la militante TTNB (Travesti Trans No Binarie) Angela Cajal. Para ella, esa realidad se traduce en cuerpos que mueren por hambre, desidia o persecución policial. “Es transversal porque detrás de esta marcha hay una lucha por una reivindicación económica que logre mejorar la calidad de vida de todes; nuestros cuerpos no son descartables, son funcionales y producen riqueza”, sentenció.
Uno de los flyers de la convocatoria resume una idea fuerza: “La única minoría son los ricos”. Esta premisa conecta realidades aparentemente dispersas: la persecución a migrantes por el ICE en Estados Unidos, el genocidio en Gaza, los incendios en la Patagonia, la reforma de la Ley de Glaciares, la trama de Epstein y la violencia policial en los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires. “El fascismo no es una reminiscencia del siglo XX; es deshumanizar para después eliminar o, en este tiempo, también dejar morir”, definieron con claridad desde la asamblea organizadora.
“La manera de combatir este entramado cultural de ideas individualistas es la articulación colectiva de todos los sectores populares”, fundamentó Ángela Cajal. “Es fácil hacer perfomance de lo buenos militantes que podemos ser; lo difícil es dialogar con todos los sectores, incluso con aquellos con los que no compartimos tantas ideas. Pero el eje articulador debe ser enfrentar las políticas de hambre y miseria planificada del gobierno de Javier Milei”, concluyó.
La agenda de la movilización es amplia y urgente. Estará marcada por el reclamo de justicia por Víctor Vargas y Gabriel González, jóvenes asesinados por la policía en diciembre, y por Sofía Fernández, una chica trans asesinada en una comisaría de Pilar. Sus familiares participaron activamente de las asambleas. La marcha se plantea, así, en contra de que algunas vidas sean consideradas descartables: las de las personas trans, migrantes y pobres. “¿Cómo no vamos a ser antifascistas? ¿Cómo no vamos a ser antirracistas cuando pretenden copiar las políticas del ICE, convirtiendo la categoría de migrante casi en sinónimo de delincuente? ¿Cómo no serlo cuando se trata a los pueblos originarios como terroristas? La Patagonia se incendia, pero antes de apagar el fuego se acusa a quienes defienden ancestralmente los bosques”, cuestionaron en la conferencia.
La precarización laboral y el extractivismo también ocuparon un lugar central en los debates. En la última reunión organizativa se decidió que, detrás de la bandera principal, se alzarían las consignas: “No a la reforma laboral”, “No a la reforma de la Ley de Glaciares” y “No a la baja de imputabilidad”. El denominado “bloque sindical”, una articulación que surgió en el primer Paro Internacional Feminista de 2017 y que reúne a ambas CTA, la CGT, la UTEP y la CCC, estará presente y advirtió que es crucial “salir a la calle cuando se trate la reforma laboral”, prevista para las sesiones extraordinarias que comienzan el 11 de febrero.
Con más de 300 adhesiones, la marcha del sábado se perfila como el preludio de un febrero caliente. “El fascismo no es una idea abstracta, sino una realidad material”, reza el documento de convocatoria, que detalla: “Está presente en las políticas racistas antimigrantes, en la violencia administrativa hacia las personas con discapacidad, en los ajustes a jubilados, en los desalojos, en el saqueo del agua, en la criminalización de las comunidades que defienden sus territorios y en los ataques imperialistas a la soberanía de los pueblos del sur global”.
Frente a este panorama, la solidaridad se erige como el núcleo de la resistencia. “Este gobierno apuntó primero contra los movimientos sociales”, afirmó Norma Morales, secretaria general de la UTEP. “Lo que no nos deja dormir es que nos endeudamos para comer, vestirnos y comprar medicamentos. Para nosotras es clave estar acá y salir el 7 de febrero con la solidaridad en el centro”. Norma, quien comenzó a militar en el 2001, remarcó la necesidad de “volver a recuperar las prácticas y los recorridos de lucha que tenemos en nuestro país, como el de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Volver a entusiasmar”.
La intelectual María Pía López aportó una reflexión final: “Los dueños del mundo se reparten todo: tierras, riquezas, cuerpos, vidas. Pretenden poner todo a su servicio. El fascismo es la política de esa apropiación, porque ya ni siquiera toleran la democracia como campo de ampliación de los conflictos”. La propuesta, entonces, es simple y poderosa: encontrarse en la calle este sábado, tejer solidaridad en el encuentro con el otro e insistir en que ese es el camino para resistir a la lógica del descarte.
